26 de marzo de 2026
La joven quedó parapléjica en 2022 después de un intento de suicidio provocado por una agresión sexual múltiple. Desde entonces vivía con dolor neuropático crónico, pérdida de movilidad y un sufrimiento físico y psicológico que describía como insoportable. Tras solicitar la ayuda a morir en 2024, la Comisión de Garantía de Cataluña aprobó su petición. A pesar de la oposición de su padre y una larga batalla judicial que llegó hasta el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, Noelia insistió en su decisión: "Quiero irme ya en paz y dejar de sufrir".
La
joven española Noelia Castillo Ramos, de 25 años, recibió la eutanasia en un
centro sociosanitario tras una larga batalla judicial de casi dos años.
Cabe
recordar que Noelia quedó parapléjica en octubre de 2022 tras un intento de
suicidio: se arrojó desde un quinto piso después de sufrir una agresión sexual
múltiple (violación grupal) y consumir cocaína. La caída le provocó una lesión
medular irreversible a nivel L1-L3, con paraplejia (pérdida de movilidad de
cintura para abajo), dolor neuropático crónico, incontinencia y una
discapacidad valorada en torno al 74%. Además, arrastraba un historial de
problemas psiquiátricos, traumas infantiles y falta de autonomía.
En abril de 2024 solicitó formalmente la ayuda a morir (eutanasia) amparada en la ley española de 2021. La Comisión de Garantía y Evaluación de Cataluña la aprobó por unanimidad en julio de 2024, al considerar que cumplía los requisitos: enfermedad grave e incurable, sufrimiento físico y psicológico intolerable, y capacidad de decisión libre e informada.
Su
padre, Gerónimo Castillo, se opuso firmemente y, con el apoyo de la asociación
Abogados Cristianos, presentó recursos sucesivos.
El
caso llegó incluso al Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) en
Estrasburgo, que este miércoles rechazó las medidas cautelares solicitadas para
paralizar el procedimiento. Eso despejó el último obstáculo legal.
En
entrevistas recientes (especialmente en el programa Y ahora Sonsoles de Antena
3), Noelia expresó con claridad su decisión: "Quiero irme ya en paz y dejar de
sufrir", "No tengo ganas de nada", "El dolor que he sufrido no puede ser
ignorado". Dijo que quería morir "mona", vestida y maquillada, en su residencia
sociosanitaria de Sant Pere de Ribes, y sola en el momento final. No buscaba
ser un "ejemplo" para nadie, solo terminar con su sufrimiento.
El
caso ha generado un intenso debate en España y en varios países de habla
hispana:
Los
informes médicos avalaron que el sufrimiento era "permanente e irreversible"
tanto físico como psicológico, y que Noelia mantenía plena capacidad de
decisión.
Es
un caso profundamente triste y complejo, que pone de manifiesto el choque entre
el dolor extremo de una persona, el derecho legal a elegir y las convicciones
familiares o morales.
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