23 de abril de 2026
Propietarios del lujoso rascacielos presentaron reclamos por problemas estructurales y servicios incumplidos tras haber pagado millones de dólares por sus unidades. El desarrollo estuvo a cargo de Germán Coto, hijo del dueño de la cadena de supermercados.
Los residentes de la torre Aston Martin Residences, ubicada en el centro de Miami, avanzaron con denuncias contra todas las empresas que participaron en su construcción por presuntos defectos estructurales y fallas en servicios prometidos. El desarrollo inmobiliario está vinculado a la firma G&G Business Developments, liderada por Germán Coto, hijo del empresario Alfredo Coto.
El conflicto se suma a una demanda presentada meses atrás contra la desarrolladora, en la que se denuncian "prácticas generalizadas de autocontratación ("self-dealing") y violaciones estatutarias", en un proyecto que fue vendido como uno de los más exclusivos del mercado inmobiliario de lujo.
Los propietarios -en su mayoría empresarios que pagaron cifras millonarias- aseguran que el edificio presenta problemas graves en múltiples áreas. Entre las denuncias se incluyen fallas en sistemas eléctricos, mecánicos, de plomería y en la estructura de hormigón.
Según los escritos presentados, "hay posibles riesgos para la seguridad de las personas, reparaciones de emergencia y hubo un incidente en el que una parte del edificio se desprendió y cayó sobre la terraza de la piscina".
El reclamo fue canalizado a través de una "notificación de reclamo", paso previo obligatorio antes de avanzar con nuevas demandas judiciales en la jurisdicción de Miami-Dade.
El listado de irregularidades detectadas es amplio y abarca desde problemas estructurales hasta incumplimientos normativos:
Las denuncias alcanzan al desarrollador Riverwalk East Developments, al contratista general Coastal Construction y a diversas empresas de arquitectura e ingeniería.

Además de los problemas técnicos, los propietarios cuestionan el incumplimiento de amenities clave prometidos durante la comercialización del proyecto.
Entre ellos figuran un helipuerto, un club de playa exclusivo y servicios premium que habrían sido determinantes para justificar el alto valor de las unidades, que oscilaron entre US$ 1,5 millones y US$ 20 millones.
Uno de los casos más llamativos fue el del yate que debía trasladar a los residentes al club de playa, que -según denunciaron- llegó a hundirse.
La torre fue inaugurada en abril de 2024 tras siete años de construcción, en un evento que contó con la presencia de directivos de la marca Aston Martin y autoridades locales como el entonces alcalde de Miami, Francis Suárez.
El edificio, de 66 pisos y con forma de vela, se convirtió rápidamente en un símbolo del lujo inmobiliario, con vistas a la Bahía Biscayne y al río Miami.
Sin embargo, a poco más de un año de su apertura, el proyecto quedó envuelto en un conflicto judicial que pone en duda tanto la calidad constructiva como la transparencia del desarrollo.
Ante la falta de respuestas, la Asociación de Propietarios avanzó con reparaciones de emergencia por cuenta propia y exigió el reembolso de los costos a las empresas responsables.
También solicitó información sobre las pólizas de seguro y advirtió que, de no obtener respuestas, avanzará con nuevas acciones judiciales.
El caso expone cómo uno de los desarrollos inmobiliarios más exclusivos de Miami pasó en poco tiempo de ser un emblema del lujo a convertirse en un foco de litigios por fallas estructurales, incumplimientos contractuales y presuntos beneficios indebidos.
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