12 de julio de 2026
Jorge Rodríguez actualizó el balance oficial de la catástrofe que golpeó el norte del país. También hay 16.740 heridos y 17.907 personas sin vivienda, mientras avanzan las tareas de rescate y reconstrucción.
El número de muertos por los terremotos en Venezuela ascendió a 4.490, según el nuevo balance difundido por el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez. La tragedia, provocada por dos sismos de magnitud 7,2 y 7,5, se convirtió en el terremoto más mortífero de la historia moderna del país y mantiene en emergencia a las zonas más golpeadas del norte venezolano.
El parte oficial también mantiene en 16.740 la cifra de heridos y eleva a 17.907 el número de personas sin vivienda, muchas de ellas trasladadas a 89 campamentos transitorios habilitados por las autoridades. Además, el total de rescatados con vida se mantiene en 6.462.
Los dos terremotos se produjeron el 24 de junio, a las 18:04 hora local, con apenas 39 segundos de diferencia. Ambos tuvieron epicentro cerca de Yumare, en el estado Yaracuy, y sus ondas afectaron una franja densamente poblada que incluye Caracas y el estado costero de La Guaira.
La evolución del balance muestra la magnitud del desastre. En las primeras horas del 25 de junio se habían confirmado 188 fallecidos. Luego la cifra trepó a 920 al cierre del 26 de junio, 1.719 el 28 de junio, 3.535 el 5 de julio, 4.118 el 10 de julio y finalmente 4.490 este domingo.
Desde el inicio de la emergencia, el Servicio Geológico de Estados Unidos emitió una alerta roja, la categoría de máxima gravedad de su sistema de estimación de víctimas y daños. El organismo ya advertía que los modelos apuntaban a miles de muertos.

El estado La Guaira concentra la mayor parte de los daños estructurales. Según los datos informados por Rodríguez, 158 de los 190 edificios con colapso total registrados en el país estaban en ese territorio. Es decir, ocho de cada diez estructuras completamente derrumbadas se ubicaron allí.
Un análisis de imágenes del satélite europeo Sentinel-1, procesadas por la NASA, estimó que más de la mitad de los edificios en localidades como Caraballeda, Macuto, Naiguatá y Catia la Mar presentaban una probabilidad de daño superior al 75%. En paralelo, la Universidad Estatal de Ohio elevó a alrededor de 59.000 el número total de estructuras dañadas en Venezuela.
La dimensión del daño explica por qué el balance de víctimas siguió subiendo incluso días después de los sismos. A medida que las tareas de rescate dieron paso a la extracción de cuerpos, las autoridades fueron actualizando una cifra que todavía mantiene en alerta a equipos locales e internacionales.
Venezuela registró más de 1.100 réplicas desde el 24 de junio, un dato que complica la asistencia, aumenta el riesgo de nuevos derrumbes y mantiene en tensión a las familias desplazadas. Miles de personas continúan en campamentos transitorios mientras se evalúa el estado de viviendas, escuelas, hospitales y edificios públicos.
La emergencia ya superó la etapa inicial de búsqueda y rescate y entró en una fase más extensa: asistencia humanitaria, refugios, alimentación, atención médica, identificación de víctimas y planificación de reconstrucción. En Catia la Mar, incluso se abrieron zanjas en el cementerio local para enterrar a 150 víctimas sin identificar.
El impacto social es enorme. La pérdida de viviendas obliga a sostener una red de contención durante semanas o meses, mientras las zonas más afectadas enfrentan cortes de servicios, daños en infraestructura y una demanda sanitaria creciente.
El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo estimó los daños materiales en unos US$6.700 millones, equivalentes a cerca del 6% del PBI venezolano. El Programa Mundial de Alimentos lanzó un llamamiento de US$50 millones para alimentar durante tres meses a medio millón de personas.
La respuesta internacional incluyó el despliegue de más de 3.000 rescatistas extranjeros, en un operativo que combina asistencia técnica, búsqueda urbana, apoyo sanitario y ayuda logística. La escala del daño obliga a sostener esa cooperación más allá de los primeros días de emergencia.
El coordinador humanitario de la ONU en Venezuela, Gianluca Rampolla, había advertido a fines de junio que la cifra de muertos superaría los balances iniciales por la cantidad de edificios derrumbados y la dificultad para acceder a algunas zonas. La evolución posterior de los datos confirmó esa advertencia.
Los terremotos vuelven a golpear una región atravesada por tragedias históricas. La zona ya había sufrido la Tragedia de Vargas de diciembre de 1999, cuando aludes de lodo y rocas provocaron entre 10.000 y 30.000 muertos. Ahora, La Guaira queda otra vez en el centro de una crisis humanitaria de enorme escala.
El geofísico Michael Schmitz explicó que la destrucción de 2026 no se debe solo a la magnitud de los sismos, sino a una combinación de fallas geológicas, amplificación de ondas por las características del suelo y deterioro del parque edificatorio. "Como los grandes terremotos no ocurren con la frecuencia de Chile o Japón, la consideración sísmica fue quedando en un segundo o tercer plano", señaló.
El desafío inmediato será sostener la asistencia a casi 18.000 personas sin vivienda y avanzar en la reconstrucción de una zona donde el daño material, sanitario y social seguirá condicionando la vida cotidiana durante mucho tiempo.
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