26 de junio de 2026
Análisis geopolítico sobre el policentrismo y los desafíos regionales
*Por
José Luis de Francisco
El
reciente memorándum de Islamabad entre Irán y EEUU ha significado un cambio
tectónico en la geopolítica mundial, posterior al derrumbe de la unipolaridad
del saqueo imperial y al surgimiento de un policentrismo, con eje en Eurasia,
que se define como cooperativo y respetuoso de la autodeterminación de las
naciones. No puede interpretarse este cambio como definitivo pues aún el norte
anglosajón resiste su caída patrocinando guerras en varios puntos del planeta,
todas ellas con la mira puesta en afectar a China.
La
malicia talmúdica sionista interpreta que este es el tiempo histórico para
hacer realidad el mandato bíblico de construcción del "gran Israel" y ha
contado hasta el presente con el apoyo incondicional de EEUU, pero esa relación
ahora aparece resquebrajada y hay indicios de que el estado hebreo deberá
seguir sólo en esa quimérica empresa. Aunque más no sea de manera transitoria,
el presidente Trump busca salirse del escenario bélico acosado por el inminente
derrumbe de la economía global, el agotamiento de su armamento y la
inflexibilidad del calendario electoral. El conflicto aún está en pleno
desarrollo, pero la aparición de Irán como potencia militar regional hace que
esta reedición de la derrota de Vietnam, ahora en tierra persa, supere el plano
de lo utópico y ya está inscrita en la historia como la victoria de una nación
oprimida, sancionada por décadas y estigmatizada hasta el paroxismo. Una
potencia de segundo orden ha dado en el clavo al gestar un poderío militar en
base a misiles y drones, desarrollados bajo tierra, y un ejército de cientos de
miles de combatientes, capaz de poner en retirada a la flota naval más grande
del mundo y producir importante daño a su poder aéreo y tecnológico.
"En
lo conceptual, la guerra del siglo XXI declaró la obsolescencia de las armas
del siglo XX"
En
el terreno concreto, no en el teórico, el mundo ha quedado entonces de manera
dinámica e inconclusa con el predominio de tres grandes potencias: EEUU -que
preserva un gran poder, pero atraviesa un período de notoria decadencia-, Rusia
-cuarta economía planetaria y primera en lo militar- y China -con su
extraordinario liderazgo industrial y tecnológico, además de la expansión de
sus rutas comerciales en todos los continentes-. Europa ha quedado aislada, en
crisis generalizada y seriamente afectada en su competitividad exportadora por
automutilarse al cortar la provisión de gas barato ruso, en tanto Oriente Medio
sigue en ebullición, pero ahora con la perspectiva de una gran confluencia
sunita y chiita que se siente fortalecida para comerciar al margen del
petrodólar y con un acuerdo de defensa autónomo para suplir la falsa seguridad
que otorgaba Estados Unidos.
África
muestra signos esperanzadores con el surgimiento de la Confederación de Estados
del Sahel (Malí, Burkina Faso y Níger) en proceso de descolonización de la
dominación francesa, y la presencia de Sudáfrica, Etiopía y Egipto en la
organización que prefigura el emergente policentrismo, los BRICS, para
transitar un siglo que podría ser testigo del despertar de este enorme bloque
"madre de la humanidad".
Al
sur de Río Grande, en nuestra América, Brasil -también integrante de los BRICS-
espera por quién lo acompañe para salir de su soledad hemisférica, luego del
desplante de Argentina que rechazó la membresía para incorporarse al grupo. El
gigante del cono sur, al igual que México, ejercen una relativa autonomía
geopolítica, este último condicionado por los 3.000 km de frontera común con su
vecino del norte, y en el caso del gobierno de Lula por la aguda fractura
política interna. La Nicaragua sandinista mantiene con firme adhesión popular
la llama de la revolución pese a recurrentes intentos por obturarla, y Cuba
sobrevive con el apoyo del humanismo internacional al cerco imperialista que
sigue pidiendo su cabeza. La Venezuela post Maduro finge ser soberana al tiempo
que hace los deberes que dicta Washington, y tanto Colombia como Perú suman sus
respectivos libertarismos a los que gobiernan en Argentina, Chile, Ecuador,
Bolivia, El Salvador y Honduras.
