1 de abril de 2026
La historia reciente de Italia sumó un nuevo capítulo oscuro. La Azzurra volvió a quedar fuera de un Mundial, esta vez el de 2026, y profundizó una crisis que contrasta con su enorme legado en el fútbol internacional.
La eliminación llegó tras caer por penales ante Bosnia y Herzegovina en el repechaje, en un partido que representaba la última oportunidad para regresar a la Copa del Mundo. Sin embargo, el desenlace volvió a ser negativo y confirmó una tendencia que ya no sorprende, pero sí golpea.
El contraste es impactante. En 2006, Italia levantaba el trofeo en Berlín y alcanzaba su cuarta estrella. Desde entonces, el recorrido fue irregular y terminó derivando en una seguidilla de decepciones difíciles de explicar para una potencia histórica.
El primer gran golpe se dio en Sudáfrica 2010, cuando el campeón defensor quedó eliminado en fase de grupos sin ganar partidos. Cuatro años después, en Brasil 2014, repitió la historia y volvió a despedirse en la primera ronda, mostrando señales de un declive futbolístico.
Pero lo peor estaba por venir. En el camino a Rusia 2018, Italia ni siquiera logró clasificar tras perder el repechaje ante Suecia, cortando una racha histórica de presencias mundialistas. Aquella ausencia parecía una excepción, pero se transformó en tendencia.
En 2022, el equipo sufrió otro golpe inesperado: quedó eliminado en semifinales del repechaje europeo ante Macedonia del Norte, apenas meses después de haber ganado la Eurocopa. La ilusión generada por ese título se desvaneció rápidamente.
Para 2026, el panorama parecía más alentador. Italia tuvo una buena campaña en las eliminatorias, pero no logró quedarse con el primer puesto de su grupo y debió ir nuevamente al repechaje. Allí, tras superar una instancia previa, cayó en el partido decisivo ante Bosnia y Herzegovina desde los doce pasos.
La repetición del fracaso terminó de instalar una realidad incómoda: Italia, una de las selecciones más importantes de la historia, lleva tres Mundiales consecutivos sin participar.
Así, lo que comenzó como un tropiezo aislado se transformó en una crisis profunda. La Azzurra ya no solo intenta volver a competir en la élite, sino también reconstruir una identidad que le permita dejar atrás dos décadas marcadas por la irregularidad y las frustraciones.
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