25 de mayo de 2026
La entidad avanza con una reestructuración que incluye cierres en Buenos Aires y Córdoba. La Bancaria denunció despidos, reclamó preservar las fuentes laborales y no descarta profundizar el plan de lucha.
El conflicto entre Banco Hipotecario y la Asociación Bancaria volvió a escalar por el cierre de cinco sucursales previsto para fines de mayo. El gremio que conduce Sergio Palazzo sostiene que la entidad impulsa un plan de ajuste con despidos y achique territorial, mientras que desde el banco argumentan que se trata de una reestructuración vinculada al avance de la atención digital y la menor presencialidad de clientes y empleados.
La tensión gremial se da en paralelo a medidas de fuerza que también alcanzan al Banco Central, donde La Bancaria cuestiona el cierre de tesorerías regionales. El sindicato ya realizó un cese de actividades durante las últimas tres horas de atención en sucursales del Hipotecario y del Central, y no descarta intensificar los paros o sumar movilizaciones en los próximos días.
Fuentes sindicales indicaron que la conducción de Banco Hipotecario cerraría a fines de mayo las sucursales de Tandil, Luján, Junín, San Francisco, en Córdoba, y Tigre. La decisión encendió la alarma entre los trabajadores porque, según el gremio, no hay garantías suficientes de reubicación para todo el personal afectado.
De acuerdo con la versión sindical, la situación más encaminada sería la de Tigre, donde el banco habría comunicado que reubicará a todos los empleados. En las demás sucursales, en cambio, La Bancaria advierte que los trabajadores estarían siendo presionados para aceptar acuerdos de salida o quedar expuestos a eventuales despidos.
El problema se agrava fuera del AMBA. Desde el gremio señalan que la distancia entre sucursales hace más compleja cualquier reubicación, porque en algunos casos los trabajadores deberían trasladarse muchos kilómetros hasta la filial más cercana, que además no siempre tendría capacidad para absorber a todo el personal.

La Asociación Bancaria mantiene el estado de alerta y movilización. Palazzo sostuvo que el reclamo central es "el mantenimiento de las fuentes de trabajo" y apuntó contra el presidente del directorio de la entidad, Eduardo Elsztain, a quien acusó de impulsar cierres y despidos pese a la buena situación económica del banco.
El dirigente gremial fue tajante: "Estamos frente al cierre sistemático de sucursales y la ejecución de despidos injustificados en todo el país; por lo que rechazamos de manera absoluta toda desvinculación y cualquier política de achique que implique el deterioro de las condiciones laborales y deje a trabajadores y trabajadoras sin sus puestos de trabajo".
Para el sindicato, la discusión excede a las cinco sucursales puntuales. La preocupación es que el caso marque una tendencia de reducción de presencia territorial en el sistema financiero, con impacto en el empleo bancario y en la atención presencial de clientes en distintas ciudades del país.
Desde la conducción del Banco Hipotecario no hubo una respuesta oficial detallada sobre el conflicto. Sin embargo, trascendieron argumentos vinculados a la transformación digital del negocio bancario. Voceros consultados señalaron que la mayoría de las gestiones de los clientes se realiza por home banking y que incluso los pedidos de préstamos dejaron de hacerse de manera presencial.
También se mencionó la baja de presencialidad del personal y el costo de sostener estructuras edilicias con gastos impositivos, servicios y alquileres. En esa mirada, la reducción de sucursales respondería a un rediseño operativo y no a un achique empresarial.
El contraste entre ambas posiciones anticipa una negociación difícil. Mientras la empresa apunta a eficiencia y digitalización, el gremio advierte que la modernización no puede avanzar sobre puestos laborales ni dejar sin atención presencial a usuarios de localidades del interior.
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El conflicto tiene además una dimensión política por la composición accionaria del Banco Hipotecario. La entidad es una sociedad anónima de capital mixto, con el Estado Nacional como accionista mayoritario a través del Banco Nación y la ANSES, mientras que el sector privado posee el resto de las acciones, en manos del grupo IRSA, presidido por Eduardo Elsztain.
Ese dato vuelve más sensible la disputa. No se trata solo de una discusión laboral dentro de una empresa privada, sino de una entidad con participación estatal relevante y un rol histórico asociado al crédito para vivienda.
El desenlace puede marcar un precedente para otros bancos que atraviesan procesos similares de digitalización, reducción de costos y revisión de sucursales físicas. Para La Bancaria, el desafío será evitar que esos cambios se traduzcan en despidos. Para la conducción del Hipotecario, la clave será demostrar que la reestructuración no implica un deterioro de derechos laborales ni una pérdida de servicios para los clientes.
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