13 de agosto de 2026

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Deportes. Independiente en llamas: la guerra por el poder que dejó a Grindetti contra las cuerdas

El despido de Gustavo Quinteros expuso una crisis que va más allá del fútbol en Independiente. El actual presidente enfrenta un club dividido, con una conducción interna fragmentada y sin unidad política. En medio de la disputa por el poder en las próximas elecciones, vuelve a aparecer el nombre de Gastón Gaudio.

Independiente atraviesa una de esas crisis en las que resulta difícil separar el fútbol de la política. La salida de Gustavo Quinteros, decidida este jueves por la dirigencia, no hizo más que desnudar una realidad mucho más profunda: el problema del Rojo no está solamente en el banco de suplentes.

El entrenador dejó su cargo después de 32 partidos, con 14 victorias, ocho empates y diez derrotas. La dirigencia decidió terminar el ciclo y, mientras busca una solución para el equipo, el club quedó nuevamente atrapado en una discusión que se repite: cambiar al técnico para intentar solucionar un problema que tiene raíces institucionales y políticas.

La pregunta que empieza a recorrer Avellaneda es otra: ¿quién manda en Independiente?

Un presidente con poder formal y una conducción partida

Néstor Grindetti es formalmente el presidente del club. Así figura en la nómina oficial de autoridades de Independiente. Pero el poder político dentro de la institución parece mucho más fragmentado de lo que indica el organigrama.

La conducción que llegó al club nació como una coalición amplia, con sectores vinculados al PRO y dirigentes con diferentes recorridos dentro de Independiente. El objetivo inicial era sacar al club de la crisis heredada y construir una administración capaz de ordenar las cuentas, recuperar competitividad deportiva y devolverle estabilidad institucional.

El problema es que aquella alianza terminó quebrándose. En julio, distintas versiones periodísticas señalaron que Grindetti rompió políticamente con el denominado Grupo Champagne, un sector integrado por dirigentes con peso dentro de la estructura del club, entre ellos el secretario general Daniel Seoane y dirigentes cercanos a Cristian Ritondo. Según esas versiones, las diferencias ya no se limitaban a cuestiones futbolísticas: alcanzaban la conducción cotidiana y, fundamentalmente, el futuro electoral del club.

Ese quiebre cambia por completo el escenario. Porque una cosa es tener diferencias dentro de una comisión directiva. Otra, muy distinta, es que el presidente empiece a gobernar con sectores de su propia conducción jugando su propio partido.

La crisis deportiva terminó de acelerar la interna

El fútbol profesional funciona como el termómetro de cualquier gestión. Cuando el equipo gana, las internas pueden esconderse. Cuando pierde, aparecen todas.

La salida de Quinteros llegó en el peor contexto político posible. El técnico había cuestionado públicamente las dificultades en el mercado de pases y la falta de refuerzos. En los últimos días, incluso había planteado que Independiente necesitaba experiencia y jerarquía para poder competir por objetivos importantes.

Ahora ya no está. Y la dirigencia debe decidir si busca otro entrenador o mantiene un interinato mientras el club se aproxima a una elección que puede cambiar nuevamente el mapa de poder.

El problema es que cada decisión deportiva puede convertirse en una decisión electoral. Si llega un técnico de peso y fracasa, la responsabilidad caerá sobre Grindetti. Si continúa un entrenador interino y el equipo no levanta, también. Si la dirigencia acierta, el presidente puede recuperar aire. En otras palabras: el fútbol se convirtió en la principal moneda de cambio de una interna política que ya está en marcha.

Grindetti quiere seguir, pero ya no tiene el mismo escenario

Grindetti había expresado públicamente su intención de volver a presentarse y continuar al frente de Independiente. En abril aseguró que quería seguir siendo presidente y que buscaba ampliar el equipo de trabajo para una eventual nueva etapa.

Pero entre aquella declaración y el presente ocurrió algo decisivo: la coalición que lo llevó al poder se desarmó. Y ahí aparece la verdadera amenaza para el presidente.

Grindetti no enfrenta solamente a una oposición externa. También debe resolver qué parte de la estructura que lo acompañó seguirá respaldando su candidatura. Ese es el dilema central.

Porque, si el oficialismo llega dividido a las urnas, el presidente puede terminar pagando el costo de una gestión en la que, paradójicamente, no todos los dirigentes que forman parte de la estructura responden a su conducción.

