13 de mayo de 2026

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Mundo. Crisis en Gran Bretaña: renunciaron cuatro miembros del Gabinete y el Gobierno de Starmer pende de un hilo

La crisis política que atraviesa el Gobierno laborista de Keir Starmer sumó un nuevo capítulo con la renuncia de cuatro integrantes de su administración y el creciente reclamo de diputados oficialistas para abrir una disputa por el liderazgo del partido.

La crisis interna que atraviesa el Gobierno de Gran Bretaña se agravó en las últimas horas luego de que cuatro integrantes de la administración de Keir Starmer presentaran su renuncia en medio de las crecientes presiones para que el primer ministro abandone el liderazgo del Partido Laborista. La situación se desató tras la dura derrota electoral sufrida por el oficialismo en los recientes comicios locales y abrió un escenario de fuerte incertidumbre política en el Reino Unido.

Las dimisiones fueron protagonizadas por Jess Phillips, secretaria de Protección Infantil; Alex Davies-Jones, secretaria de Víctimas y Violencia contra las Mujeres y las Niñas; Miatta Fahnbulleh, secretaria de Descentralización y Comunidades; y Zubir Ahmed, ministro de Sanidad. Los cuatro dirigentes laboristas dejaron sus cargos mientras dentro del partido se profundizan los cuestionamientos al liderazgo de Starmer y se multiplican los pedidos para iniciar una transición política.

Según trascendió, los funcionarios que abandonaron el Gobierno le reclamaron al primer ministro que "actúe en interés del país" y establezca "un calendario para su salida", en medio de una creciente rebelión interna dentro del laborismo.

La tensión escaló además en el Parlamento británico. De acuerdo con distintos reportes periodísticos, al menos 90 diputados laboristas reclamaron formalmente un cambio de liderazgo y exigieron avanzar hacia una contienda interna para definir la conducción partidaria.

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Sin embargo, el escenario dentro del oficialismo aparece dividido. Mientras un sector impulsa la salida del primer ministro, otros 110 legisladores firmaron una declaración en respaldo a Starmer y rechazaron la apertura inmediata de una disputa por la conducción del partido.

La crisis se desencadenó después del fuerte retroceso electoral sufrido por el Partido Laborista en las elecciones municipales y regionales realizadas días atrás en Inglaterra, Escocia y Gales. Los malos resultados provocaron un rápido deterioro del clima interno y dejaron expuesto el malestar de distintos sectores partidarios con el rumbo político del Gobierno.

Starmer promete situar a

  • Keir Starmer enfrenta una creciente rebelión interna tras la derrota electoral del Partido Laborista.

En medio de las presiones, Starmer decidió resistir los pedidos de dimisión y sostuvo su intención de continuar al frente del Ejecutivo británico. El primer ministro mantuvo reuniones con miembros de su gabinete y buscó contener el avance de la crisis mientras crecen las especulaciones sobre posibles reemplazantes dentro del laborismo.

Entre los nombres que comenzaron a sonar como eventuales sucesores aparecen el alcalde de Manchester, Andy Burnham, el ministro de Sanidad, Wes Streeting, y la ex viceprimera ministra Angela Rayner, figuras que representan distintos sectores internos del partido.

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La situación también generó preocupación por el impacto institucional y económico que podría tener una crisis prolongada en el Gobierno británico. De acuerdo con reportes internacionales, la inestabilidad política comenzó a repercutir en el clima financiero y elevó la presión sobre el Ejecutivo en un contexto ya marcado por dificultades económicas y tensiones internas.

En paralelo, algunos dirigentes laboristas cuestionaron públicamente el rumbo adoptado por Starmer desde su llegada al poder. En una de las críticas más duras conocidas tras las dimisiones, se advirtió: "Aunque se han logrado avances, no hemos actuado con la visión, la rapidez y la ambición que exige nuestro mandato de cambio".

La crisis actual representa el momento político más delicado para Starmer desde que el laborismo volvió al Gobierno británico tras años de administración conservadora. Aunque el primer ministro insiste en permanecer en el cargo, la presión interna continúa creciendo y el futuro del liderazgo laborista permanece abierto.

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