3 de agosto de 2026
La empresa Sabri Catamarca S.A., radicada en Recreo desde 1984, despidió a 110 trabajadores en el último mes y redujo su plantel a apenas 30 empleados, según denunciaron ex operarios. La firma atribuyó la crisis a la apertura de importaciones, la caída del consumo y los problemas de competitividad de la industria textil argentina.
La crisis de la industria textil volvió a impactar con fuerza en el interior del país. En la ciudad de Recreo, provincia de Catamarca, la empresa Sabri Catamarca S.A., dedicada a la fabricación de indumentaria de trabajo, redujo drásticamente su personal tras una nueva ola de despidos. De acuerdo con los trabajadores, en el último mes fueron desvinculadas 110 personas, mientras que actualmente sólo permanecen unos 30 empleados en actividad.
La fábrica, fundada en 1984 por Juan Carlos Brieva, llegó a emplear a unas 350 personas y durante décadas fue uno de los principales motores económicos de Recreo. Incluso en su sitio web la compañía todavía sostiene que conserva alrededor de 180 puestos de trabajo, aunque los trabajadores aseguran que la dotación actual es muy inferior.
La planta industrial cuenta con 20.000 metros cuadrados y desarrolla todo el proceso productivo, desde la fabricación de la tela hasta la confección y terminación de las prendas. Produce principalmente mamelucos, camisas y pantalones de trabajo destinados al mercado nacional.
Sin embargo, la reducción del personal se aceleró durante los últimos meses. En una entrevista concedida en marzo de 2025 a La Voz de Recreo, Carlos Brieva había señalado que la empresa tenía 160 empleados. Luego la plantilla descendió a 140, hasta llegar a los despidos masivos registrados durante junio.
Según relataron los trabajadores, las cesantías alcanzaron a 30 empleados efectivos y 50 contratados, mientras que anteriormente ya se habían producido otras desvinculaciones. La mayoría de quienes tenían contratos temporarios aseguró haber recibido la notificación mediante mensajes de WhatsApp.
Los ex empleados sostienen que la situación financiera de la empresa comenzó a deteriorarse varios meses antes de los despidos.
Una trabajadora despedida y jefa de hogar, afirmó que la empresa acumulaba atrasos en el pago de salarios, aguinaldos y otros conceptos laborales.
"La situación en la empresa es complicada. Los 30 trabajadores que quedaron cobran el sueldo en tres cuotas. De los 80 despedidos, sólo les pagaron a ocho que iban todos los días a reclamar. Al resto no le pagaron nada. Incluso no nos van a pagar ni la indemnización que nos corresponde", sostuvo.
La trabajadora también aseguró que la empresa retenía aportes previsionales que, según denunció, no eran derivados a los organismos correspondientes, situación que -afirmó- dejaba a parte del personal sin cobertura de obra social.
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Los trabajadores despedidos reclaman el pago de salarios, aguinaldos, vacaciones e indemnizaciones frente a la fábrica.
Los ex empleados describieron además distintas situaciones que, según afirmaron, formaban parte de la dinámica laboral dentro de la planta.
Basso sostuvo que durante varios años los trabajadores contratados eran despedidos antes del pago del aguinaldo y luego reincorporados.
También denunció que los empleados efectivos fueron obligados a firmar contratos cuyo contenido no pudieron leer previamente y que esos documentos incluían restricciones para afiliarse a un sindicato o tomar fotografías dentro del establecimiento.
Según su testimonio, la empresa también solicitaba realizar horas adicionales sin abonarlas y, en períodos de mayor producción, organizaba jornadas laborales de hasta 16 horas, sin el pago correspondiente de horas extras nocturnas.
La ex empleada agregó que existían controles sobre los tiempos de permanencia en los baños mediante cámaras instaladas en sectores cercanos y que, según denunció, las ausencias por enfermedad derivaban en importantes descuentos salariales.
Estas afirmaciones corresponden a denuncias realizadas por trabajadores despedidos y no fueron respondidas específicamente por la empresa en el comunicado difundido tras el conflicto.
Frente a las versiones sobre un posible cierre definitivo, Martín Brieva, integrante de la segunda generación de propietarios, difundió un comunicado para explicar la situación de la compañía.
La empresa aseguró que el objetivo no es cerrar la planta y afirmó que las medidas adoptadas buscan preservar la continuidad de la actividad.
Entre las causas de la crisis mencionó:
el incremento de las importaciones provenientes principalmente de China, Brasil e Indonesia;
la elevada presión tributaria y financiera;
la caída del consumo interno;
la desaparición de proveedores nacionales de hilado.
Según explicó la compañía, el cierre de las dos principales proveedoras de hilado del país volvió inviable el funcionamiento del sector de telares, históricamente uno de los principales generadores de ingresos de la fábrica.
Además, señaló que los extensos plazos de cobro impuestos por los clientes -de entre 30 y 90 días- agravaron los problemas de liquidez necesarios para afrontar salarios, cargas sociales e insumos.
En ese contexto, la empresa sostuvo que la reducción del personal fue una decisión "profundamente dolorosa", aunque reiteró que el cierre de la planta "no es hoy una decisión adoptada".
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La situación genera una fuerte preocupación en Recreo, donde la pérdida de más de un centenar de puestos de trabajo representa un fuerte impacto para la economía local.
La ciudad cuenta con poco más de 21.000 habitantes y tiene una importante dependencia de la actividad industrial. Además de Sabri, funciona otra empresa textil que también atraviesa dificultades y una planta de la industria alimenticia.
Mientras tanto, los trabajadores despedidos mantienen reclamos frente a la fábrica para exigir el pago de salarios, aguinaldos, vacaciones adeudadas e indemnizaciones.
El conflicto de Sabri Catamarca S.A. refleja las dificultades que atraviesa parte de la industria textil argentina, uno de los sectores que viene advirtiendo sobre la caída del consumo interno, el aumento de la competencia de productos importados y el incremento de los costos financieros.
En localidades como Recreo, donde una sola empresa concentra una parte importante del empleo privado, los procesos de reducción de personal tienen un impacto que trasciende a la propia fábrica y alcanzan al comercio, los servicios y la economía regional.
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