6 de mayo de 2026

Economía

Economía. La plata no alcanza: el 56,8% de los hogares no logró cubrir la canasta básica alimentaria en abril

La desaceleración de la inflación durante abril no se tradujo en una mejora del poder adquisitivo ni en un alivio para los hogares argentinos. Un informe del Instituto de Estadísticas y Tendencias Sociales y Económicas (IETSE) reveló que el 56,8% de las familias no logró cubrir la canasta básica alimentaria, mientras aumentaron el endeudamiento, la reducción de comidas y la caída del consumo.

La inflación volvió a desacelerarse en abril, pero el freno en la suba de precios no logró revertir el deterioro económico y social que atraviesan millones de hogares argentinos. Un informe elaborado por el Instituto de Estadísticas y Tendencias Sociales y Económicas (IETSE) indicó que el índice de precios al consumidor registró una suba mensual del 2,6%, lo que representó una baja de 0,7 puntos porcentuales respecto a marzo. Sin embargo, el relevamiento advirtió que la desaceleración respondió principalmente a una retracción del consumo vinculada a la pérdida del poder adquisitivo.

El dato más preocupante del estudio estuvo relacionado con el acceso a los alimentos. Según el informe, el 56,8% de los hogares no consiguió cubrir durante abril la canasta básica alimentaria, uno de los indicadores utilizados para medir los niveles de indigencia. El relevamiento mostró además que incluso entre quienes lograron afrontar los gastos mínimos de alimentación, una gran parte necesitó algún tipo de asistencia estatal para sostener el consumo básico.

De acuerdo con el IETSE, el 71,4% de las familias que sí pudieron acceder a la canasta alimentaria requirió ayuda estatal mediante programas sociales, transferencias o asistencia alimentaria. Entre los mecanismos mencionados aparecieron prestaciones como la Asignación Universal por Hijo (AUH) y otros programas de asistencia pública destinados a sostener el consumo mínimo.

El estudio también detalló la evolución de las canastas básicas y confirmó que los valores continúan en niveles elevados pese a la desaceleración inflacionaria. La Canasta Básica Total (CBT) alcanzó en abril los $1.876.722 para una familia tipo, mientras que la Canasta Básica Alimentaria (CBA) llegó a $1.029.591. En paralelo, los alimentos registraron una suba mensual del 2,1% y la inflación acumulada en lo que va de 2026 alcanzó el 12,1%.

El informe sostuvo que el menor ritmo de aumento de precios no implicó una recuperación del consumo ni una mejora del ingreso real. Por el contrario, el trabajo señaló que el retroceso del poder adquisitivo comenzó a modificar los hábitos cotidianos de millones de familias. Entre los datos más relevantes, el relevamiento indicó que el 52,8% de los hogares redujo la cantidad de comidas diarias durante abril.

Además, el estudio mostró que el 11,4% de las personas llegó a comer solo una vez al día, mientras que el 21,5% de los hogares aseguró haberse quedado sin alimentos en algún momento del mes. Otro de los indicadores relevados reflejó que el 32,1% de las familias manifestó haber sentido hambre sin poder satisfacer esa necesidad por falta de recursos.

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La pérdida de capacidad de compra también impulsó un fuerte crecimiento del endeudamiento doméstico. Según el informe, el 88% de las familias recurrió a tarjetas de crédito, préstamos, fiado o financiamiento informal para poder comprar alimentos y sostener gastos esenciales. El trabajo advirtió además que esos mecanismos comenzaron a mostrar señales de agotamiento, con mayores niveles de morosidad y límites de financiamiento cada vez más restringidos.

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Más de la mitad de los hogares no logró cubrir la canasta básica alimentaria en abril.

En paralelo, la caída del consumo comenzó a impactar sobre distintos sectores de la actividad económica. El informe indicó que el comercio minorista de alimentos registró durante abril una baja interanual del 8,5% en volumen de ventas. El dato reflejó que, aunque el gasto nominal puede mantenerse por efecto de la inflación, los hogares compran menos productos y reducen cantidades para sostener el presupuesto familiar.

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La situación también fue vinculada al deterioro del poder adquisitivo de los salarios. El relevamiento recordó que, según datos oficiales del INDEC, los salarios formales acumularon una pérdida del 8,87% entre noviembre de 2023 y febrero de 2024 frente a la inflación. Esa caída del ingreso real aparece como uno de los principales factores detrás de la retracción del consumo y del debilitamiento del mercado interno.

El informe del IETSE sostuvo que la combinación de inflación persistente, caída de ingresos y retracción del consumo profundizó las dificultades económicas de los hogares argentinos. El estudio describió un escenario marcado por mayores restricciones alimentarias, dependencia de asistencia estatal y crecimiento del endeudamiento familiar para afrontar gastos básicos.

La desaceleración inflacionaria registrada en abril apareció así acompañada por un deterioro de distintos indicadores sociales y de consumo, en un contexto donde el menor ritmo de aumento de precios todavía no logró traducirse en una mejora concreta de las condiciones económicas de gran parte de la población.

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