31 de agosto de 2026
Un funcionario de la administración Trump dijo que las conversaciones son "cándidas" y que "nada está descartado" para presionar a Londres. No hay decisión oficial todavía. Por ahora es presión diplomática. Las Malvinas volvieron a ser un tema internacional. No por una guerra, sino por una negociación de poder entre aliados.
Estados Unidos amenaza con oponerse a la soberanía británica sobre las islas Malvinas (Falklands) si el Reino Unido no incrementa de forma significativa su presupuesto de defensa, según reveló The Telegraph a finales de agosto.
Un alto funcionario estadounidense afirmó que las conversaciones son "cándidas" y que "nada está descartado" como opción para impulsar el "reparto de cargas" que Washington exige a sus aliados de la OTAN.
El aviso llega en un momento de tensión persistente entre ambas potencias. El gobierno de Donald Trump considera insuficiente el plan de inversión en defensa presentado por el Reino Unido y quiere que Londres se acerque al objetivo del 5% del PIB que la Alianza Atlántica ha fijado.
El funcionario indicó que Gran Bretaña recibirá "atención especial" porque tiene "mucho potencial" y que Washington seguirá presionando para que "dé un paso al frente de manera importante".
Antecedentes de la presión
Esta no es la primera vez que el tema aparece en la agenda. En abril de este año, un correo interno del Pentágono filtrado por Reuters planteó revisar el respaldo diplomático estadounidense a las "posesiones imperiales" europeas, entre ellas las Malvinas, como posible represalia contra aliados que no apoyaron plenamente las operaciones contra Irán.
El secretario de Estado, Marco Rubio, restó importancia al documento y lo describió como "solo un mail" con ideas internas, sin carácter oficial.
Estados Unidos mantiene desde hace décadas una posición de neutralidad formal sobre la soberanía de las islas. Reconoce la administración de facto británica, pero no toma partido en la disputa con Argentina y alienta a ambas partes a resolver el diferendo por vía diplomática.
Un cambio de postura tendría un fuerte impacto simbólico y diplomático, aunque no alteraría de inmediato el control efectivo del archipiélago.
Estados Unidos mantiene desde hace décadas una posición de neutralidad formal sobre la soberanía de las islas.
Reacción
británica
El gobierno británico reiteró que su posición es "inquebrantable". Un portavoz afirmó que las islas "son y seguirán siendo un territorio británico de ultramar de acuerdo con los deseos de los isleños". Recordó el referéndum de 2013, en el que el 99,8 % de los votantes, con una participación del 92 %, eligió permanecer bajo soberanía británica.
Londres insiste en que la autodeterminación de los habitantes de las islas es un principio fundamental y que la soberanía "recae en el Reino Unido". El asunto es especialmente sensible en Gran Bretaña por la guerra de 1982, en la que murieron 255 británicos y 649 argentinos.
Este año una bandera "Las Malvinas son Argentinas" fue desplegada por los jugadores de la selección argentina en pleno Mundial 2026.
Contexto
argentino y regional
Argentina reclama las islas como parte de su territorio. El presidente Javier Milei, quien mantiene una relación cercana con Trump, ha reiterado que "las Malvinas fueron, son y serán argentinas". Cualquier señal de Washington que debilite el respaldo implícito a Londres es vista con interés en Buenos Aires, aunque analistas advierten que un cambio formal de la política estadounidense no necesariamente forzaría a Gran Bretaña a negociar.
El episodio forma parte de una estrategia más amplia de la administración Trump de usar palancas diplomáticas y de seguridad para exigir mayor compromiso militar a los aliados europeos. Las Malvinas, un territorio lejano y de alto valor simbólico para el Reino Unido, se han convertido en una de esas palancas.
Hasta el momento no hay un anuncio oficial de cambio de política. Se trata de una amenaza velada, transmitida a través de funcionarios y filtraciones, que busca presionar al primer ministro Andy Burnham.
El desenlace dependerá de si Londres accede a elevar de forma sustancial su gasto en defensa o si Washington decide llevar la presión más allá de las declaraciones.
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