8 de mayo de 2026

Economía

Economía. Crece la morosidad financiera y Caputo apunta al sobreendeudamiento de las familias

El ministro de Economía atribuyó el salto de los atrasos al sobreendeudamiento de las familias. Sin embargo, bancos públicos y privados mantienen costos financieros elevados para quienes necesitan refinanciar.

El aumento de la morosidad en el sistema financiero abrió un nuevo frente para el ministro de Economía, Luis Caputo, que salió a explicar el deterioro con una frase que generó ruido incluso dentro de algunos bancos. Según el funcionario, muchas familias se endeudaron porque "pensaron que la inflación iba a licuar las deudas", una lectura que intenta poner el foco en las decisiones de los usuarios y no en la caída del poder adquisitivo ni en el costo del crédito.

La explicación oficial choca con un dato sensible: mientras Caputo pide a los bancos que "extiendan plazos y cobren tasas bajas", algunas líneas de refinanciación de entidades públicas y privadas mantienen costos financieros superiores al 100% anual, especialmente para clientes con dificultades de pago.

Caputo apuntó al sobreendeudamiento de las familias

El ministro sostuvo que el crecimiento de la mora responde, en parte, a una expectativa equivocada de los hogares sobre la inflación. La idea oficial es que muchas personas tomaron deuda esperando que la suba de precios redujera el peso real de sus obligaciones.

Sin embargo, en el sistema financiero advierten que el problema es más amplio. La mora crece en tarjetas de crédito, préstamos personales y financiamiento de consumo, sobre todo entre asalariados y sectores medios que usan deuda para cubrir gastos corrientes.

El trasfondo es la combinación de salarios deteriorados, actividad débil y tasas todavía muy elevadas para los perfiles considerados riesgosos.

El Banco Nación y las tasas para refinanciar deuda

La contradicción aparece con fuerza en el Banco Nación, el principal banco público del país. Una de sus líneas más utilizadas para refinanciar pasivos es "Consolidación de Deuda", destinada a clientes con problemas en préstamos o tarjetas.

Para deudores morosos, la tasa efectiva anual más IVA alcanza el 114,21%. En la práctica, un trabajador que ya no puede pagar sus compromisos debe intentar salir de la crisis con una deuda más cara.

El dato tensiona el mensaje de Caputo. "Nosotros hablamos con los bancos en el caso de la mora y dijimos que traten de extender los plazos y cobrar tasas bajas. Algunos ya lo están haciendo, pero otros no. Son decisiones privadas", afirmó el ministro.

El problema político para el Gobierno es que uno de los bancos que no parece alinearse con esa recomendación es justamente una entidad estatal.

Banco Ciudad y privados: costos financieros todavía más altos

El Banco Ciudad tampoco aparece demasiado cerca de la idea de "tasas bajas". Para asalariados que cobran el sueldo en la entidad, el costo financiero total ronda el 114,21% anual. Para clientes de mercado abierto, escala hasta el 174,30%.

En los bancos privados, el escenario puede ser aún más agresivo. Según el perfil del cliente y el nivel de riesgo asignado, las tasas para préstamos personales se ubican entre el 100% y el 300% anual.

La baja de tasas que celebra el Gobierno parece concentrarse en segmentos financieros específicos y no necesariamente llega a quienes enfrentan mayores problemas de endeudamiento.


Adelantos cortos: el nuevo riesgo para llegar a fin de mes

En paralelo, crece una modalidad que preocupa a especialistas: los adelantos de corto plazo. Son préstamos pequeños, otorgados por pocos días, pensados para personas que necesitan cubrir gastos inmediatos durante 7, 14 o 28 días.

El costo suele pasar desapercibido porque el interés se paga en períodos breves. Pero cuando se anualiza, muchas fintechs y bancos digitales aplican tasas superiores al 400%.

El riesgo aparece cuando el mecanismo se vuelve recurrente. Tomar un adelanto para cancelar otro puede generar una bola de nieve financiera, especialmente en hogares que ya arrastran saldos de tarjeta, préstamos personales o atrasos en servicios.

Los bancos endurecen filtros y prestan menos

En el sistema financiero reconocen que la baja de tasas no llegó a los sectores más comprometidos con la mora. Un especialista de riesgo de un banco importante explicó que las entidades prefieren ajustar el crédito antes que prestar barato a clientes con alta probabilidad de incumplimiento.

"La lógica hoy es que preferible que algunos clientes caigan en la mora antes que seguir prestar barato y aumentar el riesgo", resumió.

La frase expone el clima real detrás del optimismo oficial. Los bancos reducen tasas solo para perfiles de bajo riesgo, es decir, para clientes con ingresos estables, buen historial crediticio y baja probabilidad de atraso. En cambio, endurecen condiciones para quienes ya están endeudados.


El límite del crédito como motor de recuperación

El Gobierno busca reactivar el crédito privado como una señal de normalización económica. Pero la estrategia enfrenta un límite concreto: los bancos ajustan filtros, achican universos y refinancian con mayor cautela.

Si los salarios reales no se recuperan y la actividad no mejora de manera sostenida, la capacidad de pago de los hogares seguirá bajo presión.

Ahí aparece una contradicción para el relato oficial. Si la economía estuviera atravesando una recuperación sólida, el endeudamiento para cubrir gastos básicos no debería crecer al ritmo actual.

La mora como síntoma social y económico

Caputo insiste en que "lo peor ya pasó" y que la inflación seguirá bajando. Pero la dinámica financiera de los hogares muestra otra tensión: cada vez más trabajadores refinancian tarjetas, patean vencimientos o toman adelantos para terminar el mes.

El aumento de la mora no es solo un dato bancario. También funciona como un indicador del deterioro de ingresos, del costo del crédito y de la fragilidad del consumo.

Desde una mirada económica, el problema ya no pasa únicamente por la tasa a la que se presta, sino por la capacidad real de los hogares para devolver. En ese punto, los bancos parecen haber llegado a una conclusión menos optimista que el Gobierno: el riesgo no está solo en cuánto cobrar, sino en a quién prestarle.

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