21 de marzo de 2026

Sucesos

Sucesos. De turista a acusada de racismo: Agostina Páez vive un infierno en Río y ruega volver a Argentina

La abogada argentina de 29 años detenida en Río de Janeiro rompió el silencio en entrevista con Infobae. Tras gestos racistas en un bar de Ipanema (imitando mono y sonidos), enfrenta 3 denuncias por injuria racial. La fiscalía pide hasta 15 años de prisión (penas consecutivas). Ella dice: "Este país me odia", vive paranoica, sale tapada, gasta miles en sobrevivir, está con tratamiento psiquiátrico y teme ir presa en una cárcel brasileña. Admite: "Cometí un error grave", pide disculpas públicas y cambió de abogada para revocar medidas y volver a Argentina. Hay una audiencia clave el 24 de marzo.

Agostina Páez, una abogada argentina de 29 años originaria de Santiago del Estero, se encuentra en una situación judicial complicada en Río de Janeiro, Brasil, desde enero.

El caso surgió el 14 de enero tras una discusión en un bar de Ipanema por un error en el pago de la cuenta. Durante el altercado con empleados del lugar (mayoritariamente afrodescendientes), fue grabada en video realizando gestos racistas: imitó a un mono, reprodujo sonidos del animal y profirió insultos como "mono" o referencias despectivas a "negro", lo que derivó en acusaciones de injuria racial (equiparada al delito de racismo en Brasil desde la Ley 14.532 de 2023).

Esto generó tres denuncias penales en su contra por discriminación racial contra diferentes víctimas.

La fiscalía brasileña solicita la pena máxima por cada una, lo que podría sumar hasta 15 años de prisión bajo concurso material (penas consecutivas).

En Brasil, los delitos de racismo son inafianzables y se persiguen con rigor, a diferencia de Argentina, donde este tipo de conductas suelen tratarse como contravenciones o delitos menores.

Páez quedó inicialmente con prisión preventiva, tobillera electrónica y arresto domiciliario. No puede salir del país ni relacionarse libremente.

En una reciente entrevista con Infobae (publicada el 21 de marzo), escribió su día a día como un "calvario" de más de dos meses: vive en paranoia constante, sale tapada para hacer compras, evita hablar para no ser reconocida, gasta alrededor de 4.000 reales mensuales (ayudada por su familia, ya que no puede trabajar), y solo sale para ir al juzgado o al consulado.

Afirmó que "este país me odia", que recibe amenazas y que está bajo tratamiento psiquiátrico por ansiedad extrema. Expresó temor a ir presa, especialmente en una cárcel brasileña, y dijo no saber qué le podría pasar.

Ha pedido disculpas públicas en varias ocasiones (incluyendo videos y audios), reconociendo que cometió "un error grave", que por ignorancia no dimensionaba la gravedad del racismo en Brasil, y que ahora entiende el daño causado tras interiorizarse en el tema.

Niega ser racista de manera sistemática, pero admite la conducta ofensiva. Su defensa cambió de estrategia: ahora busca enfatizar el arrepentimiento y revocar medidas cautelares para regresar a Argentina.

Tiene una nueva abogada (Carla Junqueira) y el juicio está programado para comenzar el 24 de marzo (audiencia de instrucción y juzgamiento).

El caso generó debate en Argentina: algunos lo ven como un exceso punitivo o ensañamiento (pidiendo intervención de Cancillería), mientras otros lo consideran un ejemplo de racismo intolerable que no representa al país.

En resumen, Páez está retenida esperando resolución judicial, con riesgo alto de condena, y describe una vida de aislamiento y temor en Brasil.

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