28 de agosto de 2026
El informe "Juventudes desiguales: entre la promesa y la exclusión", elaborado por el Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA-UCA) para el período 2021-2025, expuso fuertes brechas laborales y educativas entre los jóvenes de Argentina. Solo el 14,2% de quienes tienen entre 18 y 25 años accede a un empleo pleno de derechos.
La situación del mercado laboral argentino representa uno de los principales obstáculos para los jóvenes. Según el último informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA-UCA), correspondiente al período 2021-2025, apenas el 14,2% de los jóvenes de entre 18 y 25 años logra acceder a un empleo pleno de derechos, mientras que casi el 70% permanece inactivo, desempleado o inserto en el circuito informal.
El estudio, titulado "Juventudes desiguales: entre la promesa y la exclusión" y realizado con el apoyo de la iniciativa Vidas Desiguales, también expuso profundas diferencias según la posición socioeconómica de los hogares. El acceso a un empleo regular, la posibilidad de continuar estudios superiores y las condiciones para independizarse presentan fuertes brechas entre los distintos estratos sociales.
Uno de los principales datos del informe aparece al analizar el acceso al empleo regular según el nivel socioeconómico. Mientras el 38,9% de los jóvenes del estrato medio alto cuenta con este tipo de inserción laboral, el porcentaje desciende al 19,7% en el estrato muy bajo.
La diferencia también se observa en la situación de quienes atraviesan períodos prolongados sin conseguir trabajo. El informe señala que el desempleo de larga duración, considerado como aquel que supera los seis meses, junto con el empleo inestable, se concentra con mayor intensidad entre los jóvenes pertenecientes a los sectores más desfavorecidos.
De esta manera, la transición hacia la vida adulta aparece atravesada por la desigualdad socioeconómica, con diferencias significativas en posibilidades vinculadas al estudio, el acceso al trabajo, la independencia y la formación de una familia.
El informe del ODSA-UCA también puso el foco en las diferencias educativas entre los jóvenes de Argentina. Según los datos relevados, el 69% de los jóvenes del estrato medio alto inició o completó estudios superiores.
La situación es marcadamente diferente entre quienes pertenecen al estrato muy bajo, donde menos del 10% inició o completó estudios superiores. A su vez, en ese sector, el 64,7% de los jóvenes no terminó la escolaridad obligatoria.
Los datos muestran así trayectorias educativas muy diferentes de acuerdo con el origen socioeconómico. El acceso a estudios superiores y la finalización de la educación obligatoria no se distribuyen de manera homogénea entre los distintos sectores de la sociedad.
Otro de los indicadores destacados por el informe es el de los jóvenes que no estudian ni trabajan, conocidos como NiNi. A nivel nacional, este grupo representa al 20,7% de los jóvenes analizados.
La diferencia vuelve a ser significativa cuando se observa la situación según el estrato socioeconómico. Entre los jóvenes del estrato muy bajo, el porcentaje de quienes no estudian ni trabajan llega al 34,2%, mientras que en el estrato medio alto se ubica en el 8,3%.
También existen diferencias en la posibilidad de dedicarse exclusivamente a estudiar. Esa situación alcanza al 41,2% de los jóvenes de ingresos altos, pero se reduce al 15,6% entre quienes se encuentran en el extremo inferior de la estructura social.
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El estudio incorpora el concepto de "herencia social" para analizar el peso que tienen las condiciones laborales del hogar familiar sobre las trayectorias de los jóvenes.
Entre los hogares de estratos bajo y muy bajo, la posibilidad de que los jóvenes puedan dedicarse exclusivamente a estudiar pasa del 27% al 16,5% cuando el jefe o jefa de hogar pasa de contar con un empleo pleno a encontrarse en una situación de subempleo o desocupación.
Sin embargo, los investigadores de la UCA remarcan que la estabilidad laboral de los padres no alcanza por sí sola para eliminar las desigualdades. Incluso cuando el principal sostén del hogar tiene un empleo de calidad y protegido, las diferencias asociadas a la pertenencia a los sectores de menores recursos permanecen.

Las diferencias sociales también aparecen en indicadores vinculados al bienestar subjetivo, familiar y psicosocial de las juventudes.
De acuerdo con el informe, el malestar psicológico alcanza al 28,5% de los jóvenes del estrato muy bajo, frente al 15,5% del estrato medio alto. La distancia también se observa en las redes de vínculos: la carencia absoluta de lazos de amistad llega al 15,7% en la base social, mientras que se ubica en apenas 1,7% en el estrato más alto.
El estudio vincula la exclusión material y laboral con distintas dimensiones del bienestar de los jóvenes, entre ellas el malestar psíquico, la percepción de control sobre el propio destino y la disponibilidad de redes de contención.
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El informe también incorpora un dato sobre la situación económica de los jóvenes de mayor edad. En términos generales, el 85,5% de los jóvenes de entre 18 y 39 años llega al día 20 del mes sin dinero disponible.
Este indicador se suma a las diferencias registradas en el acceso al empleo, la educación y las posibilidades de desarrollar una trayectoria autónoma durante la transición hacia la vida adulta.
A partir de los datos relevados, el informe del ODSA-UCA plantea la necesidad de una política integral para abordar las distintas dimensiones de la problemática juvenil.
Entre los ejes señalados aparecen la prevención de la deserción escolar, la promoción de empleos formales, la atención del bienestar psicosocial y la protección de la estabilidad de los hogares.
Los investigadores sostienen que las desigualdades que atraviesan a las juventudes no pueden analizarse únicamente desde el mercado laboral, ya que también involucran las trayectorias educativas, las condiciones del hogar familiar y las redes de contención disponibles.
Los datos reunidos por el Observatorio de la Deuda Social Argentina muestran diferencias profundas entre las trayectorias de los jóvenes según su origen socioeconómico. El acceso al empleo formal, los estudios superiores, la posibilidad de dedicarse exclusivamente a estudiar y las condiciones de bienestar presentan brechas significativas entre los estratos.
El impacto de esta desigualdad se extiende a distintas dimensiones de la transición hacia la vida adulta. El desafío planteado por el informe consiste, según sus conclusiones, en abordar de manera simultánea las dificultades educativas, laborales, económicas y psicosociales que atraviesan a las juventudes de Argentina.
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