6 de julio de 2026
La histórica compañía mendocina desvinculó a 17 trabajadores en medio de una reestructuración financiera. La empresa registra más de $1.600 millones en cheques rechazados y un rojo en las cuentas superior a $17.000 millones.
La crisis de Bodegas Bianchi se profundizó en Mendoza con despidos, cheques rechazados y una reestructuración financiera que busca evitar el concurso preventivo. La histórica firma vitivinícola desvinculó a 17 trabajadores como parte de un plan para adecuar su estructura al contexto que atraviesa el sector y recomponer su situación de liquidez.
La empresa acumula actualmente 205 cheques rechazados por $1.623 millones, de los cuales regularizó apenas 11 documentos por poco más de $12 millones. Además, mantiene una deuda bancaria superior a los $17.000 millones, distribuida entre más de una decena de entidades financieras.
La decisión fue comunicada oficialmente por la compañía, que informó una revisión de su estructura interna. "Esta revisión implicó la desvinculación de un número acotado de colaboradores, cuyas indemnizaciones han sido puestas a disposición dentro del marco de la legislación laboral vigente. Asimismo, la compañía ofreció programas de retiro voluntario como una alternativa adicional dentro de este proceso", señaló la firma.
Según la información difundida, las modificaciones no afectarían el funcionamiento operativo de la bodega. La empresa aseguró que las actividades productivas, comerciales y de exportación continúan desarrollándose con normalidad, pese al proceso de reorganización de pasivos que atraviesa desde comienzos de año.
El recorte laboral agrega tensión a una industria que viene golpeada por caída de consumo, dificultades financieras y menor margen para sostener estructuras grandes. En el caso de Bianchi, el ajuste de personal aparece como parte de una estrategia más amplia para preservar la continuidad de la compañía y evitar una instancia judicial más compleja.
Los registros del Banco Central muestran la magnitud del problema financiero. En enero, Bianchi acumulaba 80 cheques rechazados por $1.012 millones. Seis meses después, la situación se agravó: la cifra trepó a 205 documentos rechazados por $1.623 millones.
La deuda bancaria también es elevada. La bodega mantiene compromisos por más de $17.000 millones con distintas entidades, entre ellas Banco Supervielle, Banco Macro, Banco Provincia, ICBC, Banco Comafi y Banco Nación. También figuran como acreedores BBVA, Galicia, Santander, Banco Industrial, Bibank y Credicoop.
Para ganar liquidez, la compañía ya tomó otras medidas durante el año. Una de las más relevantes fue la venta de una finca histórica en San Rafael, operación valuada en torno a los US$10 millones, cuyos fondos fueron destinados a afrontar compromisos inmediatos.
La crisis financiera llevó a Bodegas Bianchi a contratar asesores especializados. La empresa incorporó a Southern Cone Partners y Ernst & Young como asesores financieros, mientras que el estudio Beccar Varela quedó a cargo del asesoramiento legal para diseñar un plan integral de reestructuración.
El objetivo central es ordenar deudas con bancos, proveedores y otros acreedores antes de que la situación derive en un concurso preventivo. Para una bodega con trayectoria, marca reconocida y presencia exportadora, evitar ese escenario es clave para preservar reputación, financiamiento y relaciones comerciales.
La reestructuración no solo implica negociar pasivos. También exige revisar costos, activos disponibles, estructura laboral, conducción ejecutiva y estrategia comercial en un mercado donde la rentabilidad está bajo presión.

El proceso también tuvo impacto en la conducción. En mayo, Pablo Glöggler dejó su cargo como CEO en medio de la reorganización financiera. El ejecutivo había asumido la dirección general en 2024, aunque su vínculo con la bodega venía desde 2021, cuando ingresó como director. Luego fue designado presidente y más tarde quedó al frente de la gestión diaria, en reemplazo de Rafael Calderón.
Hasta el momento, Bodegas Bianchi no informó quién asumirá formalmente la conducción ejecutiva. La salida del CEO se produjo en pleno proceso de negociación con bancos, proveedores y acreedores, por lo que el reemplazo será una definición sensible para la continuidad del plan de saneamiento.
En empresas con fuerte dependencia de crédito y relaciones comerciales de largo plazo, la estabilidad de la conducción puede ser decisiva. Los acreedores suelen mirar no solo los números, sino también quién ejecuta el plan de reestructuración y qué respaldo tiene para cumplirlo.
El caso Bianchi no aparece aislado. En los últimos meses, otras firmas del sector vitivinícola también quedaron expuestas por problemas financieros, cheques rechazados, dificultades para sostener la cadena de pagos y procesos concursales.
Uno de los casos más resonantes fue Bodega Norton, que obtuvo en diciembre la apertura de su concurso preventivo para reestructurar una deuda cercana a los US$30 millones. Según su presentación judicial, las dificultades no respondieron solo al contexto económico, sino también a conflictos societarios derivados de disputas por el control de la compañía.
También aparece Casa Montes, en San Juan, que acumuló 286 cheques rechazados por $471,4 millones, aunque regularizó 99 documentos por $171,3 millones. La firma produce etiquetas como Alzamora, Baltazar y Ampakama.

La situación de Bodegas Bianchi refleja el estrés financiero de una parte del negocio vitivinícola argentino. Las bodegas enfrentan costos crecientes, restricciones de financiamiento, caída del consumo interno y necesidad de sostener exportaciones en un mercado global competitivo.
Para Mendoza, el caso tiene impacto económico y simbólico. Bianchi es una marca histórica, con peso productivo y comercial, por lo que sus dificultades repercuten más allá de la empresa: afectan empleo, proveedores, bancos, productores vinculados y la imagen de un sector clave para la provincia.
La clave estará en si la compañía logra renegociar su deuda, recomponer liquidez y sostener operaciones sin avanzar hacia el concurso preventivo. Los despidos y la venta de activos muestran que el ajuste ya está en marcha, pero el resultado dependerá de la respuesta de acreedores, bancos y del propio mercado del vino.
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