17 de marzo de 2026
La posible ausencia de Irán en el Mundial 2026 por el conflicto bélico en Medio Oriente genera incertidumbre en la FIFA, que ya evalúa escenarios para cubrir una eventual vacante. El reglamento y el sistema de clasificación marcan quiénes aparecen como principales candidatos.
La participación de la selección de Irán en el Mundial 2026 quedó envuelta en un escenario de incertidumbre a partir de la escalada del conflicto bélico en Medio Oriente, una situación que no solo impacta en lo político y social, sino que también comienza a tener consecuencias directas en la organización del principal torneo de la FIFA.
En los últimos días, distintas señales provenientes del entorno del seleccionado iraní y de autoridades vinculadas al deporte alimentaron la posibilidad de que el equipo asiático no forme parte de la próxima Copa del Mundo, que se disputará en Estados Unidos, México y Canadá. Incluso, desde el propio gobierno iraní se llegó a plantear que la participación resultaría inviable en el contexto actual.
El conflicto, que involucra tensiones con Estados Unidos e Israel, abrió un frente inesperado para la organización del certamen, ya que Irán ya había conseguido su clasificación en el campo de juego. La eventual baja de un equipo ya clasificado representa una situación excepcional y obliga a la FIFA a recurrir a sus reglamentos para definir cómo se cubre ese lugar.
De acuerdo a las normativas vigentes, la plaza que podría quedar vacante no se reasignaría de manera arbitraria ni mediante una invitación, sino que seguiría criterios deportivos vinculados al sistema de clasificación. En ese marco, todo indica que el reemplazo surgiría del mismo continente al que pertenece Irán, es decir, de la Confederación Asiática de Fútbol (AFC).
Dentro de ese esquema, la selección de Irak aparece como la principal candidata a ocupar ese lugar en caso de confirmarse la ausencia iraní. El conjunto iraquí es, actualmente, el mejor posicionado entre los equipos asiáticos que no lograron la clasificación directa y que continúan en carrera a través del repechaje internacional.
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El sistema de repechaje, clave en esta definición, contempla una serie de cruces entre selecciones de distintas confederaciones que buscan los últimos cupos disponibles para el Mundial. En ese cuadro participan equipos como Bolivia, Surinam, Nueva Caledonia y Jamaica, además de otros seleccionados mejor ubicados en el ranking que esperan en instancias posteriores.

La FIFA analiza alternativas ante una posible vacante en el torneo.
En ese contexto, el posicionamiento en el ranking de la FIFA y el rendimiento en esos cruces serán determinantes para establecer el orden de prioridad. Por eso, Irak no solo depende de la eventual baja de Irán, sino también de cómo se resuelva el repechaje y del momento en que se tome una decisión definitiva.
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El factor temporal es otro elemento central. Si la exclusión o renuncia de Irán se concreta antes de la finalización del repechaje, la FIFA podría optar por asignar directamente el cupo al mejor ubicado según el ranking. En cambio, si la decisión se produce una vez finalizado ese proceso, el reemplazo podría surgir del propio sistema de clasificación ya en curso, lo que complejiza el escenario.
Mientras tanto, la situación continúa abierta. Aunque desde algunos sectores se deslizó la posibilidad de que Irán no participe, todavía no existe una confirmación definitiva y organismos internacionales siguen a la espera de una comunicación oficial.
En paralelo, también se desarrollan gestiones alternativas para garantizar la presencia del seleccionado asiático en el torneo, incluyendo propuestas para modificar las sedes de sus partidos por cuestiones de seguridad, lo que evidencia el nivel de tensión que atraviesa el caso.
La eventual salida de Irán no solo tendría impacto deportivo, sino también logístico y organizativo para la FIFA, que debería reconfigurar grupos, partidos y planificación en un torneo que, por su formato ampliado a 48 equipos, ya presenta una estructura más compleja que en ediciones anteriores.
Por ahora, el escenario permanece en evolución, con múltiples variables abiertas y una definición que dependerá tanto del desarrollo del conflicto internacional como de las decisiones institucionales que adopte la FIFA en las próximas semanas.
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