19 de abril de 2026
El encarecimiento de la energía y un contexto global más débil presionan sobre precios, consumo y crecimiento, según proyecciones privadas. La guerra en Medio Oriente complica la desinflación y enfría la recuperación económica a nivel nacional.
La escalada del conflicto en Medio Oriente ya empieza a tener efectos concretos sobre la economía argentina. El aumento de los precios internacionales de la energía, la presión sobre los combustibles y un escenario externo más adverso amenazan con ralentizar el proceso de desinflación y limitar la recuperación económica local.
De acuerdo con estimaciones de la consultora Oxford Economics, la Argentina crecería apenas 2,4% en 2026, en un contexto atravesado por tensiones globales y desafíos internos vinculados al reacomodamiento de precios relativos. En paralelo, la inflación anual se ubicaría cerca del 30%, superando en cinco puntos las previsiones más recientes del Fondo Monetario Internacional.
Uno de los efectos más directos del conflicto es el encarecimiento global de la energía. La interrupción parcial del comercio marítimo en el estrecho de Ormuz y la suba del petróleo impulsan los precios internacionales de los combustibles, con impacto directo sobre el mercado interno argentino.
A este fenómeno se suma la continuidad del recorte de subsidios, lo que mantiene presión sobre tarifas y servicios regulados. Según el informe, la combinación entre suba de combustibles, reducción de subsidios y actualización de precios administrados deteriora los ingresos reales de los hogares y afecta el ánimo del consumidor.
Este escenario complica la recuperación del consumo privado, uno de los motores clave que el Gobierno busca consolidar en la segunda mitad del año.
El deterioro del escenario internacional también condiciona las perspectivas. Oxford Economics ajustó a la baja sus previsiones para las principales economías: Estados Unidos crecería 1,9%, mientras que China lo haría al 4,4%, afectada por la debilidad de su sector inmobiliario.
Un menor dinamismo global suele traducirse en menor demanda, mayor volatilidad en los precios de materias primas y condiciones financieras más restrictivas para países emergentes como la Argentina.
En esa línea, el Fondo Monetario Internacional advirtió que, en un escenario más severo con daños sobre infraestructura energética en Medio Oriente, el crecimiento mundial podría caer hasta el 2%, muy cerca de una recesión global.

El impacto más inmediato en el plano doméstico sería una desaceleración más lenta de la inflación. Aunque el Gobierno sostiene una política monetaria contractiva y equilibrio fiscal como anclas, el shock externo puede retrasar la baja del índice de precios.
La energía más cara presiona sobre toda la estructura de costos: combustibles, transporte, logística, industria y alimentos. En ese marco, la baja inflacionaria podría perder velocidad frente a un contexto internacional más hostil.
El escenario también afecta a otros países de la región. En Colombia, las lluvias e inundaciones podrían obligar a revisar a la baja el crecimiento, mientras que en Perú la incertidumbre política ya impacta sobre el mercado financiero y la moneda local.
A nivel global, las proyecciones de crecimiento del PBI fueron recortadas en 0,4 puntos porcentuales, hasta el 2,4%, ante la expectativa de una disrupción prolongada en el comercio marítimo y el suministro energético.

Aunque el alto el fuego redujo el riesgo de un escenario extremo, los analistas advierten que la normalización será lenta. El escenario base prevé que el estrecho de Ormuz permanezca prácticamente cerrado hasta fines de abril, con una recuperación parcial del tránsito en los meses siguientes.
En ese contexto, el petróleo Brent promediaría alrededor de u$s113 por barril en el segundo trimestre, para luego descender hacia niveles cercanos a u$s80 hacia fin de año.
El shock energético también impacta en los precios internacionales. Las nuevas proyecciones contemplan subas en gas, fertilizantes y commodities agrícolas, lo que llevaría la inflación global a un pico de 4,4% en el segundo trimestre.
Si bien se trata de un aumento relevante, todavía se ubicaría por debajo de los niveles máximos registrados en 2022 tras la guerra en Ucrania.
En este contexto, la economía argentina enfrenta un escenario más complejo: con menos margen externo, mayores costos y una desinflación que podría tardar más de lo previsto.
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