9 de abril de 2026
La histórica marca de zapatillas, ícono de los '90, cerrará definitivamente su planta de producción en San Isidro antes de fin de abril. De fabricar localmente pasará a importar zapatillas terminadas desde Asia (principalmente China). La fábrica, que llegó a tener casi 400 trabajadores en 2023, hoy cuenta con alrededor de 50 empleados en el área de producción, la mayoría de los cuales serán despedidos. La empresa mantendrá una estructura administrativa mínima para continuar vendiendo la marca en el país, pero ya no fabricará más en Argentina.
La
histórica marca argentina de zapatillas John Foos (fundada en la década de 1980
e ícono de los '90) anunció el cierre definitivo de su planta de producción en
Beccar, partido de San Isidro (provincia de Buenos Aires).
Según
trascendió la fábrica dejará de producir antes de fin de abril. Actualmente
quedan unos 50 empleados en la planta (había llegado a casi 400 en 2023, tras
un proceso de reducción gradual).
La
empresa abandonará la fabricación local y pasará a importar zapatillas
terminadas desde países de Asia (principalmente se menciona China, aunque
algunos reportes hablan de Asia en general). Anteriormente ya habían empezado
importando partes para ensamblar y luego avanzaron al producto completo.
Impacto
laboral: Se producirán despidos de la mayoría del personal de producción. La
compañía mantendrá una estructura administrativa mínima en Argentina para
sostener la marca y las ventas locales. Hay denuncias de trabajadores sobre
ofertas de indemnizaciones reducidas y presiones para aceptarlas.
John
Foos no desaparece del mercado argentino; solo cambia su origen de producción.
El foco es "garantizar la sustentabilidad del negocio" en un contexto
de mayor apertura a las importaciones.
Esta
decisión se enmarca en una tendencia más amplia en la industria del calzado
argentino, donde varios jugadores han reducido o reconvertido producción local
ante costos competitivos y cambios en la política de importaciones. Algunos
medios la vinculan al gobierno actual, pero el proceso de importar componentes
y luego productos terminados venía de antes.
Es
un golpe para los trabajadores afectados (unas 50 familias directamente ahora,
aunque el ajuste fue progresivo) y para la industria nacional del calzado, que
ya venía complicada.
Al
mismo tiempo, refleja la realidad económica: producir localmente muchas veces
resulta más caro que importar desde Asia, lo que lleva a empresas a priorizar
competitividad y supervivencia.
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