1 de agosto de 2026
La vicepresidenta respondió en redes después de que el jefe de Gabinete le pidiera dar un paso al costado. El cruce expuso otra vez la fractura política dentro del Gobierno y abrió dudas sobre la convivencia en La Libertad Avanza.
Victoria Villarruel volvió a quedar en el centro de la interna oficialista después de responderle a Diego Santilli, quien había cuestionado sus declaraciones contra Javier Milei y le pidió que evaluara apartarse si no comparte el rumbo del Gobierno. La vicepresidenta publicó un mensaje en redes en el que acusó a sectores de la política tradicional de intentar dañar la institucionalidad y desconocer el mandato surgido de las urnas.
El episodio profundiza una crisis que ya no puede presentarse como una diferencia aislada. La tensión entre la titular del Senado, el entorno presidencial y funcionarios de primera línea se convirtió en un conflicto público, con acusaciones cruzadas, reproches institucionales y una disputa por la legitimidad política dentro de la propia coalición gobernante.
La respuesta de Victoria Villarruel llegó después de que Diego Santilli saliera a cuestionarla con dureza por sus mensajes contra el Presidente. Sin mencionarlo de manera directa, la vicepresidenta apuntó contra dirigentes que, según su mirada, representan a la casta política derrotada en las elecciones de 2023.
En su publicación, Villarruel sostuvo que uno de esos exponentes "pretende causar daño a la institucionalidad" y llamó a respetar el voto popular. También reivindicó la fórmula presidencial que integró junto a Javier Milei como una construcción surgida para romper con la hegemonía de la dirigencia tradicional.
El mensaje tuvo un destinatario político claro. Santilli había planteado que, si la vicepresidenta no está de acuerdo con el rumbo del Gobierno, debía dar "un paso al costado" y construir su propio proyecto. La réplica de Villarruel no bajó la tensión: la elevó.
El jefe de Gabinete cuestionó las declaraciones de la vicepresidenta y las consideró incompatibles con su rol institucional. Para Santilli, los mensajes de Villarruel no son simples diferencias internas, sino una forma de debilitar al Ejecutivo desde adentro en un momento en el que la gestión necesita cohesión política.
La frase de Santilli apuntó al corazón del problema: la vicepresidenta fue parte de la fórmula que ganó las elecciones, pero desde hace tiempo sostiene una relación cada vez más deteriorada con el núcleo duro del mileísmo. En ese marco, el pedido de que arme su propio espacio político expuso la posibilidad de una ruptura más explícita.
El cruce también muestra un dato incómodo para la Casa Rosada: la interna ya involucra a figuras centrales del Gobierno y no solo a legisladores o dirigentes de segunda línea. Cuando el jefe de Gabinete y la vicepresidenta se enfrentan públicamente, el conflicto deja de ser ruido de redes y pasa a convertirse en un problema de gobernabilidad.
La nueva disputa no se entiende sin el antecedente inmediato: las críticas de Villarruel a Javier Milei por replicar publicaciones de Lilia Lemoine en su contra. La vicepresidenta había dicho que le preocupaban las "persecuciones imaginarias" del Presidente y acusó a la diputada libertaria de difundir inventos.
Ese episodio dejó una herida abierta dentro del oficialismo. Desde entonces, el entorno presidencial interpreta cada intervención de Villarruel como una maniobra política propia, mientras la vicepresidenta denuncia ataques y cuestiona el trato que recibe desde sectores de La Libertad Avanza.
La respuesta a Santilli vuelve a mostrar que la relación entre Milei y Villarruel está en un punto crítico. Aunque ambos llegaron al poder en la misma fórmula, el vínculo político aparece cada vez más roto y con menos canales de contención.

El rol institucional de Victoria Villarruel vuelve más delicada la pelea. Como presidenta del Senado, la vicepresidenta ocupa un lugar clave para la estrategia legislativa del Gobierno, especialmente en un Congreso fragmentado donde el oficialismo necesita negociar cada proyecto.
La Casa Rosada depende de acuerdos con gobernadores, bloques dialoguistas y sectores opositores para avanzar con reformas. En ese contexto, una disputa abierta con quien conduce la Cámara alta puede complicar la coordinación política y dar señales de desorden hacia aliados y adversarios.
El conflicto también afecta la autoridad interna de Javier Milei. Un Gobierno que construyó su identidad sobre la confrontación con la política tradicional enfrenta ahora una pelea dentro de su propia estructura de poder, con dirigentes del oficialismo acusándose mutuamente de dañar la institucionalidad.
El enfrentamiento entre Villarruel y Santilli golpea uno de los pilares simbólicos de La Libertad Avanza: la idea de representar una ruptura ordenada frente a la dirigencia tradicional. La vicepresidenta acusa a sectores de la política de conspirar contra el mandato popular, mientras un funcionario central del Gobierno la responsabiliza por generar inestabilidad desde adentro.
La contradicción es evidente. El oficialismo denuncia a la casta, pero al mismo tiempo exhibe una interna cada vez más parecida a las disputas de poder que decía venir a superar. Esa tensión puede tener impacto sobre una base electoral que acompañó a Milei esperando firmeza, pero también conducción política.
El riesgo para el Gobierno es que la pelea deje de ser leída como una diferencia de temperamentos y empiece a interpretarse como falta de coordinación en la cima del poder. En momentos de ajuste económico, conflicto social y negociaciones legislativas, la interna puede convertirse en un costo político adicional.

El próximo movimiento dependerá de si la Casa Rosada decide escalar el conflicto o intentar encapsularlo. Una nueva respuesta de Santilli, Milei o dirigentes cercanos al Presidente podría profundizar la fractura y obligar a más legisladores libertarios a tomar posición.
Para Villarruel, el desafío será sostener su perfil propio sin quedar completamente aislada dentro del oficialismo. Para el Gobierno, el problema será administrar una vicepresidenta con legitimidad electoral, poder institucional en el Senado y voluntad de responder públicamente cada vez que se sienta atacada.
La pelea ya dejó una señal clara: la interna libertaria no está cerrada. Al contrario, cada nuevo cruce confirma que la convivencia entre Milei, Villarruel y el elenco político del Gobierno atraviesa una etapa de máxima fragilidad.
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