14 de agosto de 2026

Economía

Economía. La caída de Le Blé: concurso, deuda millonaria y cierre de locales

La cadena de cafeterías y panaderías atraviesa una crisis financiera marcada por caída del consumo, pérdida de franquicias y falta de crédito. La empresa acumula cheques rechazados, pedidos de quiebra y una fuerte reducción de personal.

La cadena Le Blé pidió la apertura del concurso preventivo de acreedores para intentar evitar el cierre de su negocio, en medio de una deuda declarada de $1.566,8 millones. La presentación fue realizada por Be Larch S.A., la sociedad que opera la marca, y expone el deterioro de una empresa gastronómica que llegó a tener 39 locales y hoy conserva cerca de 20 unidades activas.

El caso refleja el golpe que atraviesa parte del sector gastronómico en la Argentina, afectado por la caída del consumo, el aumento de costos, la salida de franquiciados y las dificultades para acceder al crédito. En el expediente, la compañía declaró 76 acreedores, más de 175 cheques rechazados y dos pedidos de quiebra en trámite.

Le Blé pidió concurso para evitar el cierre

La presentación judicial busca ordenar el pasivo, renegociar deudas y sostener la actividad de la marca. Según la empresa, la cesación de pagos comenzó el 10 de abril de 2026, cuando no pudo cubrir la cámara compensadora bancaria y empezaron a rechazarse cheques.

A partir de ese momento, la situación financiera se agravó con rapidez. La firma sufrió embargos, cierre de cuentas corrientes y reclamos de proveedores. En paralelo, intentó achicar costos, renegociar vencimientos y cerrar locales propios que ya no resultaban rentables.

El objetivo del concurso es ganar tiempo y evitar que la crisis derive en una quiebra. Sin embargo, los números muestran un cuadro delicado: la estructura que Le Blé había armado para crecer quedó demasiado grande para un negocio con menos ventas, menos locales y menos financiamiento disponible.


Una deuda de $1.566 millones y 76 acreedores

La deuda declarada por Be Larch S.A. asciende a $1.566,8 millones y alcanza a bancos, proveedores, organismos fiscales y trabajadores. Entre los principales acreedores aparecen Banco Galicia, Lodiser, ARCA, Banco Ciudad, Banco Nación, Café Expreso y Banco Macro.

La compañía también registra acreencias laborales relevantes, con montos que superan los $112 millones, $76 millones, $66 millones y $57 millones, entre otras obligaciones declaradas.

El endeudamiento financiero también pesa fuerte. De acuerdo con la información del Banco Central, a junio la sociedad tenía $532,3 millones de deuda financiera. Galicia concentraba unos $204 millones, Nación $128,4 millones, Ciudad $109,1 millones y Macro $79 millones.

Cheques rechazados y pedidos de quiebra

Antes de presentarse en concurso, Le Blé acumulaba 175 cheques rechazados por más de $205 millones, la mayoría emitidos entre abril y junio de 2026. Ese dato muestra cómo la falta de liquidez golpeó de lleno sobre la cadena de pagos.

A eso se sumaron dos pedidos de quiebra. Uno fue iniciado por Posta Express S.R.L., tras el rechazo de un echeq por falta de fondos. El otro fue presentado por Molino Chacabuco, proveedor de harina e insumos para panificación, por tres cheques electrónicos rechazados.

El caso de Molino Chacabuco es especialmente sensible por el tipo de proveedor involucrado: una cadena de panadería y cafetería depende de insumos básicos como harina, café, lácteos, panificados y logística cotidiana. Cuando esas obligaciones entran en conflicto judicial, la continuidad operativa queda bajo presión.


De 39 locales a una estructura mucho más chica

Le Blé nació en 2008 como una propuesta inspirada en las boulangeries francesas, con panadería, cafetería y elaboración propia. Su primer local abrió en Colegiales, en la esquina de Álvarez Thomas y Céspedes, impulsado por Pablo "Paul" Petrelli y Donatienne Fievet.

Durante años, la marca logró crecer con locales propios y franquicias. En 2018 ya tenía 22 sucursales y luego llegó a informar 39 locales entre unidades propias y franquiciadas. Incluso evaluó un desembarco en Madrid, como parte de una expansión internacional que finalmente quedó lejos del escenario actual.