La sombra de Ritondo y el regreso de Gaudio

En este escenario aparece nuevamente Cristian Ritondo. El dirigente político tuvo un papel central en la construcción del frente que terminó desplazando al moyanismo. El armado que llevó a Fabián Doman a la presidencia contó con el respaldo político de Grindetti y Ritondo y tuvo una fuerte impronta vinculada al PRO.

Pero aquella sociedad también terminó mostrando sus límites. Doman renunció meses después y Grindetti terminó ocupando la presidencia. Con el paso del tiempo, las diferencias entre los distintos sectores de aquella coalición se hicieron cada vez más visibles.

Ahora, con las elecciones nuevamente en el horizonte, el nombre de Gastón Gaudio vuelve a circular en la política del Rojo. No es una aparición casual.

Gaudio ya había sido mencionado como una de las figuras que el espacio opositor vinculado al macrismo quería incorporar en el proceso electoral anterior. Incluso mantuvo reuniones con Ritondo y Grindetti y fue presentado como una figura capaz de aportar contactos empresariales e internacionales.

En las últimas semanas, además, volvieron a aparecer versiones que lo ubican cerca de distintos sectores que trabajan sobre el futuro electoral de Independiente.

Por eso, en Avellaneda comenzó a instalarse una hipótesis políticamente explosiva: que sectores vinculados a Mauricio Macri y Ritondo intenten construir una alternativa encabezada o representada por Gaudio para disputarle el club al propio Grindetti.

Esto no significa que la candidatura esté cerrada ni que Gaudio sea actualmente un candidato formal confirmado.

Pero el simple hecho de que su nombre vuelva a aparecer demuestra que la discusión ya dejó de girar en torno a quién será el próximo técnico. La discusión es quién conducirá Independiente después de las elecciones.

El dato que explica todo: la coalición que ganó ya no existe

La historia reciente del Rojo tiene una ironía política. La alianza que desplazó al moyanismo nació con una lógica muy parecida a la de muchas coaliciones políticas nacionales: reunir a sectores diferentes detrás de un objetivo común.

Primero había que sacar al adversario. Después vendría la discusión sobre quién gobernaba. El problema es que el adversario desapareció del centro de la escena y las diferencias internas quedaron expuestas. Doman se fue. Grindetti quedó como presidente. Ritondo conserva influencia política.

El Grupo Champagne mantiene peso institucional. Y distintos sectores ya comienzan a pensar en las elecciones. El resultado es una conducción formalmente vigente, pero políticamente fragmentada.

El fútbol como campo de batalla

En Independiente todo termina impactando en la cancha. La contratación de jugadores, la elección del entrenador, las ventas, las decisiones relacionadas con el fútbol profesional y hasta las declaraciones públicas pueden leerse en clave electoral.

Por eso, la salida de Quinteros tiene una dimensión política que va mucho más allá de su rendimiento. No se trata solamente de si el técnico ganó o perdió.

Se trata de quién tomó la decisión, quién queda expuesto, quién controla el fútbol profesional y quién tendrá que responder ante los socios cuando llegue el momento de votar.

La comisión directiva, mientras tanto, aparece cada vez más atravesada por intereses diferentes. Y ese es, probablemente, el principal problema de Grindetti: ser presidente no necesariamente significa controlar políticamente el club.

Una elección que puede convertirse en un plebiscito

El escenario que se abre es incómodo para todos. Si Grindetti consigue recomponer la relación con los sectores internos y el equipo mejora, puede llegar a las elecciones con posibilidades de defender su gestión.

Si la crisis deportiva continúa y la comisión directiva permanece dividida, la elección puede convertirse en un plebiscito sobre su presidencia.

Y si finalmente aparece una candidatura competitiva alrededor de Gaudio u otra figura respaldada por sectores del PRO, la pelea adquirirá una dimensión todavía mayor: será una disputa por la conducción de Independiente entre quienes llegaron juntos al poder y ahora compiten por quedarse con él.

En ese escenario, el Rojo puede terminar convertido en el espejo de la política argentina: coaliciones que nacen para derrotar a un adversario, dirigentes que comparten una lista pero no necesariamente un proyecto y una pelea por el poder que comienza mucho antes del día de la elección.

Por ahora, el dato más concreto es que Independiente tiene presidente, pero no una conducción política pacificada. Tiene equipo, pero acaba de quedarse sin entrenador. Tiene comisión directiva, pero la interna está al rojo vivo.

Y tiene una elección en el horizonte que puede definir mucho más que el nombre del próximo presidente. Puede definir quién tiene realmente el poder en el club.

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