7 de septiembre de 2026

Poder

Poder. Los millonarios proyectos de centros de datos que se negocian en silencio en la Patagonia

Empresas globales miran el sur argentino por su energía, clima frío y disponibilidad de tierras. Neuquén, Chubut y Bahía Blanca aparecen en el mapa de proyectos vinculados a inteligencia artificial.

La Patagonia argentina empieza a ganar lugar en el radar de empresas tecnológicas e inversores que buscan instalar megacentros de datos para abastecer la expansión global de la inteligencia artificial. El interés se explica por una combinación de factores: clima frío, disponibilidad de tierras, energía renovable, gas de Vaca Muerta y menor resistencia social frente a este tipo de infraestructura.

El movimiento todavía está en etapas iniciales, pero ya involucra a compañías energéticas, firmas de infraestructura digital y gobiernos provinciales. En un mundo donde los centros de datos enfrentan cuestionamientos por consumo eléctrico, impacto ambiental y presión sobre redes locales, la Argentina aparece como una opción emergente para proyectos de gran escala.

Patagonia, energía e inteligencia artificial

La carrera por la inteligencia artificial disparó la demanda global de centros de datos. Estas instalaciones concentran servidores, almacenamiento y capacidad de procesamiento para entrenar y operar modelos de IA, servicios en la nube y plataformas digitales de alto consumo energético.

En ese contexto, la Patagonia ofrece ventajas competitivas. El clima frío permite reducir costos de refrigeración, uno de los rubros más relevantes en este tipo de infraestructura. Además, la región combina potencial eólico, recursos hidroeléctricos, gas no convencional y grandes extensiones de tierra.

El atractivo argentino también aparece en un momento de mayor estabilidad macroeconómica relativa y de interés por el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones, el RIGI, una herramienta clave del Gobierno de Javier Milei para atraer capitales en energía, minería, infraestructura y tecnología.

Pampa Energía analiza un proyecto de hasta 500 MW

Uno de los desarrollos más relevantes es el de Pampa Energía, que analiza instalar un centro de datos en Neuquén, junto a la central térmica Loma de la Lata. El proyecto podría consumir hasta 500 megavatios de energía proveniente de Vaca Muerta.

La compañía empezó a estudiar la iniciativa tras recibir consultas a comienzos de este año por posibles proyectos de centros de datos. Rubén Turienzo, director comercial de electricidad de Pampa Energía, describió el cambio de clima inversor con una frase clara: "Empezamos a detectar que había un interés un poco más firme".

El esquema todavía está en una fase temprana. Según la información disponible, Pampa cotiza precios de energía para potenciales interesados y apunta a alcanzar acuerdos iniciales hacia fines de 2026. Los inversores, antes de avanzar a gran escala, evalúan pruebas piloto de entre 20 MW y 40 MW.

Neuquén busca convertirse en un polo de datos

Para Neuquén, el interés tecnológico abre una oportunidad de diversificación. La provincia ya es central para la matriz energética argentina por Vaca Muerta, pero ahora busca ampliar su perfil hacia la infraestructura digital.

El secretario del Consejo de Desarrollo provincial, Rubén Etcheverry, sostuvo que Neuquén combina clima frío, energía hidroeléctrica y gas no convencional. Su objetivo es avanzar hacia un ecosistema de centros de datos que permita reducir incertidumbre para nuevos jugadores.

Etcheverry explicó: "Lo que imaginamos es un clúster o ecosistema de centros de datos, donde una vez que se establezca la primera instalación se disipen prejuicios y riesgos".

La provincia también recibió consultas de compañías como FlexDomes, una firma estadounidense de centros de datos verdes que busca inversores para un proyecto neuquino. La primera etapa contemplaría una carga informática de 120 MW y una inversión estimada en US$ 1.400 millones, con energía de Vaca Muerta.

Chubut y Bahía Blanca también entran en el mapa

El interés no se limita a Neuquén. En Chubut, la compañía polaca Green Capital informó en julio que planea un centro de datos que en una primera etapa podría alcanzar 300 MW, con una inversión de US$ 3.000 millones, y que a futuro podría escalar hasta 3.000 MW.

La empresa alquila alrededor de 1.298 kilómetros cuadrados de tierra al sur de Trelew para construir parques eólicos y solares. Su objetivo es evitar el uso de la red eléctrica nacional y desarrollar una infraestructura energética propia, aunque todavía necesita inversores y prevé postular al régimen de inversiones en 2027.

En la provincia de Buenos Aires también hay movimientos. Pampa Energía acordó proveer 30 MW para la primera etapa de un centro de datos en una zona franca de Bahía Blanca, ciudad con alto potencial eólico. Allí comenzó la construcción de un parque tecnológico y se esperan acuerdos finales de inversión hacia fines de 2026.

