5 de agosto de 2026
El epicentro está en la provincia de Ituri, pero el virus se extendió a otras 4 provincias. Es la cepa Bundibugyo, para la que aún no hay vacuna ni tratamiento aprobado. Se trata del brote de ébola de crecimiento más rápido registrado en la historia. La OMS y las autoridades piden más apoyo internacional para frenar la epidemia.
El
brote de ébola en el este de la República Democrática del Congo (RDC) ha
superado las 1.700 muertes y se ha convertido en el de más rápido crecimiento
registrado, con más de 3.800 casos confirmados desde su declaración el 15 de
mayo.
Según las últimas actualizaciones oficiales del gobierno congoleño (datos hasta el 2 o 3 de agosto), se reportaron entre 3.802 y 3.874 casos confirmados y entre 1.707 y 1.751 fallecimientos, lo que representa una tasa de letalidad cercana al 45%.
Más
de 700 pacientes permanecen hospitalizados o en aislamiento, y cerca de 750 se
han recuperado.
El epicentro sigue concentrado en la provincia de Ituri (casi el 90% de los casos), una zona remota y afectada por la inseguridad de grupos armados. El virus se ha extendido a otras cuatro provincias: Kivu del Norte, Kivu del Sur, Haut-Uélé y Tshopo, incluyendo casos en la ciudad de Kisangani.
Se trata de la cepa Bundibugyo, para la que no existen vacunas ni tratamientos aprobados.
La
Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Centro Africano para el Control y
Prevención de Enfermedades (Africa CDC) advierten que la transmisión
comunitaria es alta: entre el 60% y el 80% de los nuevos casos no se detectan
mediante el rastreo de contactos, lo que indica que el brote avanza más rápido
de lo que las autoridades pueden controlarlo.
Jean Kaseya, director general de África CDC, señaló que "el rastreo de contactos no está funcionando" y que la trayectoria del brote es preocupante. Ya es el segundo mayor brote de ébola de la historia (solo superado por el de África Occidental de 2014-2016) y el más grande registrado en la RDC, superando el de 2018-2020.
Más de 100 trabajadores sanitarios se han infectado. La respuesta se ve obstaculizada por la violencia, ataques a centros de salud, dificultades de acceso a comunidades, escasez de recursos, huelgas de personal por impagos y desconfianza de la población. Uganda, que registró 20 casos (la mayoría importados), declaró el fin de su brote tras dar de alta al último paciente.
La OMS está acelerando ensayos de tratamientos experimentales, profilaxis y vacunas candidatas. El director general Tedros Adhanom Ghebreyesus visitó la región en estos días para evaluar la situación y solicitar más apoyo internacional en financiación, personal y logística.
Autoridades sanitarias y organizaciones humanitarias insisten en que es urgente reforzar el aislamiento de pacientes, el rastreo de contactos, los entierros seguros y la sensibilización comunitaria para frenar la propagación antes de que el brote alcance dimensiones aún mayores.
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