4 de junio de 2026
La empresa Vassalli de Firmat negocia un nuevo traspaso para sostener su actividad. El comprador asumiría una deuda millonaria, salarios atrasados y obligaciones con proveedores.
La histórica fábrica de cosechadoras Vassalli, fundada en Firmat en 1949, negocia su venta por el valor simbólico de USD 1 para evitar el cierre definitivo. La condición central de la operación es que el nuevo grupo inversor absorba la totalidad de los pasivos acumulados, que incluyen salarios adeudados, compromisos con proveedores y una extensa lista de cheques rechazados.
La empresa atraviesa una situación crítica y podría cambiar de manos por cuarta vez en menos de una década. La planta santafesina opera actualmente con jornadas reducidas de cuatro horas diarias, mientras trabajadores, autoridades locales y referentes gremiales esperan una definición que permita recuperar gradualmente la producción.
La magnitud de la crisis aparece reflejada en los registros oficiales del Banco Central. Según la información publicada, Vassalli acumula 869 cheques rechazados por un monto total cercano a $1.337 millones.
La deuda no se limita a obligaciones financieras. La empresa también arrastra atrasos salariales y compromisos con proveedores, en un esquema productivo que quedó reducido a jornadas laborales de cuatro horas diarias. Ese régimen fue acordado entre la compañía, el gremio metalúrgico y las autoridades laborales de Santa Fe para evitar una paralización total.
El valor simbólico de USD 1 no representa entonces el costo real de la operación. El eventual comprador deberá asumir una estructura industrial deteriorada y una deuda que fuentes del sector describieron como "altísima".
La propuesta de compra está liderada por Roberto Santiago Chinelli, ex gerente general de Vassalli durante la gestión de Eduardo Marsó y vinculado con la compañía desde la década de 1990. Detrás de su figura aparece un grupo de inversores nacionales cuya identidad todavía no trascendió públicamente.
Si la operación prospera, Chinelli quedaría a cargo del funcionamiento industrial completo: producción, desarrollo de productos, área comercial, recursos humanos y servicio mecánico. El sector financiero continuaría radicado en Buenos Aires.
Las partes apuntan a cerrar la negociación entre el 15 y el 20 de junio, aunque desde la Municipalidad de Firmat advirtieron que el proceso viene acumulando demoras. El principal obstáculo sería la complejidad de los papeles societarios después de varios cambios de control, una convocatoria de acreedores y pagos incumplidos por parte del último propietario.

El deterioro de Vassalli no comenzó ahora, pero se agravó con fuerza a partir de 2023. Ese año, la sequía golpeó de lleno al agro argentino, redujo la demanda de maquinaria y obligó a la empresa a dejar de tomar nuevas ventas. La actividad quedó concentrada en terminar 39 máquinas ya comprometidas.
La caída posterior dejó a la planta en una situación límite. Los trabajadores siguen asistiendo bajo un esquema reducido, con salarios atrasados y sin certezas sobre la continuidad laboral. Durante los meses más complejos, la Municipalidad de Firmat y el gobierno provincial brindaron asistencia alimentaria y sanitaria a los empleados.
El nuevo plan busca algo más que ordenar las deudas. También prevé una recuperación gradual de la producción, modernización tecnológica, desarrollo de nuevos modelos y herramientas financieras propias para facilitar la venta de cosechadoras.
Ese último punto resulta clave para competir con fabricantes internacionales, que cuentan con mecanismos de crédito directo y mayores facilidades para financiar compras de maquinaria agrícola.
Vassalli fue fundada por Roque Vassalli en 1949 y se convirtió en una de las marcas emblemáticas de la maquinaria agrícola argentina. La compañía llegó a contar con tres plantas cubiertas que suman unos 99.000 metros cuadrados, producción de cosechadoras, plataformas y repuestos, además de un área propia de investigación y desarrollo.
La historia reciente, sin embargo, estuvo marcada por sucesivos cambios de control. Después de atravesar una convocatoria de acreedores, en 2020 la Justicia aprobó un acuerdo para transferir la gestión mediante un fideicomiso. Bajo ese esquema, Esteban Eskenazi tomó el 90% del capital accionario, acompañado por Matías Carballo como socio minoritario.
En enero de 2024, la empresa pasó a manos del empresario entrerriano Eduardo Marsó por USD 8 millones, con un esquema de pago a cinco años y un desembolso inicial del 10%. Según la información conocida, el comprador abonó la primera cuota y luego dejó de cumplir con el resto del acuerdo.
Esa deuda con los anteriores dueños es hoy uno de los principales obstáculos para completar el nuevo traspaso.

La posible venta tiene un fuerte impacto local. Vassalli es una empresa histórica para Firmat, una ciudad estrechamente vinculada con la industria metalmecánica y la fabricación de maquinaria agrícola.
El cierre definitivo no implicaría solamente la pérdida de una marca emblemática. También afectaría empleos directos, proveedores, talleres, transportistas y comercios vinculados con la actividad fabril.
Para la industria nacional, el caso refleja un problema más amplio: la dificultad de sostener empresas tradicionales en un contexto de caída de ventas, endeudamiento, costos elevados y competencia con fabricantes internacionales que cuentan con mayor escala y mejores opciones de financiamiento.
La operación por USD 1 aparece como una salida extrema, pero también como una última oportunidad. El desafío será transformar un traspaso simbólico en un plan productivo viable que permita ordenar deudas, recuperar la planta y sostener una marca histórica de la industria argentina.
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