20 de agosto de 2026
Según la Comisión Provincial de la Memoria y la PROCUVIN, en 2025 hubo 224 muertes en prisiones y alcaidías bonaerenses y 203 fueron por problemas de salud (casi 9 de cada 10). Las causas más frecuentes: enfermedades respiratorias y tuberculosis, cáncer y problemas cardíacos. Los focos más críticos: Olmos, La Plata y Florencio Varela Mientras los suicidios y homicidios bajaron, las muertes por falta de atención médica siguen subiendo. Muchos llegan con adicciones, en estado de indigencia y pasan meses en comisarías antes de ser trasladados.
En la Argentina de 2026, morir en la cárcel ya no se asocia principalmente a puñaladas o conflictos entre internos. Los fallecimientos por causas naturales (enfermedades y problemas de salud) crecen de forma sostenida en el sistema penitenciario, según informes recientes de la Comisión Provincial de la Memoria (CPM) -organismo de control de los lugares de encierro de la provincia de Buenos Aires- y de la Procuraduría de Violencia Institucional (PROCUVIN), que supervisa al Servicio Penitenciario Federal (SPF).
Los números en el sistema bonaerense
En 2025 se registraron 224 muertes en prisiones y alcaidías bonaerenses, de las cuales 203 (la gran mayoría) se debieron a problemas de salud. En 2024 habían sido 218 muertes totales, con 194 por enfermedades u otras patologías. En 2023, las muertes por esta causa fueron 133. Los "problemas de salud no asistidos" representan cerca de 9 de cada 10 decesos.
Los principales focos de mortalidad se concentran en los complejos de Olmos (51 casos), La Plata y Florencio Varela.
Las causas más frecuentes son las enfermedades respiratorias y la tuberculosis (76 casos entre ambas, casi el 38% del total), seguidas por cáncer y afecciones cardíacas (49 casos).
Un dato llamativo es el tiempo de detención: el 42,9% de los fallecidos llevaba un año o menos en prisión, y el 22,7% entre dos y tres años. En cuanto a la edad, varios de los muertos tenían entre 31 y 50 años y llevaban poco tiempo encarcelados. En paralelo, los suicidios bajaron (13 casos en 2025 frente a 21 en 2024) y los homicidios se mantuvieron en niveles bajos (cuatro hechos).
La situación en las cárceles federales
El SPF (con alrededor de 11.000-12.000 detenidos, frente a unos 55.000 en el sistema bonaerense) también muestra un aumento. En 2025 se registraron 48 muertes (20% más que las 40 de 2024), de las cuales el 70,8% (34) fueron no traumáticas, vinculadas a enfermedades. Los cuadros respiratorios e infecciosos lideraron (13 casos, muchos de neumonía), seguidos por eventos cardiovasculares.
En el primer semestre de 2026 se contabilizaron 26 muertes, por encima de las 22 del mismo período de 2025. De ellas, 17 fueron por enfermedades (6 infecciosas); la mayoría ocurrió en hospitales extramuros. El Complejo I de Ezeiza concentró 14 decesos. Solo 10 de los fallecidos tenían condena firme; siete eran extranjeros. El promedio de edad en las muertes por enfermedad fue de 57 años, y once de los fallecidos llevaban un año o menos detenidos.
A nivel nacional, datos provisorios del Comité Nacional para la Prevención de la Tortura (CNPT) indican que en 2024 las muertes bajo custodia penitenciaria llegaron a 417, con el 66,9% por enfermedad.
cnpt.gob.ar
Las
razones del fenómeno
El hacinamiento, la falta de recursos y el acceso deficiente a tratamientos médicos son factores estructurales históricos. La CPM ilustra el problema con el caso de Luis Tobal, detenido en el penal psiquiátrico de Melchor Romero: vivía en una celda con humedad, sin vidrio en la ventana, infestada de insectos y con letrina tapada. Sufría patología hepática (cirrosis y hepatitis C) y problemas de salud mental. A pesar de un habeas corpus concedido, no recibió atención adecuada y murió en 2025. Su historia clínica presentaba saltos, registros ilegibles e incluso un dibujo obsceno. La Justicia investiga el caso.
A estos problemas se suman dos factores que subrayan fuentes penitenciarias y organismos de control: las adicciones previas de muchos detenidos y su estado de indigencia o deterioro de salud al momento del ingreso ("vienen cada vez peor a los penales"). El tiempo prolongado en comisarías -celdas sobrepobladas, sin atención médica ni condiciones básicas- antes del traslado a una unidad penitenciaria agrava el desgaste físico.
La tuberculosis, en aumento en el país, encuentra un caldo de cultivo ideal en el hacinamiento y la falta de ventilación. Las deficiencias en el seguimiento médico, la demora en derivaciones y la mediación del servicio penitenciario que dificulta el acceso a la atención sanitaria completan el cuadro.
Mientras las muertes violentas (suicidios y homicidios) tienden a bajar o estabilizarse, las muertes por enfermedad se consolidan como la principal causa de deceso bajo custodia.
El
fenómeno refleja no solo las condiciones del sistema carcelario, sino también
el estado de vulnerabilidad con el que muchas personas ingresan a él.
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