OpenAI, Sur Energy y el antecedente de US$ 25.000 millones

El interés por la Argentina ganó visibilidad internacional cuando OpenAI anunció en octubre pasado una alianza con la empresa local Sur Energy para desarrollar un centro de datos alimentado con energía limpia. El proyecto tendría un costo de hasta US$ 25.000 millones y una capacidad de hasta 500 MW.

El caso colocó al país en una agenda donde hasta ahora estaba rezagado frente a sus vecinos. La Argentina cuenta actualmente con centros de datos pequeños y concentrados en Buenos Aires, mientras que Amazon avanza con un megacentro en Chile, Google construye uno en Uruguay y Paraguay presentó planes con respaldo de Taiwán.

El empresario argentino Martín Varsavsky resumió el cambio de percepción con una frase: "Antes Argentina no estaba realmente en el mapa". Para el fundador de varias compañías tecnológicas, el nuevo interés funciona como una señal de que el país busca mostrarse como una plaza con energía abundante y condiciones para invertir.

Los desafíos: conectividad, infraestructura y elecciones

La oportunidad también enfrenta obstáculos importantes. Especialistas del sector advierten que no alcanza con tener energía disponible: hacen falta conectividad internacional, infraestructura eléctrica, fibra óptica, estabilidad regulatoria y acuerdos financieros de largo plazo.

Hadassa Lutz, cofundadora de Cloud2Ground, lo planteó de manera directa: "Todos buscan energía, por eso los desarrolladores internacionales miran a Argentina. Pero decir que tenés energía no es suficiente".

La infraestructura eléctrica para un proyecto de 500 MW podría costar cerca de US$ 900 millones, según estimaciones mencionadas por Pampa Energía. A eso se suma el desafío de conectar la Patagonia con redes digitales internacionales en condiciones competitivas.

También pesa la incertidumbre política. Algunos inversores podrían esperar las elecciones presidenciales de 2027 antes de tomar decisiones definitivas, mientras siguen de cerca el eventual avance de un Súper RIGI con mayores beneficios fiscales.

Milei y la búsqueda de inversiones tecnológicas

El Gobierno de Javier Milei viene intentando instalar a la Argentina como destino para grandes inversiones tecnológicas. En mayo de 2024, el Presidente viajó a Silicon Valley y mantuvo reuniones con referentes de Apple, OpenAI, Google y Meta para promover oportunidades de inversión, incluidas iniciativas en la Patagonia.

Esa estrategia se apoya en dos pilares: disponibilidad energética y reglas de juego más favorables para el capital privado. Para la Casa Rosada, los centros de datos podrían convertirse en una nueva vía para monetizar recursos energéticos, atraer dólares y vincular a la Argentina con la economía global de la IA.

Pero el desafío es transformar el interés en proyectos firmes. Los especialistas advierten que muchos anuncios todavía están en fase exploratoria y que la diferencia entre una consulta comercial y una inversión efectiva puede ser enorme.

El impacto político y económico para Argentina

La posible llegada de megacentros de datos abre una discusión estratégica para el país. En términos económicos, permitiría atraer inversiones multimillonarias, generar empleo calificado, ampliar recaudación local y crear demanda para energía de Vaca Muerta y fuentes renovables.

En términos políticos, le daría al Gobierno una narrativa de modernización productiva: pasar de exportar recursos primarios o energía bruta a ofrecer infraestructura crítica para la inteligencia artificial y la economía digital.

Sin embargo, también aparecen preguntas sensibles. El impacto sobre comunidades locales, tierras, pueblos originarios, redes eléctricas, agua, ambiente y tarifas deberá ser parte del debate público si los proyectos avanzan. En Neuquén, por ejemplo, la zona rural donde se analiza el proyecto de Pampa Energía tiene presencia de familias mapuches y antecedentes de conflictos con empresas energéticas.

Qué puede pasar ahora

El próximo paso será ver si las consultas empresarias se convierten en acuerdos concretos. Pampa Energía busca cerrar compromisos iniciales hacia fines de 2026, mientras Neuquén, Chubut y Bahía Blanca intentan posicionarse como polos posibles para infraestructura digital.

También será clave la decisión de grandes jugadores tecnológicos, conocidos como hyperscalers, que analizan expandir capacidad de procesamiento en regiones con energía abundante y costos competitivos. La Argentina aparece en el radar, pero todavía debe resolver brechas de infraestructura y conectividad.

Por ahora, el dato político y económico es claro: la Patagonia dejó de ser vista solo como territorio energético y turístico, y empieza a aparecer como una posible plataforma para los centros de datos que necesita la inteligencia artificial global.

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