30 de julio de 2026
En ese tiempo la inflación acumuló cerca del 150%. Para no perder poder de compra debería rondar los $175.000. Quiénes lo cobran completo son los jubilados y pensionados de la mínima, PUAM y Pensiones no contributivas. El refuerzo no se actualiza desde hace más de dos años, mientras los precios de alimentos y medicamentos siguen subiendo.
El
Gobierno nacional oficializó este jueves, a través del Decreto 686/2026
publicado en el Boletín Oficial, el pago del bono extraordinario previsional de
hasta $70.000 para agosto de 2026 destinado a jubilados y pensionados de
menores ingresos.
La
medida, firmada por el presidente Javier Milei, la ministra de Capital Humano
Sandra Pettovello y el jefe de Gabinete Diego Santilli, mantiene el monto
exactamente igual al fijado en marzo de 2024.
De este modo, el refuerzo permanecerá congelado por al menos 29 meses. En ese lapso, la inflación acumulada se ubicó en torno al 150%, según relevamientos periodísticos, por lo que para preservar su poder adquisitivo el bono debería rondar hoy los $175.000. Otras estimaciones, ajustadas por la movilidad de los haberes, lo ubican cerca de los $218.000 o $220.000.
El beneficio alcanza a titulares de jubilaciones y pensiones del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), de la Pensión Universal para el Adulto Mayor (PUAM) y de distintas pensiones no contributivas administradas por la ANSES.
Quienes
perciban un haber igual o inferior al mínimo garantizado (fijado en agosto en
torno a $419.775) cobrarán el refuerzo completo de $70.000. Quienes superen ese
piso recibirán un monto proporcional hasta alcanzar el tope combinado de
aproximadamente $489.776. El adicional es no remunerativo, no sujeta a
descuentos y no se computa para otros conceptos, como el aguinaldo.
Mientras los haberes previsionales se actualizan mensualmente por el Índice de Precios al Consumidor (en agosto el ajuste será del orden del 1,9% correspondiente a la inflación de junio), el bono extraordinario queda fuera de la fórmula de movilidad y se renueva mes a mes por decreto sin ningún incremento. Esto provoca que su peso relativo en el ingreso total de los jubilados de la mínima se reduzca de manera sostenida: de representar cerca del 29% del ingreso cuando se implementó la nueva fórmula en 2024, pasó a niveles mucho más bajos en 2026.
Diversos reportes destacan el deterioro del poder de compra. Canastas de alimentos básicas que en marzo de 2024 costaban alrededor de $68.000 superaban los $143.000 en junio de 2026, según lo que los $70.000 actuales no alcanzan a cubrir ni la mitad de esos gastos esenciales.
Rubros
como carnes, almacén y medicamentos han presionado especialmente sobre el
presupuesto de los adultos mayores.
La decisión se enmarca en la política de ajuste fiscal del Ejecutivo, que prioriza el equilibrio de las cuentas públicas.
Críticos
señalan que el congelamiento del bono actúa como una herramienta de licuación
de los ingresos más bajos, mientras el Gobierno argumenta que busca compensar
los efectos de la fórmula de movilidad anterior y sostener la estabilización
macroeconómica.
El
resultado concreto es que casi cinco millones de beneficiarios seguirán
recibiendo el mismo monto nominal que hace más de dos años, en un contexto de
precios todavía en alza
.Así,
el refuerzo que en su origen pretendía ser un paliativo extraordinario se
consolida como un ingreso estático que pierde valor mes a mes, profundizando
las dificultades de quienes dependen de la jubilación mínima para afrontar la
canasta básica y los gastos de salud.
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