18 de abril de 2026
La reapertura del paso marítimo duró poco: el régimen volvió a imponer un control estricto y condiciona la circulación a la presión militar y diplomática de Washington.
El régimen de Irán anunció que restableció un "control estricto" sobre el estrecho de Ormuz, apenas horas después de haber comunicado su reapertura. La decisión se produce como respuesta directa al bloqueo naval impuesto por Estados Unidos sobre los puertos iraníes, en un contexto de máxima tensión geopolítica.
Según el portavoz del Cuartel General Central Jatam al Anbiya, el teniente coronel Ebrahim Zolfagari, "el control del estrecho de Ormuz ha vuelto a su estado anterior y esta vía estratégica se encuentra bajo una estricta gestión y control por parte de las Fuerzas Armadas", en un comunicado difundido por la agencia Tasnim.
El endurecimiento del control implica limitaciones al tránsito marítimo en uno de los corredores más sensibles del planeta, por donde circula cerca del 20% del petróleo global. La medida tiene impacto directo en los mercados energéticos y en la estabilidad del comercio internacional.
Zolfagari explicó que, durante las negociaciones recientes, Teherán había permitido un paso "limitado y gestionado" de buques petroleros y comerciales como "gesto de buena fe", pero esa concesión fue revertida tras lo que calificó como incumplimientos reiterados de Washington.
En ese sentido, advirtió: "Mientras Estados Unidos no restablezca la plena libertad de tránsito de las embarcaciones desde Irán y hacia Irán, la situación en el estrecho de Ormuz permanecerá bajo un control riguroso".

Las tensiones también escalaron en el plano político. El presidente del Parlamento iraní, Mohamad Baqer Qalibaf, sostuvo que el paso marítimo "no permanecerá abierto" si continúa el bloqueo estadounidense, y cuestionó con dureza al presidente Donald Trump.
"Con estas mentiras no ganaron la guerra y, sin duda, tampoco lograrán nada en las negociaciones", afirmó Qalibaf, quien además indicó que el tránsito en la zona se realizará bajo "rutas designadas" y con autorización iraní.
Del lado estadounidense, Trump había asegurado que el estrecho está "completamente abierto" para el comercio, en una afirmación que quedó rápidamente desmentida por los hechos. Incluso, el mandatario deslizó la posibilidad de ingresar a Irán para intervenir en el manejo del uranio enriquecido, una propuesta rechazada de plano por Teherán.
En paralelo, el conflicto muestra señales de pausa en el frente israelí. Por primera vez desde el inicio de la guerra, las sirenas antiaéreas en Israel permanecieron más de 24 horas sin activarse, tras semanas de ataques constantes.
Desde el 28 de febrero, el territorio israelí fue blanco de misiles, drones y cohetes lanzados por Irán, Hezbollah y los hutíes en Yemen. Las ofensivas obligaron a activar protocolos de emergencia en ciudades como Jerusalén y Tel Aviv, donde la población debió resguardarse de manera permanente.
A pesar de la tregua, el primer ministro Benjamin Netanyahu advirtió que los objetivos militares no fueron alcanzados y ratificó que la campaña contra Hezbollah continúa.
Mientras tanto, desde Líbano, el presidente Joseph Aoun señaló que las negociaciones atraviesan una etapa "delicada y crucial", en medio de los esfuerzos internacionales por sostener el alto el fuego.
La reimposición de controles en Ormuz confirma que, pese a los intentos diplomáticos, el conflicto sigue abierto y con impacto global. La estabilidad del principal corredor energético del mundo vuelve a quedar atada a una negociación frágil, atravesada por desconfianzas y amenazas cruzadas.
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