6 de septiembre de 2026
El jefe del OIEA busca suceder a António Guterres desde 2027, pero la escalada entre Javier Milei y Reino Unido por las islas puede alterar los votos en el Consejo de Seguridad. Londres tiene poder de veto y su postulación quedó bajo presión.
La tensión política entre Argentina y Reino Unido por Malvinas abrió un frente inesperado para Rafael Grossi, el argentino que busca convertirse en secretario general de la ONU a partir de 2027. El actual titular del Organismo Internacional de Energía Atómica cuenta con el respaldo de Buenos Aires, pero el endurecimiento del reclamo argentino sobre las islas puede complicar la posición de Londres, uno de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad.
El problema apareció después de una declaración de Donald Trump sobre la posibilidad de revisar la postura de Estados Unidos frente a la soberanía de las Islas Malvinas. Esa frase fue leída por Javier Milei como una oportunidad política y derivó en una cadena nacional en la que anunció la construcción de una base naval en Tierra del Fuego y sanciones contra empresas petroleras que operen en el archipiélago sin autorización argentina.
La candidatura de Rafael Grossi venía siendo observada con atención en el tablero diplomático internacional. Su gestión al frente del OIEA lo ubicó entre los nombres competitivos para suceder a António Guterres, cuyo mandato concluye el 31 de diciembre de 2026.
Sin embargo, el conflicto por Malvinas agrega una variable geopolítica delicada. Reino Unido tiene poder de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU y cualquier tensión bilateral con Argentina puede afectar los cálculos previos sobre la candidatura de un diplomático argentino.
Hasta ahora, Londres respetaba la trayectoria de Grossi y evaluaba la posibilidad de abstenerse en una votación definitiva. Esa abstención hubiera funcionado como un aval tácito, aun cuando Grossi es el candidato respaldado por el Gobierno argentino. Pero el nuevo cruce por Malvinas puede alterar esa ingeniería diplomática.
El giro comenzó cuando Trump respondió en la Casa Blanca una pregunta sobre la posición estadounidense ante Malvinas. "Siempre reviso mis posturas, todas mis posturas. Esta es una de muchas...", contestó el presidente de Estados Unidos.
La frase fue interpretada por la Casa Rosada como una señal de respaldo al reclamo argentino. En ese contexto, Milei avanzó con un mensaje por cadena nacional y buscó mostrar una estrategia más dura sobre la soberanía en el Atlántico Sur.
Durante ese discurso, el Presidente afirmó: "Defender nuestra soberanía requiere pensar en las próximas generaciones y no solamente en la próxima elección. Para eso, la Argentina necesita recuperar su capacidad de pensar estratégicamente, fortalecer a sus Fuerzas Armadas y construir una verdadera política de seguridad nacional de largo plazo".
También agregó: "La seguridad nacional no es solamente la defensa física de nuestro territorio. También significa proteger nuestros recursos estratégicos, nuestra economía, nuestra infraestructura crítica y nuestra capacidad de decidir nuestro propio futuro".
La respuesta británica llegó a través del secretario de Defensa del Reino Unido, Wes Streeting, quien publicó un mensaje crítico contra Milei: "La declaración de Milei durante la noche nos dice más sobre la política interna en Argentina que sobre las Islas Malvinas. Las Malvinas son británicas porque los habitantes de las Malvinas eligen ser británicos. Nuestro compromiso con las Malvinas es absoluto e inquebrantable".
El núcleo del problema para Grossi está en el mecanismo de elección del secretario general de Naciones Unidas. El nombre debe ser votado por el Consejo de Seguridad y luego confirmado por la Asamblea General, un paso que suele ser formal cuando ya existe acuerdo entre las potencias.
Estados Unidos, China, Rusia, Reino Unido y Francia integran el Consejo como miembros permanentes y tienen derecho a veto. Eso significa que cualquiera de ellos puede bloquear una candidatura, aun cuando el postulante cuente con respaldo de otros países.
