3 de agosto de 2026

Política

Política. "El empleo subió": Milei negó la crisis laboral pese a los despidos

El Presidente defendió su gestión ante las críticas por el cierre de fábricas y la pérdida de puestos de trabajo registrado. Pidió mirar los datos agregados y acusó al kirchnerismo de hacer un análisis parcial.

Javier Milei relativizó la caída de empresas y puestos de trabajo, luego de ser consultado en una entrevista por datos atribuidos a la Superintendencia de Riesgos del Trabajo sobre cierres de firmas y pérdida de empleo. El Presidente evitó concentrarse en el dato puntual y defendió una lectura agregada del mercado laboral.

La respuesta de Milei fue económica, pero también política. Sostuvo que, así como cierran empresas, también se crean otras, y puso como contraste los casos de Neuquén, Río Negro y las provincias que adhirieron al RIGI. Además, acusó al kirchnerismo de usar cifras parciales para instalar una idea de deterioro generalizado.

Milei defendió su gestión ante los datos de empleo

El periodista Eduardo Feinmann le planteó al Presidente un dato sensible: la desaparición de empresas y la pérdida de puestos de trabajo, con foco en el Conurbano bonaerense. La pregunta apuntó directo al impacto de la política económica sobre la vida cotidiana de familias, comercios y pymes.

Milei respondió con una distinción metodológica: "¿Usted tomaría un dato agregado o un dato puntual?". Con esa frase, buscó correr la discusión del caso específico hacia una mirada general de la economía.

Luego agregó: "Así como usted me da ese dato puntual negativo, yo le puedo dar un dato puntual positivo o muy positivo en lo que pasa en la provincia de Neuquén, lo que pasa en Río Negro o lo que pasa en todas las provincias que adhirieron a El RIGI".

El Presidente volvió a presentar al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones como una herramienta capaz de dinamizar economías provinciales, especialmente en sectores vinculados a energía, minería e infraestructura.


"Así como se destruyen empresas, se crean empresas"

La frase más fuerte llegó cuando Milei intentó explicar por qué no considera suficiente mirar solo el número de empresas cerradas. "Así como se destruyen empresas, se crean empresas", afirmó.

El argumento presidencial fue que una reducción en la cantidad de empleadores no necesariamente implica, por sí sola, una caída equivalente del empleo. Para explicarlo, recurrió a un ejemplo: "Usted, de repente, podría estar cerrando 10 empresas de una persona, y al mismo tiempo estar abriendo una empresa de 10 personas, la cantidad de empleo es la misma. Sin embargo, en términos de empresa, usted perdió 9 empresas".

La explicación busca instalar una lectura técnica, pero deja un flanco político abierto. Para una familia que pierde el ingreso, para un comerciante que baja la persiana o para una pyme que no logra sostener costos, el promedio agregado puede sonar lejano. La discusión no es solo estadística: también es social.

"El nivel de desempleo está prácticamente constante, en un contexto donde, además, aumentó la oferta de empleo. Esto quiere decir que la cantidad de empleo en la economía subió", remarcó el mandatario.

Los datos laborales que tensionan el discurso de Milei

La defensa de Javier Milei sobre el empleo choca con una serie de indicadores que muestran un mercado laboral más frágil. El dato oficial de INDEC marca que la desocupación fue de 7,8% en el primer trimestre de 2026, con una tasa de actividad de 48,6% y una tasa de empleo de 44,8%. Es decir: el desempleo no explotó, pero tampoco desaparece como preocupación.

El punto más sensible está en el empleo formal. Según el informe de CEPA, elaborado sobre datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo, entre noviembre de 2023 y abril de 2026 se perdieron 341.396 puestos de trabajo registrados en unidades productivas, una caída de 3,46%. En el mismo período, la cantidad de empleadores se redujo en 28.262 casos, a un ritmo promedio de 30 empresas menos por día.

Ese dato permite matizar la respuesta presidencial. Milei tiene razón cuando advierte que mirar solo la cantidad de empresas puede llevar a conclusiones parciales, porque una firma grande puede compensar el cierre de varias unidades pequeñas. Sin embargo, los números de empleo registrado muestran que no se trata únicamente de una "trampa estadística": también hubo pérdida concreta de puestos formales.