Con
este viento a favor, EEUU se propone aplicar una nueva versión de la Doctrina
Monroe -que en 1823 lanzó la consigna de "América para los americanos" para
frenar potencias europeas- y aprovechar la predisposición de tantos gobiernos
cipayos de la región bien dispuestos a la entrega sin condicionamientos de
nuestras riquezas.
El
cuadro de situación en América Latina es el opuesto al vivido en los primeros
años de este siglo, cuando las experiencias progresistas eran franca mayoría.
Preguntarnos sobre las razones que produjeron la mutación regresiva y debatir
sobre las mismas para que no haya repetición de fracasos debiera ocupar el
centro de las prioridades de los movimientos soberanistas y comprometidos con
cambios sociales, que esta vez deberían ser profundos y estructurales.
El
rol que le cupo a los medios de comunicación en la modelación de una narrativa
insolidaria y antipopular en nuestra América ha sido sumamente exitoso al
forjar una disonancia cognitiva al amparo de las formalidades de la democracia
liberal para apoyar planes de ajustes, concentración y extranjerización de la
economía. El resultado fue una lógica afectación de la salud y la educación
pública, los derechos de la niñez, los ancianos y discapacitados en casi todo
el continente. Ese goteo infeccioso también apunta a enajenar bienes naturales
y a construir nuevo conocimiento dominante contrario a la emancipación y la
justicia. Incluso Brasil, que se ha transformado en potencia mundial, no ha
podido permanecer ajeno al fanatismo neoliberal y el bolsonarismo se muestra
fuerte para las elecciones presidenciales de octubre.
Lo
dicho sobre la manera persistente de formatear sociedades sin pasado ni
brújula, a disposición de los centros de poder occidentales, no exime de
responsabilidades a los gobiernos progresistas que no supieron o no quisieron
implementar reformas de segunda generación que profundizaran el cambio inicial,
que había mejorado el nivel de vida de amplios sectores sin confrontar
abiertamente con el poder económico oligárquico y transnacional.
América,
la nuestra, indígena y latina, necesita ir al fondo de sus cuestiones y
elaborar una estrategia conjunta antitética con su balcanización, que le
permita manejarse como bloque en un tiempo histórico en el que esa es la
tendencia y en el que triunfan los que saben a dónde van, tal la lección de la
reciente guerra de Irán. La descolonización implica percibirnos como una unidad
cuyo destino será venturoso sólo si lo concebimos como un todo y no como la
suma de partes. La planificación es la elocuente clave del éxito de la gestión
china que ya va por su decimoquinto Plan Quinquenal y también de la estabilidad
en Nicaragua, por lo que la estrategia para el desarrollo de nuestra región
debería plasmarse en planes de ese tipo.
Enfrentar
la previsible ofensiva norteamericana en la región es una exhortación para que
la mirada de Patria Grande sea retomada. Para que foros o encuentros vayan
modelando el qué hacer y el cómo hacerlo y dar nacimiento a una corriente de
opinión con presencia en cada país, anclada en lo mejor de su pasado lúcido y
guerrero, pero necesariamente adaptada al nuevo orden mundial que se prefigura
sin hegemonismos. Así como en Medio Oriente, ya se analiza un sistema autónomo
de seguridad para todos los países de la región, en nuestro continente ese tipo
de coordinación y acuerdos serán necesarios para enfrentar un futuro que será
muy duro.
Hemos
sido por siglos sometidos al escarnio de invasiones y golpes militares, al
despojo sistemático de nuestros bienes naturales y al sacrificio de nuestros
hermanos que regaron con su sangre el suelo desde el Pacífico al Atlántico, por
lo que sobran las razones para saber que Occidente no es compatible con nuestro
desarrollo ni con el bienestar de nuestro pueblo. Nuestro lugar está junto a
las naciones que se han levantado contra el supremacismo y el racismo. Está
junto a este Sur Global que ha emergido para poner fin a un imperio que bien
sabemos, no es invencible.
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