En las votaciones informales se utilizan tres fórmulas: Encouraged, cuando el voto es favorable; Discouraged, cuando es negativo; y No opinion, que funciona como abstención. En la última ronda, Carolyn Rodrigues-Birkett obtuvo 8 votos favorables, 3 negativos y 4 abstenciones; Rebeca Grynspan consiguió 7 votos favorables, 4 negativos y 4 abstenciones; y Rafael Grossi sumó 7 votos favorables, 6 negativos y 2 abstenciones.
Hasta ahora, esas votaciones se realizaron con boletas de un solo color, sin distinguir si los votos pertenecían a miembros permanentes o no permanentes. En etapas posteriores, cuando se utilicen boletas diferenciadas para miembros permanentes y no permanentes, quedará más claro si alguno de los cinco países con poder de veto está dispuesto a bloquear una candidatura.

La candidatura de Grossi todavía depende de una negociación fina entre capitales. Según la información disponible, Estados Unidos y Francia podrían intervenir para intentar que Reino Unido mantenga una postura de abstención y no avance hacia un veto.
Ese punto es clave porque Milei mantiene una relación política cercana con Donald Trump y con Emmanuel Macron, dos líderes que podrían jugar a favor del candidato argentino. Pero esa red de apoyos enfrenta ahora el costo diplomático de la escalada por Malvinas.
La próxima votación informal está prevista para el 18 de septiembre, en una instancia todavía preliminar del proceso. Si no hay cambios protocolares, los 15 integrantes del Consejo de Seguridad volverán a fijar posición con una boleta de un solo color. Eso significa que todavía no habrá certeza plena sobre la posición británica, aunque la tensión bilateral ya quedó instalada.
Grossi no es el único nombre en carrera. Entre los candidatos con más chances aparecen Carolyn Rodrigues-Birkett, de Guyana, y Rebeca Grynspan, de Costa Rica. Ambas figuran mejor posicionadas que el argentino en el último recuento informal.
También se presentaron Michelle Bachelet, María Fernanda Espinosa, Olara Otunnu, Macky Sall e Ivonne A-Baki, aunque sus nominaciones aparecen con menor volumen de apoyos en esta etapa del proceso.
En ese contexto, cualquier movimiento diplomático puede ser decisivo. Una abstención británica permitiría mantener viva la candidatura de Grossi. Un veto de Londres, en cambio, podría dejarlo fuera de competencia sin necesidad de que avance demasiado el debate en la Asamblea General.
El caso muestra cómo la política exterior argentina puede cruzarse con ambiciones multilaterales de alto nivel. Milei busca instalar la causa Malvinas como eje de política exterior y seguridad nacional, pero esa ofensiva también puede generar costos en espacios donde el Reino Unido conserva poder estructural.
Para Grossi, la dificultad es que su candidatura depende de una arquitectura diplomática que exige neutralizar vetos y sostener apoyos entre potencias. Su prestigio técnico en materia nuclear no alcanza por sí solo si una disputa bilateral empuja a Londres a endurecer su posición.
La situación obliga a la Cancillería argentina a moverse en dos tableros al mismo tiempo: sostener el reclamo por Malvinas y, a la vez, evitar que esa tensión afecte la postulación de uno de los diplomáticos argentinos con mayor visibilidad internacional.
El próximo paso será la votación informal del 18 de septiembre, que servirá para medir si Grossi conserva respaldo suficiente o si la tensión por Malvinas empieza a erosionar su candidatura. La verdadera señal llegará cuando los miembros permanentes voten con boletas diferenciadas.
Si Reino Unido mantiene la abstención, Grossi seguirá competitivo, aunque con un escenario exigente frente a Rodrigues-Birkett y Grynspan. Si Londres decide votar en contra, la postulación argentina quedará prácticamente bloqueada.
Por ahora, el dato político es claro: la reciente escalada entre Argentina y Reino Unido por Malvinas dejó de ser solo un conflicto bilateral y empezó a impactar en la pelea por la conducción de la ONU a partir de 2027.
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