31 de julio de 2026
Una encuesta de Alaska-Trespuntozero marca un giro sensible en el humor social. La mayoría ya no responsabiliza a la herencia recibida y empieza a señalar directamente al Gobierno por la situación económica.
Una nueva encuesta encendió una alarma para Javier Milei: el 63,7% de los consultados cree que el Presidente es el principal responsable de la crisis económica. El dato muestra un cambio de tendencia fuerte para el oficialismo, que durante buena parte de su gestión logró sostener el argumento de la herencia recibida como explicación central del deterioro social.
El sondeo, realizado por Alaska-Trespuntozero, revela que menos del 30% de los consultados sigue responsabilizando a los gobiernos anteriores por la situación actual. En diciembre del año pasado, esa cifra llegaba al 44,1%, mientras que el 49,2% apuntaba contra Milei. El corrimiento es claro: el desgaste económico empieza a pegarle de lleno al Presidente.
El dato más sensible para la Casa Rosada no es solo que la mayoría responsabilice a Milei por la crisis, sino que el relato oficial empieza a perder eficacia. La idea de que el ajuste, la recesión, la pérdida salarial y el deterioro del consumo eran una consecuencia inevitable de gobiernos anteriores ya no alcanza para contener el malestar.
El cambio de clima impacta sobre una de las bases políticas del Gobierno. Hasta ahora, el oficialismo había logrado sostener una parte importante de apoyo social con una explicación simple: el costo económico actual era el precio de corregir los desequilibrios heredados. Pero la encuesta muestra que una parte creciente de la sociedad empieza a evaluar la gestión por sus propios resultados.
Ese giro puede ser decisivo. Cuando la responsabilidad de una crisis deja de estar puesta en el pasado y se traslada al gobierno en funciones, el margen político se achica. El oficialismo ya no discute solo contra la oposición, sino contra la percepción cotidiana de millones de personas que sienten la caída del ingreso, las deudas, el aumento de tarifas y el enfriamiento del consumo.
Otro dato golpea directamente sobre las expectativas: el 62,9% de los consultados no cree que el Gobierno de Javier Milei sea capaz de revertir la situación económica actual. Apenas el 28,9% considera que el Presidente puede superar la crisis.
La comparación con diciembre vuelve a ser negativa para el oficialismo. En ese momento, el 40,6% veía a Milei con capacidad para encauzar la economía. La caída muestra que no solo se deteriora la evaluación del presente, sino también la confianza en el futuro.
Ese punto es especialmente problemático para un gobierno que necesita que la sociedad le crea al menos una promesa: que el sacrificio actual tendrá una recompensa posterior. Si esa expectativa se debilita, el ajuste deja de ser leído como una transición y empieza a ser percibido como un estancamiento sin salida clara.
La encuesta también midió imagen de dirigentes y ubicó a Javier Milei con un 64,6% de imagen negativa. El número lo deja en una zona incómoda, cerca de Sergio Massa y solo por debajo de Mauricio Macri, que registra 68,7% de negativa.
Para el Presidente, el dato implica un problema doble. Por un lado, confirma que el deterioro económico empieza a impactar sobre su valoración personal. Por otro, complica la estrategia de polarizar contra figuras del pasado si su propia imagen negativa se acerca a la de dirigentes que el oficialismo usa como contraste.
La política argentina suele castigar rápido a los gobiernos cuando la economía no ofrece alivio visible. En ese escenario, Milei enfrenta un desafío que no se resuelve solo con discurso: necesita mostrar resultados concretos en salarios, consumo, inflación, empleo y actividad económica antes de que el malestar se consolide como rechazo político.

El punto de fondo es que el Gobierno empieza a enfrentar los límites del relato. La herencia económica puede explicar una parte del diagnóstico inicial, pero no alcanza indefinidamente para justificar la situación cotidiana de los hogares.
La encuesta aparece en un contexto donde se acumulan señales negativas: caída de la confianza del consumidor, aumento de la morosidad familiar, dificultades para pagar deudas, pérdida de poder adquisitivo y cierres o ajustes en empresas vinculadas al mercado interno. Ese cuadro vuelve más difícil sostener que el único responsable está en el pasado.
Para el oficialismo, el riesgo es que la crisis deje de ser vista como una etapa necesaria y pase a ser interpretada como resultado directo de la política económica. Ese desplazamiento puede alterar el humor social y modificar el cálculo de aliados, gobernadores y bloques legislativos.
El resultado de la encuesta llega en un momento delicado para La Libertad Avanza. El Gobierno busca ordenar el calendario electoral, negociar reformas en el Congreso, sostener el vínculo con los mercados y proyectar la reelección de Milei en 2027. Pero el deterioro de las expectativas económicas puede condicionar toda esa estrategia.
Si la sociedad empieza a responsabilizar mayoritariamente al Presidente por la crisis, cada dato económico negativo tendrá más costo político. Ya no podrá ser atribuido con la misma facilidad a la administración anterior, a la oposición o a factores externos.
El desafío para Milei será transformar la estabilización macroeconómica en una mejora visible del bolsillo. Sin ese puente, la narrativa oficial puede perder potencia y abrir un escenario más complejo: un gobierno que conserva centralidad política, pero con menos crédito social para pedir paciencia.
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