23 de agosto de 2026
Una encuesta de Opina Argentina mostró un salto del pesimismo económico y expuso el deterioro del humor social. La desocupación aparece como la principal preocupación y casi la mitad de los consultados afirma que no llega a fin de mes.
Las expectativas económicas volvieron a caer con fuerza y encendieron una señal de alerta para el Gobierno de Javier Milei. Según el último informe de Opina Argentina, el 60% de los consultados cree que su situación personal empeorará en los próximos meses, un salto de 7 puntos respecto del relevamiento anterior.
El dato golpea sobre uno de los pilares del discurso oficial: la idea de que la mejora macroeconómica empezaría a traducirse en alivio para los hogares. Sin embargo, el sondeo muestra una brecha persistente entre los indicadores que exhibe la Casa Rosada y la experiencia cotidiana de las familias.
El informe revela que el pesimismo económico alcanzó en agosto su nivel más alto desde el final del gobierno de Alberto Fernández. Para la consultora, el malhumor social vinculado al rumbo de la economía dejó de ser una percepción coyuntural y pasó a convertirse en un rasgo más estable de la opinión pública.
El relevamiento fue realizado sobre 1.507 casos de forma online en todo el país entre el 7 y el 11 de agosto. La medición muestra que la expectativa de deterioro personal crece en un momento clave para el oficialismo, que ya empezó a ordenar su narrativa política rumbo a 2027.
La alarma para el Gobierno no está solo en el número general. También aparece en la velocidad del deterioro: el salto de 7 puntos en un mes refleja que la paciencia social frente al ajuste empieza a mostrar límites más visibles.
La encuesta también expone una microeconomía bajo presión. El 48% de los consultados afirmó que no llega a fin de mes, mientras que apenas el 18% dijo haber podido ahorrar durante el último mes. Otro 32% señaló que logró cubrir sus gastos básicos, pero sin margen para guardar dinero.
Ese cuadro se traslada directamente al consumo. El 62% sostuvo que no es un buen momento para comprar electrodomésticos y el 75% aseguró que no realizó gastos en salidas de esparcimiento, como cine, teatro o cenas, durante el último mes.
Los datos muestran que la baja de la inflación no alcanza, por sí sola, para recomponer expectativas. Para una parte importante de la población, el problema central sigue siendo el ingreso disponible, la capacidad de compra y la posibilidad de sostener consumos básicos sin endeudarse.
La desocupación se consolidó como el principal problema que los argentinos esperan que el Gobierno resuelva. El 36% la ubicó en el primer lugar de sus preocupaciones, por encima de la corrupción, que alcanzó el 32%, la inflación, con 11%, y la inseguridad, con 9%.
El dato laboral se refuerza con otra señal sensible: el 64% de los encuestados declaró sentir temor a que algún integrante de su familia pierda el empleo en los próximos meses.
Ese miedo impacta de lleno en el humor social. Cuando el empleo se percibe en riesgo, las familias postergan consumos, reducen gastos y se vuelven más defensivas frente al futuro. Para el Gobierno, esa dinámica puede complicar el intento de instalar una recuperación sostenida.
El informe también muestra una caída en la confianza sobre el proceso de desinflación. El 55% de los consultados cree que la inflación se acelerará en los próximos meses, mientras que solo el 22% estima que los precios bajarán.
Además, apenas el 34% considera que el Gobierno está resolviendo el problema de la inflación. En cambio, el 63% cree que no lo está solucionando.
La expectativa cambiaria también juega en contra. El 57% prevé que el dólar subirá y el 32% considera que se mantendrá igual. En un país donde el dólar sigue funcionando como referencia de precios y expectativas, esa percepción puede alimentar decisiones defensivas de consumo, ahorro y formación de precios.
La atribución de responsabilidades políticas marca otro punto delicado para la Casa Rosada. El 63% de los encuestados señala al Gobierno de Javier Milei como principal responsable de la crisis económica actual, mientras que el 35% apunta a la gestión anterior de Alberto Fernández, Cristina Kirchner y Sergio Massa.
Ese dato muestra un cambio relevante en el clima político. Al comienzo de la gestión libertaria, la herencia recibida funcionaba como explicación dominante para una parte amplia de la sociedad. Pero, con el paso del tiempo, crece la proporción de ciudadanos que empieza a cargar el costo del presente sobre la administración actual.
El desplazamiento de responsabilidades puede tener impacto electoral. Si la percepción de deterioro se consolida, el Gobierno podría encontrar más dificultades para sostener el argumento de que los problemas económicos son consecuencia exclusiva del pasado.

El sondeo también midió la reacción frente a iniciativas legislativas impulsadas por el Poder Ejecutivo. Alrededor del 60% expresó una opinión negativa sobre tres proyectos enviados al Congreso: la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, la Ley de Inocencia Fiscal y el denominado Super RIGI.
En los tres casos, el rechazo superó el 58%. Ese dato agrega una dimensión política al malestar económico: no solo cae la expectativa sobre el bolsillo, sino que también aparece resistencia frente a parte de la agenda legislativa del oficialismo.
Para un Gobierno con minoría parlamentaria, el clima social sobre sus reformas importa. Si las iniciativas pierden apoyo público, la negociación en el Congreso puede volverse más difícil, sobre todo para legisladores y gobernadores que miran encuestas antes de acompañar proyectos sensibles.
El nivel de pesimismo registrado en agosto empata con el que se medía al cierre de la presidencia de Alberto Fernández, una etapa asociada por la opinión pública con un fuerte deterioro económico. Que ese umbral vuelva a aparecer en el tercer año de la gestión libertaria representa una señal de riesgo para el oficialismo.
Milei busca instalar que la Argentina está mejor que cuando asumió y que la elección de 2027 será una disputa entre "futuro y pasado". Pero la encuesta muestra que una parte creciente de la sociedad mira los próximos meses con preocupación.
El desafío para el Gobierno será convertir los datos macroeconómicos en alivio concreto para los hogares. Si la mejora no llega al empleo, los salarios, el consumo y la capacidad de ahorro, el relato de recuperación puede chocar contra una percepción social mucho más dura.
La encuesta deja una conclusión clara: el bolsillo volvió a ocupar el centro de la escena política. La desocupación, el temor a perder el empleo, la dificultad para llegar a fin de mes y la expectativa de más inflación configuran un cuadro complejo para la Casa Rosada.
El Gobierno todavía puede apoyarse en la baja de la inflación y en algunos indicadores de actividad. Pero el problema es que buena parte de la sociedad no percibe esa mejora como bienestar cotidiano.
En términos políticos, ese desacople puede ser decisivo. Las elecciones no se ordenan solo por indicadores macro, sino por expectativas, ingresos, miedo al desempleo y capacidad de consumo. Hoy, esos datos muestran que el optimismo económico que acompañó el inicio del programa libertario empezó a ceder terreno frente a una preocupación cada vez más extendida.
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