Industria, construcción y comercio, los sectores más golpeados

La caída no se distribuye de manera pareja. Según CEPA, la industria manufacturera fue el sector con mayor pérdida absoluta de puestos registrados, con 82.173 trabajadores menos entre noviembre de 2023 y abril de 2026. Le siguieron la administración pública, la construcción y el transporte y almacenamiento.

En términos relativos, la construcción aparece como el rubro más afectado, con una baja de 15,8% en la cantidad de trabajadores registrados. El dato tiene explicación económica y política: el freno de la obra pública, la caída de la actividad privada y el encarecimiento de costos golpearon a uno de los sectores más intensivos en mano de obra.

También aparece un deterioro en la estructura empresaria. El comercio perdió 7.567 empleadores, mientras transporte y almacenamiento retrocedieron en 6.523. Esos rubros tienen fuerte presencia en pymes, comercios familiares, logística, servicios urbanos y economías locales, justamente el universo donde el cierre de una empresa no es un dato abstracto, sino una crisis concreta para trabajadores y proveedores.

Menos asalariados privados y más monotributo

Los datos laborales muestran una transformación silenciosa del mercado de trabajo. Mientras el empleo asalariado privado pierde peso, crecen formas más inestables de inserción laboral, especialmente el monotributo y otras modalidades de trabajo independiente.

Ese movimiento es clave para entender por qué la desocupación puede mantenerse relativamente estable mientras empeora la calidad del empleo. Parte de quienes salen del empleo asalariado formal no aparecen necesariamente como desocupados: pueden pasar al monotributo, a changas, a trabajos informales, a plataformas o a actividades de subsistencia.

Por eso, la discusión no debería limitarse a si la tasa de desempleo sube o baja unas décimas. El dato central es qué tipo de trabajo se está creando, con qué ingresos, con qué estabilidad y con qué cobertura social. En una economía donde crece el cuentapropismo por necesidad, el empleo puede aumentar sin que mejore la vida de los trabajadores.

FATE, ILVA y Lustramax: la crisis detrás del promedio

Los casos empresariales de los últimos meses muestran que el problema no es solo estadístico. FATE, histórica fabricante nacional de neumáticos, anunció el cierre de su planta de San Fernando y 920 despidos. La Secretaría de Trabajo dictó una conciliación obligatoria por 15 días, pero la empresa sostuvo que la decisión de cerrar ya estaba tomada.

En Pilar, la fábrica de porcelanatos ILVA notificó alrededor de 300 despidos y abrió otro conflicto sensible en el cordón industrial bonaerense. Los trabajadores denunciaron que la empresa no se presentó a una audiencia en el Ministerio de Trabajo y cuestionaron el uso de herramientas legales para reducir el costo de las indemnizaciones.

También en el norte del Conurbano, Lustramax quedó envuelta en una protesta por despidos en su planta de Tortuguitas. Los trabajadores realizaron cortes y denunciaron que la empresa buscaba avanzar sobre 29 puestos de trabajo, pese a la conciliación dictada por la autoridad laboral.

Estos casos no prueban por sí solos una tendencia nacional, pero sí le ponen rostro a la discusión. Mientras Milei habla de datos agregados, empresas como FATE, ILVA y Lustramax muestran cómo la crisis laboral se expresa en plantas concretas, familias concretas y territorios donde la pérdida de empleo formal deja un impacto inmediato.

La "trampa estadística" y el cruce con el kirchnerismo

Milei también apuntó contra el modo en que la oposición interpreta los datos laborales. Según el Presidente, el cierre de empresas debe analizarse junto con la creación de nuevas firmas y la evolución total del empleo.

En ese tramo, lanzó una acusación directa: "Fíjese esto para entender la trampa estadística y el análisis parcial que siempre hace el kirchnerismo para tratar de plantar estas ideas del desastre".

