11 de julio de 2026
El histórico mediocampista falleció a los 89 años y dejó una marca profunda en el fútbol argentino. Ídolo xeneize y capitán albiceleste, quedó en la memoria por su expulsión ante Inglaterra en el Mundial 1966.
Antonio Ubaldo Rattín, uno de los grandes símbolos de Boca Juniors y del fútbol argentino, murió este sábado a los 89 años. El exmediocampista desarrolló toda su carrera en el club de la Ribera, fue capitán de la Selección Argentina y quedó asociado para siempre a una de las escenas más recordadas de los Mundiales: su expulsión ante Inglaterra en 1966.
Nacido el 16 de mayo de 1937 en Tigre, provincia de Buenos Aires, Rattín llegó a Boca en 1955 y debutó en Primera al año siguiente, con apenas 19 años. Desde entonces, construyó una trayectoria marcada por el carácter, la presencia física y una identificación absoluta con la camiseta xeneize.
Rattín fue mucho más que un volante central. Para varias generaciones de hinchas de Boca, representó una forma de jugar y de liderar: firmeza, personalidad, entrega y sentido de pertenencia. El club lo definió en una publicación institucional como una "expresión cumbre de la garra xeneize".
Su debut en Primera se produjo el 9 de septiembre de 1956, nada menos que en un Superclásico ante River en La Bombonera. Boca ganó 2-1 y el joven mediocampista convenció al cuerpo técnico de inmediato: jugó como titular las 13 fechas restantes de aquel campeonato.
En total, disputó 382 partidos, convirtió 28 goles, fue subcampeón de la Copa Libertadores 1963 ante el Santos de Brasil y ganó seis campeonatos locales con el Xeneize. Su carrera profesional estuvo completamente ligada a Boca, donde jugó desde 1956 hasta 1970.

Aunque su trayectoria en Boca lo convirtió en ídolo, Rattín también quedó en la historia por lo ocurrido en el Mundial de Inglaterra 1966. En los cuartos de final, la Selección Argentina enfrentó al local en Wembley y el capitán argentino fue expulsado por el árbitro alemán Rudolf Kreitlein en una decisión que generó una protesta inmediata del equipo nacional.
El episodio quedó grabado en la memoria colectiva: Rattín se negó durante varios minutos a abandonar la cancha, pidió explicaciones y reclamó la presencia de un traductor. La escena terminó como uno de los momentos más emblemáticos de la rivalidad futbolística entre Argentina e Inglaterra y alimentó durante décadas el relato de una derrota atravesada por polémicas.
Para el fútbol argentino, aquel partido no fue solo una eliminación mundialista. También se convirtió en un símbolo de carácter y resistencia ante una decisión arbitral muy discutida. Rattín, con la cinta de capitán y la camiseta número 10, pasó a representar esa imagen de rebeldía deportiva que atravesó generaciones.
Rattín vistió la camiseta de la Selección Argentina en dos Copas del Mundo: Chile 1962 e Inglaterra 1966. También participó en torneos sudamericanos y fue parte de una camada que marcó una etapa de fuerte identidad en el seleccionado nacional.
En Boca, su figura quedó asociada a la lealtad absoluta. En una de sus últimas apariciones públicas, recordó esa identificación con una frase que sintetiza su carrera: "Jugué con dos camisetas solamente en toda mi vida, la de Boca y la de Argentina".
Ese sentido de pertenencia explica por qué su muerte genera un impacto especial en el mundo xeneize. Rattín no fue un jugador de paso ni una estrella construida por estadísticas aisladas: fue un referente de época, un capitán natural y una figura que ayudó a consolidar una forma de entender la camiseta de Boca.
La muerte de Antonio Ubaldo Rattín despide a uno de los últimos grandes caudillos del fútbol argentino clásico. Su figura pertenece a una etapa en la que los mediocampistas centrales eran líderes emocionales, organizadores defensivos y referentes de vestuario.
Su legado excede el recuerdo de la expulsión ante Inglaterra. Rattín fue un futbolista de una sola camiseta, un capitán de fuerte personalidad y un símbolo de Boca antes de la era moderna del marketing deportivo. Su historia conecta con un fútbol de pertenencia barrial, estadios llenos y liderazgos construidos desde la cancha.
Para Boca, su muerte implica despedir a una parte profunda de su identidad. Para la Selección, significa recordar a un capitán que quedó ligado a una de las páginas más discutidas de los Mundiales. Para el fútbol argentino, se va un nombre que sintetiza carácter, historia y pertenencia.
Comentarios
0Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales.
Iniciá sesión para dejar tu comentario
Iniciar sesiónCargando comentarios...
Denunciar comentario