24 de mayo de 2026
La administración de Donald Trump inició conversaciones con gobiernos aliados para forzar la sucesión de Albert Ramdin. La crisis estalló tras un duro cruce con el embajador estadounidense Lee Rizzuto y cuestionamientos éticos sobre su conducción.
Estados Unidos perdió la confianza política en Albert Ramdin, secretario general de la OEA, y comenzó a negociar un acuerdo regional para desplazarlo del cargo. La ofensiva diplomática de la administración de Donald Trump se aceleró después de una reunión tensa entre Ramdin y Lee Rizzuto, embajador estadounidense ante el organismo, en medio de denuncias por presuntas irregularidades internas y cuestionamientos al manejo de la Secretaría General.
El conflicto pone a la Organización de Estados Americanos en el centro de una disputa regional de alto impacto. Washington considera que Ramdin no cumple con los estándares éticos y políticos necesarios para liderar el foro hemisférico y busca reunir los votos necesarios para forzar una sucesión anticipada.
El punto de quiebre fue un encuentro realizado el 21 de mayo entre Ramdin y Rizzuto en la sede de la OEA. Según la información publicada, la reunión fue convocada por el propio secretario general y terminó con un fuerte enfrentamiento verbal por las críticas de Washington a su gestión.
La administración Trump venía siguiendo con preocupación un memorándum interno que proponía "nombrar a un investigador independiente" para determinar si Ramdin había cometido irregularidades contables en la ejecución del presupuesto de la OEA. El documento también cuestionaba el ascenso de Xaviera Jessurun, consejera de confianza del secretario general, señalada en una investigación en Surinam por corrupción, fraude y lavado de dinero.
En el memo interno se advirtió que, bajo el liderazgo de Ramdin, la institución quedó envuelta en un caso que involucra "nepotismo, imprudencia fiscal y flagrante falta de respeto por los estados miembros". El señalamiento elevó la tensión entre la Casa Blanca y la conducción del organismo regional.

Tras la reunión, Rizzuto compartió en un grupo de WhatsApp de embajadores ante la OEA un mensaje en el que detalló sus cuestionamientos al secretario general. Allí expresó su "grave preocupación" por el daño institucional causado por las decisiones de Ramdin y por el ascenso de su jefa de Gabinete.
El embajador estadounidense sostuvo que la promoción de Jessurun fue cuestionable por tres motivos: la investigación penal en su país de origen, el aumento salarial significativo y la desatención a pedidos de Estados miembros para frenar la designación hasta que se aclarara su situación judicial.
Uno de los pasajes más duros del mensaje afirmó que Ramdin dijo que "REPORTA AL SECRETARIO DE ESTADO DE LOS ESTADOS UNIDOS", una frase que Rizzuto calificó como un comportamiento "delirante" y de enorme preocupación institucional.
Desde el entorno de Ramdin, en cambio, señalaron que la conversación fue privada y lamentaron que detalles del encuentro se hicieran públicos. También aseguraron que el secretario general mantiene contacto regular con los representantes permanentes de todos los Estados miembros y que continuará trabajando con respeto a la privacidad, la discreción y la diplomacia.
La pulseada ahora se traslada al terreno de los votos. Estados Unidos necesita 23 apoyos para remover a Ramdin y, según la información disponible, ya tendría 12 respaldos encaminados. La Casa Blanca busca articular una mayoría con gobiernos aliados de la región para abrir una sucesión dentro del organismo.
En ese mapa aparecen como socios directos de Washington gobiernos como los de Javier Milei en Argentina, Luis Abinader en República Dominicana, Daniel Noboa en Ecuador, Nayib Bukele en El Salvador, Santiago Peña en Paraguay y otros mandatarios alineados con la agenda regional de Trump.
Del otro lado, la administración estadounidense asume que Brasil, México y Colombia podrían sostener a Ramdin frente a la ofensiva diplomática. También pesa el bloque del CARICOM, que fue clave para ubicar al actual secretario general al frente de la OEA.

La presión de Washington tiene un dato estructural: Estados Unidos es el principal aportante financiero de la OEA. Ese peso presupuestario le da a la Casa Blanca una influencia decisiva dentro del organismo, aunque cualquier desplazamiento formal requiere una mayoría política entre los Estados miembros.
La administración Trump reconoce que la Secretaría General pertenece al Caribe durante este período y que una eventual salida de Ramdin no implicaría necesariamente que el CARICOM pierda ese espacio de poder. Esa aclaración busca facilitar una negociación que permita reemplazarlo sin romper los equilibrios regionales internos.
El conflicto combina diplomacia, financiamiento, geopolítica y disputa institucional. Si Washington logra reunir los votos, la OEA podría entrar en un proceso de sucesión anticipada inédito, con consecuencias directas sobre la agenda regional en democracia, derechos humanos, seguridad y relación con los gobiernos latinoamericanos.
El futuro de Ramdin dependerá de la capacidad de Estados Unidos para consolidar una mayoría y de la resistencia que puedan ofrecer los países que prefieren evitar una crisis institucional. Aunque la Casa Blanca ya activó conversaciones, todavía resta saber si los apoyos iniciales alcanzarán para forzar una salida o si el secretario general logrará sostenerse con respaldo del Caribe y de gobiernos críticos de Trump.
Para la región, el caso abre una discusión más amplia sobre el liderazgo de la OEA y su autonomía frente al peso de Washington. La disputa también puede impactar en la relación entre Estados Unidos y gobiernos latinoamericanos que miran con recelo una intervención directa sobre la conducción del organismo.
En términos políticos, la crisis deja a Ramdin debilitado y obliga a la OEA a responder una pregunta central: si su conducción puede mantener autoridad institucional mientras el principal aportante financiero del organismo negocia activamente su desplazamiento.
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