3 de agosto de 2026
El oficialismo provincial de Gerardo Zamora arrasó en las municipales y dejó a La Libertad Avanza muy lejos de disputar poder territorial. El resultado expone los límites del armado libertario fuera de los grandes centros urbanos.
La Libertad Avanza sufrió un duro golpe electoral en Santiago del Estero: consiguió apenas tres concejales sobre las 194 bancas que estaban en juego en las elecciones municipales. El resultado dejó al espacio de Javier Milei muy lejos de competir por el control territorial y confirmó la fortaleza del Frente Cívico por Santiago, el armado que lidera Gerardo Zamora desde hace más de dos décadas.
El oficialismo provincial se impuso con amplitud en los comicios locales y rondó el 66% de los votos en el promedio provincial. LLA quedó cerca del 8%, a unos 58 puntos de distancia, sin ganar ninguna intendencia y con una representación mínima en los concejos deliberantes.
El dato más contundente de la elección es la escasa cosecha legislativa municipal de La Libertad Avanza. De las 194 concejalías en disputa, el partido libertario obtuvo solo tres: dos en la ciudad de Santiago del Estero y una en Añatuya.
El número golpea directamente sobre uno de los objetivos centrales del oficialismo nacional: construir estructura territorial propia. En una provincia donde el poder local se define municipio por municipio, quedarse con tres bancas sobre casi doscientas muestra que la marca libertaria todavía no logra traducir su volumen nacional en músculo político municipal.
La elección también deja un mensaje incómodo para la Casa Rosada. El voto presidencial y el voto local no funcionan siempre bajo la misma lógica. Milei puede conservar centralidad nacional, pero eso no garantiza candidatos competitivos, fiscales, redes barriales ni estructura suficiente para disputar intendencias y concejos.
El gran ganador fue el Frente Cívico por Santiago, la coalición que conduce Gerardo Zamora y que combina sectores radicales, peronistas y aliados provinciales. El oficialismo santiagueño volvió a demostrar una maquinaria electoral consolidada, con presencia territorial, intendentes, redes locales y capacidad de movilización.
En la capital provincial, el oficialismo superó los 60 puntos y dejó a la oposición lejos de una disputa real por el municipio. El resultado refuerza el dominio de Zamora en el mapa provincial y muestra que, al menos en Santiago del Estero, el fenómeno libertario no logró perforar la estructura local.
Para el zamorismo, la elección funciona como una ratificación de poder. Para LLA, en cambio, expone un problema de base: sin armado territorial, los candidatos libertarios dependen demasiado del sello nacional y de la imagen de Milei, pero no alcanzan para competir contra estructuras provinciales consolidadas.
La derrota libertaria fue especialmente dura en distritos donde el espacio esperaba mejores resultados. En La Banda, segundo distrito en importancia de la provincia, LLA quedó muy lejos de la pelea principal y apenas arañó el 5%. Allí el Frente Cívico se impuso y logró un triunfo simbólico en una ciudad clave.
En Termas de Río Hondo, el resultado también fue adverso. Los libertarios quedaron en el fondo de la tabla, con menos del 5%, mientras el peronismo local logró recuperar peso en una ciudad donde el oficialismo provincial había sostenido hegemonía durante años.
Esos números muestran que el problema no se limitó a la capital. La debilidad libertaria se extendió a varios puntos estratégicos y dejó en evidencia que el armado provincial no consiguió instalar candidatos con volumen propio.

Tras el revés, las miradas quedaron puestas sobre Tomás Figueroa, referente de La Libertad Avanza en Santiago del Estero y figura clave del armado provincial. El resultado pone bajo revisión la estrategia de competir con sello propio en un distrito dominado por una estructura provincial de larga duración.
El espacio libertario intentó nacionalizar parte de la campaña con apoyos de dirigentes del oficialismo y presencia de referentes ligados al mundo digital y al armado nacional. Pero esa estrategia no alcanzó para compensar la falta de implantación local.
El problema es político, no solo electoral. Si LLA quiere llegar competitiva a 2027, necesita algo más que videos de apoyo, recorridas y slogans nacionales. Necesita dirigentes con conocimiento territorial, fiscales, acuerdos, candidatos competitivos y una oferta municipal que hable de problemas concretos de cada ciudad.
El resultado de Santiago del Estero no define por sí solo el futuro nacional de Javier Milei, pero sí deja una advertencia. La Libertad Avanza puede ser fuerte en la conversación pública, en redes y en elecciones polarizadas, pero en comicios locales la estructura sigue pesando.
El oficialismo nacional ya sabe que su mayor desafío de cara a la reelección no será solo sostener votos, sino convertir adhesión política en organización territorial. Sin intendentes, concejales y dirigentes locales, cualquier proyecto nacional queda más expuesto a depender de acuerdos con fuerzas tradicionales.
La paradoja es evidente. Milei construyó su identidad contra la casta, pero para disputar poder en provincias como Santiago del Estero necesita una estructura que, por ahora, no tiene. Y donde no aparece esa estructura, los oficialismos provinciales siguen administrando el territorio con mucha más eficacia.

La derrota en Santiago del Estero muestra los límites del crecimiento libertario en el interior profundo. El partido logró instalar una marca nacional potente, pero todavía no consiguió convertirla en poder municipal en distritos dominados por redes políticas provinciales.
Para el Gobierno, el golpe llega en un momento sensible, con Milei ya hablando de 2027, con internas abiertas en el oficialismo y con la necesidad de mostrar expansión territorial. Tres concejales sobre 194 bancas no son solo un mal número: son una señal de fragilidad organizativa.
La Libertad Avanza tendrá que decidir si insiste con una construcción propia, si busca alianzas con sectores opositores locales o si acepta que, en varias provincias, la ola nacional no alcanza para romper estructuras consolidadas. Santiago del Estero dejó una postal clara: sin territorio, la épica libertaria se achica rápido.
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