22 de agosto de 2026
La histórica firma santafesina arrastra una deuda de $15.945 millones, más de 2.900 cheques rechazados y meses de parálisis productiva. El caso expone el deterioro de una marca emblemática y el impacto sobre trabajadores y productores tamberos.
Lácteos Verónica solicitó la apertura de su concurso preventivo de acreedores para evitar la quiebra, después de meses de crisis financiera, parálisis productiva y cesación de pagos salariales. La empresa santafesina declaró un pasivo de $15.945 millones y busca una salida judicial para sostener la continuidad de una marca histórica del sector lácteo argentino.
La presentación tramita ante el Juzgado Nacional en lo Comercial N° 17, Secretaría N° 34, en la Ciudad de Buenos Aires. La compañía, conducida por la familia Espiñeira, opera tres plantas en la provincia de Santa Fe: Clason, Lehmann y Suardi.
El concurso preventivo aparece como el último intento de la empresa para ordenar su pasivo y evitar un desenlace de quiebra. Según la presentación, la firma acumula $4.745 millones en obligaciones bancarias con entidades como Banco Galicia, Banco Santander, Banco Provincia, Banco Ciudad, Banco Industrial, Banco Nación, Banco Macro, Credibel y Catalinas Cooperativa de Crédito.
A ese cuadro se suman más de 2.900 cheques rechazados por un saldo de $11.200 millones, una señal del colapso de la cadena de pagos y de la pérdida de liquidez que arrastra la láctea.
La magnitud de los números muestra que no se trata de una tensión financiera puntual. El caso refleja una crisis profunda de operación, financiamiento y confianza comercial, con impacto directo sobre proveedores, trabajadores, bancos y productores tamberos.

Antes de llegar al concurso, la empresa había impulsado un Procedimiento Preventivo de Crisis con el objetivo de desvincular a unos 200 empleados. Ese camino no logró evitar el deterioro operativo y terminó profundizando la incertidumbre laboral.
Desde el Ministerio de Trabajo de Santa Fe, conducido por Roald Báscolo, admitieron que el desenlace era previsible. La situación llegó al punto de que la provincia debió articular asistencia alimentaria junto a la Municipalidad de Suardi para ayudar a operarios afectados por el cese de haberes.
El delegado de Atilra en Lehmann, Domingo Possetto, sintetizó el clima de incertidumbre: "No sabemos qué puede ocurrir. Los trabajadores no quieren confrontar sino trabajar y cobrar, algo que hace mucho tiempo no pueden hacer".
La crisis también golpea a unos 150 productores tamberos, que reclaman acreencias acumuladas por alrededor de US$60 millones. Ese dato expone la dimensión territorial del problema: cuando una láctea deja de pagar, el impacto se traslada de inmediato al campo, a los tambos y a las economías regionales.
Los productores no solo enfrentan el atraso en los pagos. También quedan atrapados en una cadena que depende de continuidad industrial, logística diaria y colocación de leche cruda. En el sector lácteo, la interrupción de una planta no se resuelve fácilmente: la producción primaria necesita salida permanente.
Por eso, el concurso de Lácteos Verónica no afecta únicamente a una empresa. También pone bajo presión a proveedores, transportistas, empleados, comercios locales y familias vinculadas a la actividad tambera.

En paralelo, la cooperativa cordobesa Copalac acordó operar a fasón las instalaciones de Suardi para ingresar leche cruda y producir leche en polvo. El convenio permitirá dar ocupación provisoria a 30 trabajadores y reactivar parcialmente una planta que venía golpeada por la parálisis.
Desde Atilra aclararon que "Copalac asumirá la responsabilidad solidaria por las obligaciones laborales y de la seguridad social de los empleados que se incorporen a prestar tareas en el marco de este acuerdo".
El pacto funciona como una salida transitoria, pero no resuelve el fondo del problema. La continuidad de la firma dependerá de la evolución del concurso, de la capacidad de ordenar deudas, de recuperar producción y de reconstruir vínculos con productores y proveedores.
Lácteos Verónica fue durante años una de las marcas reconocidas del mercado argentino, con presencia en góndolas, productos frescos, leche en polvo y exportaciones. Entre enero de 2020 y abril de 2025, llegó a exportar manufacturas por más de US$102 millones a mercados internacionales.
Ese antecedente vuelve más fuerte el contraste con la situación actual. La empresa pasó de sostener ventas externas a pedir protección judicial para evitar la quiebra, en medio de cheques rechazados, deuda bancaria, reclamos salariales y proveedores impagos.
La caída también refleja las tensiones de una industria láctea marcada por costos altos, caída del consumo, dificultades de financiamiento y problemas estructurales en la relación entre producción primaria e industria.

El concurso preventivo le permitirá a la empresa intentar una negociación ordenada con sus acreedores. Si logra avanzar, podría mantener parte de la operación, evitar la liquidación de activos y sostener empleos. Si fracasa, el riesgo de quiebra seguirá latente.
El desafío será reconstruir caja, recuperar proveedores, normalizar salarios, sostener plantas y ofrecer una propuesta viable a bancos, tamberos y acreedores comerciales. Para una empresa alimenticia, la confianza es clave: sin leche, insumos y trabajadores, la marca no puede volver a operar con normalidad.
El caso Verónica deja una señal de alerta para el sector. La crisis ya no se mide solo en balances: se siente en pueblos, tambos y fábricas que dependen de una cadena productiva cada vez más tensionada.
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