16 de abril de 2026
El mercado laboral mostró un nuevo deterioro: en el último año se perdieron más de 124.700 puestos registrados, mientras creció el número de monotributistas, aunque sin lograr compensar la caída del empleo formal.
El mercado laboral argentino volvió a reflejar signos de deterioro en el último año, con una caída sostenida del empleo registrado y una expansión del trabajo independiente que no alcanza a compensar la pérdida de puestos formales. Según datos oficiales de la Secretaría de Trabajo, en los últimos doce meses se perdieron 124.735 puestos de trabajo registrados, lo que representa una baja del 1,2%.
El retroceso no se distribuyó de manera homogénea entre los distintos segmentos del empleo formal. El mayor ajuste se observó en el empleo asalariado registrado, que explicó la mayor parte de la caída con 94.198 puestos menos (-1,5%). A su vez, el sector público registró una reducción de 29.372 trabajadores (-0,9%), mientras que el trabajo en casas particulares también mostró un descenso, aunque más moderado, con 1.174 empleos menos (-0,3%).
Si se amplía la mirada temporal y se toma como referencia noviembre de 2023, el deterioro del empleo se profundiza. En ese período, la pérdida total de puestos registrados asciende a 322.412 trabajadores, con una contracción del 3,1%, afectando tanto al sector privado como al público.
En paralelo a la reducción del empleo formal, el mercado laboral mostró una recomposición en su estructura. El trabajo independiente registró un incremento de 85.819 personas (+3,1%), impulsado principalmente por el crecimiento del monotributo, que sumó 93.724 nuevos aportantes (+4,5%). Sin embargo, esta expansión no logró equilibrar la caída del empleo registrado, lo que derivó en una reducción neta de 38.916 trabajadores dentro del sistema laboral.

A pesar del incremento en la cantidad de monotributistas, la cantidad de trabajadores que quedaron fuera del sistema laboral superó los 38 mil.
Dentro de este universo, también se verificaron comportamientos dispares. Mientras el monotributo creció, el número de monotributistas sociales se redujo en 2.343 personas (-0,9%) y los autónomos cayeron en 5.562 trabajadores (-1,4%), lo que evidencia una dinámica heterogénea en el segmento independiente.
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El impacto de la caída del empleo también se refleja en el entramado productivo. Durante enero se perdieron 1.632 empleadores, lo que equivale a más de 77 empresas menos por día laboral, dejando un total de 488.177 unidades productivas activas. Si se considera el período desde el inicio del actual gobierno, la destrucción de empresas asciende a 24.240 unidades.
A nivel sectorial, los datos muestran una dinámica dispar. Algunas actividades lograron incrementos en el empleo, como la construcción, que sumó 2.699 puestos (+0,7%) en términos desestacionalizados, junto con sectores como pesca, enseñanza y suministro de servicios básicos. Sin embargo, estos avances resultaron insuficientes frente a las caídas registradas en áreas clave.
Entre los sectores más afectados se encuentran la industria manufacturera, que perdió 42.540 empleos en el último año (-3,6%), y el comercio, con una reducción del 1,4%. También se registraron retrocesos significativos en actividades como la explotación de minas y canteras (-8,6%) y la intermediación financiera (-2,9%).
El comportamiento del mercado laboral también evidencia un deterioro en los ingresos. La remuneración bruta promedio mostró una leve mejora real del 0,1% interanual, mientras que la mediana salarial -indicador que refleja el ingreso típico- registró una caída del 2,5% en el poder adquisitivo entre enero de 2025 y enero de 2026.
Los datos más recientes del sistema previsional indican además que, en febrero de 2026, el salario promedio del empleo registrado privado cayó 0,2% en términos reales respecto del mes anterior. En el mismo período, el salario de los principales convenios colectivos se redujo 1,7%, con un impacto significativo del sector comercio, que evidenció una caída del 6,7% interanual, dada su alta incidencia en el total de trabajadores.
En este contexto, el mercado laboral evidencia un proceso de ajuste que no solo se expresa en la cantidad de empleos, sino también en su calidad. La expansión del monotributo como forma de inserción laboral convive con la contracción del empleo formal, configurando un escenario en el que el crecimiento del trabajo independiente no logra revertir la pérdida de puestos registrados.
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