13 de agosto de 2026

Política

Política. Quién es Leonardo Scatturice, el polémico dueño de Flybondi: del mundo de la inteligencia a una aerolínea al borde del colapso

Pasó de vínculos con el mundo de la inteligencia y negocios tecnológicos en Estados Unidos a ganar protagonismo en el entorno de Javier Milei. En junio de 2025 tomó el control de la low cost. Un año después, la aerolínea enfrenta una grave crisis con cancelaciones, aviones fuera de servicio y deudas acumuladas.

Leonardo Scatturice es uno de esos empresarios cuya historia se mueve en la frontera entre los negocios, la política y los servicios de inteligencia. Nacido en Lanús, tuvo una etapa vinculada a la antigua SIDE y posteriormente desarrolló parte de su actividad empresarial en Estados Unidos, especialmente en los sectores tecnológico y de servicios. Su nombre comenzó a ganar notoriedad pública cuando sus empresas empezaron a obtener contratos con organismos estatales y, al mismo tiempo, se hizo visible su cercanía con sectores del Gobierno de Javier Milei.

Su desembarco más importante en el ámbito empresarial argentino se produjo en 2025, cuando el fondo estadounidense COC Global Enterprise pasó a controlar Flybondi y Scatturice quedó como la figura central del nuevo esquema accionario. La operación tuvo lugar cuando la aerolínea ya arrastraba problemas financieros y operativos.

El nuevo propietario llegó con una apuesta ambiciosa. En diciembre de 2025, Flybondi anunció una inversión de US$1.700 millones para incorporar hasta 35 aeronaves y expandirse hacia nuevos mercados de América Latina y el Caribe. El proyecto contemplaba 15 Airbus A220-300, con opción de compra por otros cinco, y 10 Boeing 737 MAX 10, también con opción por cinco más.

La promesa de expansión, sin embargo, chocó pocos meses después con una realidad completamente diferente.

De los US$1.700 millones prometidos a una empresa casi paralizada

La situación de Flybondi comenzó a deteriorarse de manera acelerada durante 2026.

Entre junio de 2025 y mayo de 2026, la compañía canceló más de 2.500 vuelos, lo que afectó a más de 350.000 pasajeros. En ese período, además, la cantidad de vuelos operados cayó un 64% y el número de pasajeros transportados se redujo un 66% interanual.

El golpe también se reflejó en su participación de mercado.

En febrero de 2026, Flybondi todavía representaba aproximadamente el 25% del mercado doméstico y el 5% del internacional. Tres meses después, en mayo, su participación había caído al 6% del mercado de cabotaje y a apenas el 1,3% del internacional.

El problema central fue la disponibilidad de aeronaves. Aviones que necesitaban mantenimiento quedaron fuera de servicio y, según distintos reportes, también se acumularon incumplimientos vinculados con el leasing y el pago de reparaciones. La consecuencia fue una cadena difícil de cortar: menos aviones disponibles, menos vuelos, más cancelaciones, pérdida de pasajeros y mayores problemas financieros.

Para junio, distintos informes señalaban que la compañía operaba con apenas uno, dos o tres aviones, dependiendo del momento y de la fuente consultada. La diferencia entre esas cifras responde a que algunas aeronaves podían encontrarse técnicamente disponibles, pero no necesariamente en condiciones de sostener operaciones comerciales.

Una deuda que ya no es solamente aeronáutica

La crisis dejó de limitarse a los pasajeros. Flybondi comenzó a acumular reclamos de trabajadores, proveedores y empresas que prestaban servicios a la aerolínea.

Entre los casos mencionados aparece una deuda de $122 millones con Tienda León por traslados terrestres de pasajeros. También surgieron reclamos judiciales de empresas vinculadas con el alojamiento de las tripulaciones.

En julio, además, se informó sobre un reclamo de aproximadamente $660 millones de un hotel porteño por servicios de alojamiento y uso de salones destinados a las tripulaciones.

A esto se sumaron conflictos con trabajadores despedidos y personas que habían aceptado retiros voluntarios.

En agosto, el problema se profundizó: distintos reportes señalaron que más de 700 trabajadores despedidos todavía reclamaban el pago de indemnizaciones o acuerdos de desvinculación. También aparecieron denuncias por salarios pendientes entre quienes permanecían en la compañía.