El recurso ya es habitual en el discurso oficial. Frente a indicadores negativos, Milei suele cuestionar la metodología, el recorte temporal o la interpretación opositora. Esa estrategia puede ser eficaz para sostener a su base política, pero no alcanza para disipar la preocupación sobre sectores donde la caída de actividad, el cierre de comercios y la pérdida de empleo son visibles.

El punto sensible es que la economía argentina muestra comportamientos desiguales. Algunas provincias y sectores pueden beneficiarse de inversiones intensivas en capital, mientras otras ramas vinculadas al mercado interno sufren la baja del consumo, el freno de la obra pública y el encarecimiento del crédito.

¿Y qué pasa con la economía real?

El momento más incómodo llegó cuando Feinmann llevó la discusión al terreno de la economía cotidiana. "La micro de las familias y las empresas para usted no está mal", le planteó el periodista, en una pregunta que buscó salir del debate técnico y volver al bolsillo.

Milei negó esa interpretación: "No estoy diciendo que no esté mal. No somos Suiza, pero estamos mucho mejor que lo que estábamos al momento de inicio".

La frase resume la estrategia oficial. El Gobierno reconoce que la situación no es ideal, pero insiste en que el punto de partida era peor y que el rumbo actual implica una mejora respecto del inicio de la gestión. El problema es que esa comparación puede chocar con la percepción social de quienes todavía no ven una recuperación concreta en salarios, consumo o empleo.

Neuquén, Río Negro y el país de dos velocidades

La mención a Neuquén y Río Negro no fue casual. El oficialismo usa esos casos como ejemplos del impacto potencial del RIGI, la energía y los proyectos de inversión. Vaca Muerta aparece como una de las principales apuestas económicas de Milei para generar dólares, empleo calificado y crecimiento exportador.

Pero esa foto convive con otra realidad. La industria, la construcción, el comercio y distintos servicios ligados al consumo interno siguen mostrando señales de tensión. El riesgo político para el Gobierno es que los polos de crecimiento no alcancen a compensar el deterioro en zonas densamente pobladas como el Conurbano bonaerense.

Esa es la tensión central del modelo: una Argentina que puede crecer por grandes inversiones en sectores estratégicos y otra que todavía siente la pérdida de empleo, la caída de ventas y la fragilidad de miles de pequeñas unidades productivas.

La estadística y la calle no siempre cuentan lo mismo

La respuesta de Milei busca discutir el método: mirar el dato agregado, no el caso puntual. Ese enfoque tiene lógica técnica, pero políticamente resulta insuficiente cuando se acumulan despidos, cierres y conflictos en sectores intensivos en empleo.

La economía argentina puede mostrar mejoras en algunas provincias, especialmente en zonas vinculadas a energía, minería o inversiones bajo el RIGI. Pero esa dinámica convive con otra realidad: industrias que achican planteles, comercios que bajan persianas, construcción paralizada y trabajadores que pasan de la relación de dependencia a formas más precarias de ingreso.

El punto de fondo es que la estabilidad macroeconómica no alcanza si no se traduce en empleo formal, salarios y actividad productiva. Para el Gobierno, el desafío no es solo demostrar que el desempleo no se disparó. Es probar que la recuperación llega a la economía real y no queda concentrada en sectores que generan dólares, pero poco empleo.

Qué significan las palabras del Presidente

En base a sus palabras, el Presidente no piensa abandonar su defensa del programa económico, aun frente a datos negativos sobre empresas y empleo. Su estrategia será insistir en la mirada agregada, contrastar regiones en expansión con sectores en crisis y atribuir parte de las críticas al uso político de las estadísticas.

El costo es que esa explicación puede sonar insuficiente para quienes atraviesan problemas concretos. El cierre de una empresa de una persona puede ser estadísticamente pequeño, pero socialmente enorme para quien pierde su ingreso.

La discusión que se abrió deja una pregunta de fondo para el Gobierno: cuánto tiempo puede sostener la promesa de recuperación si la economía real no muestra alivio parejo. En un país atravesado por la desigualdad territorial y productiva, no alcanza con que algunos sectores crezcan. La política empezará a medirse por cuántos hogares sienten efectivamente esa mejora.

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