6 de agosto de 2026
Maquinaria de Vialidad del país trasandino cruzó la frontera para colaborar en el despeje del Paso Cardenal Samoré. El episodio expuso problemas operativos del lado argentino en un corredor clave para el turismo, el comercio y la conectividad patagónica.
La polémica en el Paso Cardenal Samoré escaló después de que autoridades chilenas confirmaran que maquinaria de Vialidad de Chile ingresó a territorio argentino para colaborar con el despeje de nieve sobre la ruta internacional. El operativo se dio tras una serie de cierres preventivos y restricciones de circulación solicitadas por el lado argentino en medio de temporales, hielo y acumulación de nieve.
El episodio encendió críticas porque deja al descubierto una pregunta incómoda: por qué una ruta argentina necesitó asistencia operativa chilena para recuperar condiciones de tránsito en uno de los pasos fronterizos más importantes de la Patagonia. Aunque la cooperación binacional existe desde hace décadas, la situación volvió a poner bajo la lupa la capacidad de respuesta de los organismos argentinos en plena temporada alta de invierno.
La confirmación llegó desde el delegado presidencial provincial de Osorno, Alejandro Rehbein, durante una entrevista radial en Puyehue. El funcionario explicó que las interrupciones registradas en los últimos días respondieron en parte a dificultades del complejo argentino para mantener operativo el corredor.
Rehbein señaló que vehículos de la Dirección Provincial de Vialidad de Chile cruzaron hacia territorio argentino para apoyar las tareas de limpieza de nieve. Según dijo, ese trabajo permitió restablecer condiciones de tránsito en el tramo internacional que conecta Villa La Angostura con Osorno.
El funcionario chileno fue cuidadoso en el tono, pero contundente en el diagnóstico. Agradeció que las autoridades argentinas reconocieran sus limitaciones y sostuvo que, una vez finalizado el trámite del lado chileno, los usuarios se encontraban con que el complejo argentino "no tiene las condiciones" necesarias para sostener la circulación normal.

El Paso Internacional Cardenal Antonio Samoré es uno de los corredores más relevantes entre Argentina y Chile. Une la zona de Villa La Angostura, en Neuquén, con la región chilena de Los Lagos, y funciona como vía clave para el turismo, el transporte de cargas y la conexión entre la Patagonia argentina y el sur chileno.
Durante las últimas semanas, la acumulación de nieve y la formación de hielo sobre la Ruta Nacional 231 y la Ruta CH-215 obligaron a disponer cierres preventivos, restricciones al tránsito pesado y operativos especiales de despeje.
A esa situación se sumó el llamado efecto embudo. El cierre prolongado del Paso Cristo Redentor, en Mendoza, y las interrupciones temporales en Pino Hachado derivaron parte del transporte internacional hacia Samoré. El resultado fue una sobrecarga de camiones, autos particulares y colectivos en un corredor que ya venía tensionado por el clima.
La cooperación chilena no es nueva. Según Rehbein, existe desde hace más de 25 años y se fortaleció a partir de 2018. Pero el dato político no pasa por la cooperación en sí, sino por el contexto: en esta ocasión, la ayuda trasandina apareció como respuesta a una dificultad operativa del lado argentino.
Ese punto abre una discusión más amplia sobre infraestructura, planificación invernal y mantenimiento de pasos fronterizos. En la Patagonia, las nevadas intensas no son una sorpresa excepcional: forman parte de la dinámica habitual de la temporada. Por eso, la capacidad de anticipar, despejar, señalizar y sostener la transitabilidad debería ser una prioridad logística.
El problema es que cada cierre no afecta solo a turistas demorados. También impacta en camioneros, agencias de viaje, comercios, hoteles, empresas de transporte, cadenas de abastecimiento y economías regionales que dependen de la circulación constante entre ambos países.

La tensión operativa ocurre en un momento de alta demanda. Durante las semanas centrales de las vacaciones de invierno, los registros oficiales citados por medios regionales indican que se fiscalizaron cerca de 42.000 personas, un incremento del 55% frente a temporadas invernales anteriores.
El movimiento diario suele oscilar entre 1.200 y 2.000 personas, con una circulación de 400 a 700 vehículos particulares y colectivos por jornada. Además, de los más de 530.000 cruces contabilizados durante el primer semestre, el período invernal concentra entre el 15% y el 20% del tránsito total.
Esos números muestran que el Paso Samoré no puede ser tratado como una ruta secundaria. Es una vía estratégica para el turismo de Bariloche, Villa La Angostura, Osorno y Puerto Montt, además de un corredor clave para cargas cuando otros pasos quedan cerrados por temporales.
El ingreso de maquinaria chilena no debería leerse como un conflicto diplomático. La asistencia entre países vecinos puede ser razonable ante condiciones climáticas extremas. El problema es la imagen que deja: mientras Chile exhibe equipos capaces de cruzar y colaborar, Argentina aparece explicando por qué no pudo resolver a tiempo su propio tramo.
La diferencia importa porque los pasos fronterizos también son una vidriera del Estado. Cuando una frontera funciona mal, no solo se demora un viaje: se deteriora la confianza en la capacidad pública para administrar infraestructura básica en zonas críticas.
En una región donde el clima exige previsión, la improvisación se paga rápido. Si la respuesta depende de que el país vecino envíe maquinaria, la discusión deja de ser meteorológica y pasa a ser política: inversión, mantenimiento, coordinación y prioridades del Estado argentino.
Las autoridades de ambos países seguirán monitoreando las condiciones climáticas y el estado de la calzada. Si continúan las nevadas o se mantiene la formación de hielo, no se descartan nuevas restricciones, especialmente para el tránsito pesado.
El punto central será evitar que el paso vuelva a colapsar por acumulación de vehículos y demoras operativas. Para eso, Argentina necesitará reforzar presencia vial, coordinación fronteriza, comunicación con usuarios y disponibilidad de maquinaria propia en los tramos más sensibles.
La polémica deja una advertencia clara: el Paso Samoré no puede depender de respuestas de emergencia. Con turismo récord, camiones derivados por otros cierres y clima extremo, la frontera necesita planificación permanente. La nieve puede explicar una interrupción. La falta de capacidad para despejarla, no siempre.
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