Agosto: el escenario más delicado

La situación llegó a un punto crítico durante los primeros días de agosto.

Entre el 6 y el 10 de agosto, Flybondi canceló 66 vuelos y atravesó varios días con una operación prácticamente paralizada.

Los últimos reportes ubican a la empresa frente a un escenario todavía más complejo: deudas con trabajadores y proveedores, reclamos judiciales y la posibilidad de una convocatoria de acreedores.

Incluso se informó que Flybondi acumula salarios impagos desde junio y que los pasajeros afectados por las cancelaciones arrastran reclamos por reintegros desde meses anteriores.

El dato más fuerte es el contraste entre la promesa y la realidad.

En diciembre de 2025, Scatturice aparecía como el empresario dispuesto a invertir US$1.700 millones para convertir a Flybondi en una gran aerolínea regional. Ocho meses después, la compañía enfrenta una crisis que amenaza su propia continuidad.

El empresario detrás de Flybondi

Pero para entender quién es Scatturice hay que mirar más allá de la aerolínea. Su trayectoria combina actividad empresarial, tecnología, vínculos con el mundo de la inteligencia y conexiones políticas en la Argentina y Estados Unidos.

Una de sus compañías, OCP Tech, quedó involucrada en contratos con organismos estatales. En enero de 2025, por ejemplo, obtuvo un contrato del Ministerio de Economía por $790,5 millones para prestar servicios vinculados con la protección del correo electrónico corporativo.

Otra empresa relacionada con Scatturice, Tactic Global, mantuvo vínculos contractuales con la SIDE para realizar tareas de asesoramiento estratégico y de enlace entre la Argentina y Estados Unidos. Esto alimentó las versiones sobre su cercanía con el núcleo de poder que rodea al Gobierno de Milei.

Su perfil internacional también le permitió construir contactos dentro del movimiento conservador estadounidense y acercarse a figuras vinculadas con el entorno político de Donald Trump.

El episodio de las valijas

Uno de los episodios que más contribuyó a instalar su nombre en la agenda pública ocurrió en febrero de 2025.

Un avión privado perteneciente a una empresa vinculada con Scatturice llegó a Aeroparque desde Miami. A bordo viajaba Laura Belén Arrieta, vinculada a OCP Tech, junto con la tripulación.

La Justicia investigó el ingreso de equipaje que, según las pruebas incorporadas al expediente, no habría pasado por los controles aduaneros habituales. La Procuraduría de Investigaciones Administrativas señaló irregularidades en torno al vuelo y al procedimiento de control.

La empresa de Scatturice negó que hubiera existido alguna irregularidad y sostuvo que el vuelo, la pasajera y el equipaje habían cumplido con los controles correspondientes.

El episodio convirtió al empresario en uno de los nombres más controvertidos del nuevo entramado de poder económico que rodea al Gobierno.

La pregunta que queda abierta

El caso Flybondi plantea una paradoja difícil de ignorar. Scatturice llegó a la compañía cuando esta necesitaba capital y prometió una expansión extraordinaria. El plan anunciado contemplaba decenas de nuevos aviones y una inversión de US$1.700 millones.

Pero la empresa terminó atravesando una crisis operativa y de liquidez que redujo drásticamente su capacidad de vuelo y multiplicó sus obligaciones pendientes.

La pregunta ya no es solamente qué pasó con Flybondi.

Es qué ocurrió con aquella promesa de inversión y por qué una empresa que anunciaba una expansión histórica terminó enfrentando una crisis de semejante magnitud apenas unos meses después.

Para los pasajeros, el problema se traduce en vuelos cancelados y dinero pendiente de devolución. Para los trabajadores, en salarios e indemnizaciones reclamadas. Para los proveedores, en facturas impagas. Y para Scatturice, en un desafío empresarial que puede definir su reputación mucho más que cualquiera de sus negocios anteriores.

El hombre que llegó a Flybondi prometiendo convertirla en un jugador regional enfrenta ahora la tarea inversa: evitar que la aerolínea que compró termine convirtiéndose en uno de los mayores fracasos empresariales de la nueva etapa de desregulación aerocomercial argentina.

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