6 de junio de 2026
Una encuesta nacional mostró una fuerte distancia entre la valoración de las casas de estudio y la imagen de las instituciones políticas. El relevamiento también registró posiciones mayoritarias a favor de un Estado más chico y leyes más duras contra el delito.
Las universidades encabezan el ranking de confianza institucional en la Argentina, mientras que el Congreso Nacional, los sindicatos y los partidos políticos aparecen en el fondo de la tabla. El dato surge de una encuesta nacional de QSocial, realizada entre el 7 y el 28 de mayo sobre 1.829 casos, que volvió a exponer el descrédito que atraviesa a buena parte del sistema político argentino.
El contraste es marcado. Las universidades alcanzan un nivel de confianza del 59%, mientras que el Congreso apenas llega al 10%. Entre ambos extremos aparecen las Fuerzas Armadas, con 37%, y la Iglesia, con 27%.
El informe remarca que el descrédito institucional es generalizado, pero identifica una excepción clara: las universidades mantienen una valoración positiva muy por encima del resto de las organizaciones relevadas.
El resultado tiene una lectura política directa. Las movilizaciones universitarias realizadas en distintos puntos del país mostraron que la universidad pública conserva una capacidad de convocatoria significativa y sigue siendo considerada un valor relevante por amplios sectores de la sociedad.
La valoración positiva atraviesa incluso identidades políticas enfrentadas. El estudio señaló que los votantes de La Libertad Avanza confían especialmente en instituciones vinculadas con el orden, como las Fuerzas Armadas y las Fuerzas de Seguridad, pero también mantienen una ponderación favorable de las universidades.
Entre los votantes del PJ-K, la universidad aparece prácticamente como la única institución que conserva niveles relevantes de confianza. En el segmento de los independientes, la valoración de las universidades llega al 44%, por encima del resto de las instituciones analizadas.

La peor imagen corresponde al Congreso Nacional, con apenas 10% de confianza. Apenas por encima aparecen los sindicatos, con 11%, y los partidos políticos, con 12%.
El dato expone una dificultad estructural para el sistema democrático: las instituciones que canalizan la representación política y social son también las que acumulan mayor descrédito.
El estudio sintetizó ese problema con una conclusión contundente: "La desconfianza institucional es uno de los rasgos más persistentes del sistema político argentino".
La baja valoración del Congreso adquiere además una relevancia especial en un escenario de alta tensión legislativa. El Gobierno de Javier Milei necesita construir acuerdos con aliados para aprobar leyes económicas y reformas institucionales, mientras la oposición intenta condicionar la agenda oficialista desde ambas cámaras.
La encuesta también relevó la opinión de los argentinos sobre el rol del Estado. El 51% se inclinó por un Estado mínimo, frente al 36% que prefiere un Estado presente.
La división cambia de manera significativa según la identidad política. Entre los votantes de La Libertad Avanza, el 66% respalda un Estado más chico. En el PRO, el porcentaje sube al 69%, mientras que entre los independientes llega al 55%.
Dentro del electorado del PJ-K, la tendencia es inversa: el 71% prefiere un Estado presente y solo el 27% se inclina por un esquema estatal reducido.
El relevamiento muestra así que la discusión sobre el tamaño del Estado no está cerrada, pero sí aparece atravesada por una fuerte polarización partidaria.

Otro eje relevante es la percepción sobre quién genera la riqueza en la Argentina. El 51% considera que el principal motor es el sector privado, mientras que el 35% señala al Estado y un 14% no tiene una posición definida.
La preferencia por el sector privado aparece con mayor claridad entre los votantes libertarios y del PRO. En el segmento del PJ-K, en cambio, prevalece la idea de que la riqueza es generada por el Estado, aunque esa asociación no alcanza a la mitad del espacio.
El debate también se extiende a la inserción internacional. Apenas el 23% apoya un modelo proteccionista, mientras que el 40% se inclina por una economía más abierta y el 38% adopta una posición intermedia.
La encuesta detectó un consenso amplio en materia de seguridad. El 78% de los consultados considera que las leyes vigentes son demasiado blandas con los delincuentes, mientras que solo el 9% las percibe como excesivamente duras.
La percepción atraviesa a casi todos los espacios políticos. El diagnóstico es compartido por el 94% de los votantes de La Libertad Avanza, el 98% de los adherentes al PRO, el 80% de los independientes y el 60% del electorado del PJ-K.
Sin embargo, las soluciones vuelven a dividir opiniones. El 54% plantea endurecer leyes y penas, mientras que el 34% considera prioritario reducir las diferencias sociales. Entre los libertarios, el 98% apuesta por castigos más severos. En el PJ-K, el 79% se inclina por reducir la desigualdad.

La discusión sobre el uso del espacio público también refleja la polarización política. Frente a un corte de calles, el 55% considera que el Gobierno debe garantizar el derecho a la protesta y buscar una salida mediante el diálogo. Un 42%, en cambio, prioriza la libre circulación incluso si resulta necesario utilizar la fuerza.
La fragmentación vuelve a ser marcada. El 82% de los votantes libertarios respalda el uso de la fuerza para liberar calles, mientras que el 97% del electorado del PJ-K defiende el derecho a la protesta. En el PRO, el apoyo a la libre circulación alcanza el 90% y en la UCR llega al 71%.
El informe también preguntó qué caracteriza a una sociedad justa. El 66% respondió que cada persona debería recibir según su esfuerzo, frente al 26% que prefiere una distribución igualitaria.
El relevamiento muestra un escenario complejo para toda la dirigencia. La preferencia por un Estado mínimo, la valoración del sector privado y el reclamo de mayor dureza frente al delito dialogan con una parte importante del discurso de Javier Milei.
Sin embargo, la confianza en las universidades marca un límite relevante para el oficialismo, especialmente en medio del conflicto por el financiamiento universitario. La valoración positiva del sistema académico muestra que cualquier ajuste o confrontación con las casas de estudio puede generar costos políticos.
Para la oposición, el dato más incómodo es el descrédito del Congreso, los partidos políticos y los sindicatos. El desafío no pasa únicamente por cuestionar al Gobierno, sino también por reconstruir legitimidad en instituciones que hoy aparecen fuertemente debilitadas frente a la sociedad.
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