10 de abril de 2026
La morosidad de las familias volvió a subir en febrero y alcanzó un nuevo máximo, en un contexto de fuerte expansión del crédito y dificultades crecientes para sostener los pagos, según datos del Banco Central.
La morosidad de las familias argentinas registró en febrero un nuevo incremento y alcanzó el 11,2%, consolidando una tendencia ascendente que se viene profundizando en los últimos meses y que refleja el deterioro en la capacidad de pago de los hogares. El dato surge de los registros del Banco Central de la República Argentina (BCRA) y marca un fuerte salto respecto de los niveles observados a fines de 2024, cuando el indicador se ubicaba en torno al 2,5%, lo que implica que el nivel actual se cuadruplicó en poco más de un año.
El aumento de la morosidad se da en un contexto en el que el crédito al consumo tuvo una expansión significativa, impulsado en parte por la necesidad de los hogares de sostener gastos corrientes en medio de un escenario de ingresos reales tensionados. Este fenómeno derivó en un crecimiento sostenido de los niveles de endeudamiento y, en paralelo, en un incremento de los atrasos en los pagos.
Dentro del sistema financiero, los mayores niveles de irregularidad se observan en los segmentos más vinculados al consumo. Los préstamos personales continúan encabezando el deterioro, con tasas de mora que superan el 13%, seguidos por las tarjetas de crédito, donde el incumplimiento también muestra una dinámica ascendente. En contraste, los créditos hipotecarios mantienen niveles de morosidad considerablemente más bajos, con variaciones marginales.
La evolución del indicador en febrero se suma a una secuencia de aumentos consecutivos, en un escenario en el que las tasas de interés se mantienen en niveles elevados y el financiamiento continúa siendo utilizado como herramienta para sostener el consumo. Este contexto genera un incremento en el volumen de deuda acumulada por los hogares y, al mismo tiempo, mayores dificultades para cumplir con las obligaciones asumidas.
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En términos más amplios, el deterioro en la calidad de la cartera de créditos se refleja también en el conjunto del sistema financiero, aunque con menor intensidad en el segmento empresarial. Mientras que en las familias la mora supera el 11%, en las empresas el nivel de irregularidad se mantiene por debajo del 3%, evidenciando una diferencia significativa entre ambos sectores.

La morosidad de las familias se multiplicó por cuatro desde fines de 2024.
El salto en la morosidad adquiere relevancia adicional al considerar su velocidad de crecimiento. En apenas un año, el indicador pasó de niveles históricamente bajos a valores que no se observaban desde hace décadas, consolidando una tendencia que encendió alertas en el sistema financiero y entre los analistas del mercado.
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Este comportamiento también muestra una fuerte heterogeneidad según el tipo de crédito. Las líneas de financiamiento más accesibles y de menor monto son las que presentan mayores niveles de incumplimiento, mientras que los créditos con garantías reales exhiben una mayor estabilidad. En ese marco, el crédito al consumo aparece como el principal foco de tensión dentro del sistema.
El incremento de la morosidad en familias se inscribe en un contexto más amplio de transformación del mercado crediticio, con una mayor participación de distintos instrumentos de financiamiento y un uso más intensivo del crédito por parte de los hogares. Esta dinámica, combinada con condiciones financieras exigentes, contribuye a explicar el aumento sostenido de los atrasos en los pagos.
De este modo, el dato de febrero consolida una tendencia que ya se venía manifestando en los meses previos y que refleja el impacto del contexto económico sobre la capacidad de repago de las familias, en un escenario donde el crédito continúa siendo un factor central en la dinámica del consumo.
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