Hoy la situación es muy distinta. La firma conserva cerca de 20 locales activos, la mayoría bajo franquicias, y opera directamente solo una unidad. En poco tiempo, la cadena perdió prácticamente la mitad de su red comercial.

Menos ventas, más costos y una estructura pesada

La empresa explicó en el expediente que sus ingresos cayeron durante 2024 y 2025 por la pérdida de unidades comerciales y la salida de franquiciados de alta facturación. A eso se sumó el menor consumo en gastronomía, panadería y cafetería, sectores muy sensibles al poder adquisitivo de los hogares.

Los balances muestran el deterioro. En 2025, Be Larch facturó $2.577,8 millones, por debajo de los $3.079,1 millones registrados en 2024. El resultado también se dio vuelta: pasó de una ganancia de $177,6 millones a una pérdida de $214,3 millones.

El costo de los servicios vendidos llegó a $2.101,9 millones, mientras que los gastos administrativos fueron de $639 millones y los gastos de comercialización alcanzaron $76 millones. La ecuación quedó desbalanceada: menos ingresos, costos altos y una estructura pensada para otra escala de negocio.

El ajuste llegó al personal

La crisis también impactó sobre los trabajadores. La sociedad informó que en noviembre de 2025 tenía unos 49 empleados y que, al momento de pedir el concurso, quedaban 15. En pocos meses, la dotación se redujo en más de dos tercios.

La empresa argumentó que la reducción formó parte de un intento de adaptar los gastos al nuevo tamaño del negocio. También cerró locales propios con pérdidas y realizó cambios administrativos para achicar la estructura.

Pero el ajuste no alcanzó. La falta de liquidez, los cheques rechazados, las deudas bancarias y los pedidos de quiebra terminaron empujando a Le Blé hacia una salida judicial.

La crisis de Le Blé y el golpe al modelo de franquicias

El caso Le Blé expone una discusión más amplia sobre el modelo de franquicias gastronómicas. Durante años, muchas marcas crecieron con nuevas aperturas, consumo sostenido y promesas de expansión territorial. Pero cuando el mercado se achica, el esquema puede volverse vulnerable.

La pérdida de franquicias de alta facturación golpeó directamente sobre los ingresos de la compañía. Al mismo tiempo, la empresa quedó con una estructura administrativa, productiva y financiera diseñada para un negocio más grande.

Ese descalce es uno de los puntos centrales de la crisis. El problema no fue solo vender menos, sino haber crecido con una estructura que necesitaba volumen permanente para sostenerse. Cuando el consumo cayó y el crédito se volvió más difícil, la fragilidad quedó expuesta.

Un síntoma de la gastronomía en caída

La presentación de Le Blé no aparece aislada. Se suma a un escenario más complicado para empresas gastronómicas que crecieron en otra etapa económica y ahora enfrentan alquileres altos, costos laborales, presión impositiva, insumos más caros, menos financiamiento y clientes que recortan salidas.

El deterioro del consumo afecta especialmente a cafeterías, restaurantes, panaderías premium y cadenas con tickets medios más altos. Son rubros donde el público puede ajustar frecuencia, reemplazar marcas o directamente eliminar consumos no esenciales.

En ese contexto, el concurso de Le Blé funciona como una señal de alerta. No se trata solo de una empresa con problemas financieros, sino de un modelo de expansión que empieza a mostrar límites frente a una economía más fría.

Qué puede pasar ahora con Le Blé

El concurso preventivo le permitirá a Be Larch S.A. intentar una negociación ordenada con sus acreedores. Si logra un acuerdo, podría mantener la actividad, preservar parte de los locales y evitar la liquidación del negocio.

El desafío será recuperar caja, sostener proveedores, ordenar bancos, cumplir salarios y mantener la confianza de franquiciados y clientes. Para una marca gastronómica, la reputación y la continuidad operativa son tan importantes como la reestructuración financiera.

El futuro de Le Blé dependerá de si puede achicar su estructura sin perder identidad comercial. La marca todavía conserva presencia en el mercado, pero la deuda, los cheques rechazados y los pedidos de quiebra muestran que el margen de maniobra es cada vez más estrecho.

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