20 de agosto de 2026
El indicador de J.P. Morgan llegó a 532 puntos y acumuló trece ruedas consecutivas de suba. La presión sobre los bonos y el Merval en dólares expone el creciente temor del mercado por el riesgo electoral y los factores locales.
El riesgo país argentino volvió a subir y encendió una nueva señal de alerta en el mercado financiero. El indicador elaborado por J.P. Morgan avanzó 2,9% y llegó a 532 puntos básicos, su nivel más alto desde el 20 de mayo, en una jornada marcada por nuevas caídas en los bonos soberanos y presión sobre los activos locales.
La suba ya acumula 13 ruedas consecutivas, un dato que muestra el cambio de humor de los inversores frente a la deuda argentina. La preocupación principal no aparece ligada únicamente al escenario internacional, sino a factores domésticos: incertidumbre electoral rumbo a 2027, dudas sobre la sostenibilidad política del programa económico y menor apetito por riesgo argentino.
Los bonos soberanos en dólares volvieron a operar en terreno negativo, con caídas de hasta 1%. Los retrocesos estuvieron encabezados por los Globales 2046, 2035 y 2041, en un mercado que mantiene cautela sobre la deuda argentina.
El deterioro resulta más sensible porque se produjo incluso en un contexto en el que la deuda emergente mostró señales favorables. Esa diferencia refuerza la lectura de que el castigo a la Argentina responde más a problemas locales que a un movimiento general de mercados.
La economista Elena Alonso resumió esa idea con una frase directa: "Esto vuelve a mostrar que los problemas argentinos están siendo vistos como principalmente internos, más que producto del contexto internacional".

La suba del riesgo país empezó a incorporar con más fuerza el factor electoral. Aunque todavía falta para la elección presidencial de 2027, los inversores ya descuentan que el calendario político puede traer volatilidad, cambios de expectativas y tensión sobre los activos argentinos.
El analista Mauricio Lerner, de Lerner Capital, recomendó cautela para quienes evalúan posicionarse en el mercado local. "Se recomienda cautela para invertir en Argentina de cara al año electoral que viene. Para quienes son arriesgados, se sugiere parar la pelota, ya que los años electorales son complicados", sostuvo.
La advertencia muestra una sensibilidad conocida en la economía argentina: cuando se acerca una elección, el mercado empieza a exigir más rendimiento para sostener deuda local. Ese mayor rendimiento se traduce en caída de bonos y suba del riesgo país.
El Gobierno de Javier Milei busca mostrar como activos el orden fiscal, la baja de la inflación y la acumulación de reservas. Sin embargo, esos datos no alcanzaron para frenar el deterioro del ánimo financiero.
Desde Max Capital señalaron que "los datos fiscales y la inflación mayorista fueron sólidos en julio, pero el sentimiento del mercado parece estar alejándose gradualmente tanto de los fundamentos como de los factores globales, incorporando los riesgos electorales".
Ese diagnóstico es clave. El mercado no está mirando solo números actuales, sino la capacidad política del Gobierno para sostener el programa económico en el tiempo. En otras palabras, el problema no es únicamente fiscal o monetario: también es de gobernabilidad y expectativa electoral.

La presión también llegó a las acciones argentinas. El S&P Merval subió apenas 0,1% en pesos hasta 2.876.857,97 puntos, pero medido en dólares recortó 0,5% y quedó en 1.817,09 unidades, su nivel más bajo desde el 17 de marzo.
Entre las acciones locales, las mayores subas fueron para Transportadora de Gas del Norte y Ecogas, ambas con avances de 3,8%. En cambio, las bajas más fuertes se registraron en Banco Macro y BBVA, con caídas de 2,2%.
Los ADRs argentinos en Wall Street también mostraron mayoría de rojos. Banco Macro cayó 3,1%, BBVA retrocedió 2,8% e IRSA perdió 1,4%. Entre las pocas subas aparecieron Transportadora de Gas del Sur, con 1,9%, e YPF, con 1,7%.
Uno de los datos más observados por analistas es el desacople entre la Argentina y otros mercados emergentes. Mientras parte de la deuda internacional encontró algo de alivio, los bonos argentinos siguieron golpeados.
El rendimiento del bono del Tesoro estadounidense a 30 años había llegado al 5,33%, su nivel más alto en 19 años, lo que generó presión sobre activos de riesgo globales. Pero luego las tasas largas retrocedieron tras señales del Tesoro norteamericano sobre recompra de deuda.
Aun con ese alivio externo, los activos argentinos no reaccionaron. Esa falta de respuesta refuerza la hipótesis de que el mercado está mirando más el frente interno que las condiciones financieras globales.

La escalada del riesgo país representa un problema político y financiero para el Gobierno. Un indicador por encima de los 530 puntos encarece la percepción de riesgo sobre la Argentina y aleja la posibilidad de volver al mercado internacional de crédito en condiciones favorables.
Para Javier Milei, el desafío es demostrar que el programa económico puede sostenerse no solo por disciplina fiscal, sino también con capacidad de construir respaldo político, aprobar leyes y atravesar el año electoral sin sobresaltos.
El riesgo país funciona como un termómetro de confianza. Cuando sube durante varias ruedas seguidas, indica que los inversores exigen más premio para asumir deuda argentina. Esa señal puede condicionar al Tesoro, a las empresas y al propio discurso oficial de normalización financiera.
La foto del mercado muestra una tensión de fondo. La Argentina mejoró algunos indicadores macroeconómicos, pero todavía enfrenta dudas sobre estabilidad política, sustentabilidad del ajuste y capacidad de sostener consensos mínimos rumbo a 2027.
El castigo sobre bonos y acciones no necesariamente implica una crisis inmediata, pero sí muestra que el mercado dejó de operar con entusiasmo automático. Ahora exige señales más claras: estabilidad, gobernabilidad, acumulación de reservas y menor incertidumbre electoral.
El dato de 532 puntos vuelve a poner al Gobierno frente a una advertencia. Sin confianza política, los fundamentos económicos pueden quedar cortos. Y en la Argentina, cada salto del riesgo país suele traducirse rápido en más presión financiera, más cautela inversora y menos margen para errores.
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