12 de septiembre de 2026
Un informe del OFAVA expone las dificultades de acceso a la vivienda en Argentina. El peso de los alquileres, la falta de crédito y el déficit estructural golpean especialmente a quienes tienen entre 25 y 35 años.
La crisis habitacional atraviesa con fuerza a los jóvenes en Argentina: cerca de 2,5 millones de personas de entre 25 y 35 años no pueden independizarse de su hogar de origen. La cifra representa el 37% de esa franja etaria y muestra el impacto del costo de los alquileres, la falta de acceso a una casa propia y el deterioro de los ingresos.
Los datos surgen del Observatorio Federal de Acceso a la Vivienda Argentina (OFAVA), en base a la Encuesta Permanente de Hogares (EPH). El informe advierte que, dentro del grupo de jóvenes que todavía vive con sus familias, el 46% reside además en hogares con algún tipo de déficit habitacional. Eso equivale a alrededor de 1,2 millones de personas.
El dato central no solo marca una demora en la emancipación. También expone que muchos jóvenes permanecen en casas donde las condiciones habitacionales ya son deficitarias. En ese sentido, la imposibilidad de mudarse no aparece como una decisión individual, sino como parte de un problema económico y social más amplio.
Según el relevamiento, los hogares encabezados por personas de entre 25 y 34 años son los que presentan el mayor déficit habitacional entre todas las franjas etarias, con un 52%, frente al 40% del promedio nacional. Entre quienes tienen jefes de hogar de 18 a 24 años, el déficit llega al 46%, mientras que desciende al 44% entre los de 35 a 44 años y al 31% entre los mayores de 65.
La situación refleja una tensión estructural: quienes deberían estar en la etapa de formar un hogar propio encuentran barreras crecientes para alquilar, comprar o acceder a financiamiento. En un mercado inmobiliario atravesado por precios altos e ingresos rezagados, la independencia residencial se vuelve cada vez más difícil.

Uno de los indicadores que más golpea a los jóvenes es el denominado allegamiento, que identifica la existencia de más de un hogar dentro de una misma vivienda. Entre los hogares encabezados por personas de 18 a 24 años, ese fenómeno alcanza al 13%, aunque luego disminuye con la edad hasta llegar al 1% entre los mayores de 65.
Entre los hogares con jefes de 25 a 34 años, se destacan los problemas de viviendas recuperables mediante mejoras y las situaciones de hacinamiento. Ese componente llega al 29%, el nivel más alto entre todas las edades analizadas.
El impacto social es directo. La falta de acceso a la vivienda posterga proyectos personales, limita la autonomía económica y condiciona decisiones vinculadas con trabajo, familia, movilidad territorial y consumo. Para millones de jóvenes, el alquiler dejó de ser una puerta de salida posible y la casa propia aparece cada vez más lejos.
La crisis habitacional no golpea de la misma manera en todo el país. Tucumán registra la mayor proporción de jóvenes de entre 25 y 35 años que no lograron emanciparse, con 56%. Le siguen Santiago del Estero y Jujuy, ambas con 53%, luego Salta, con 52%, y Catamarca, con 49%.
En el otro extremo aparece la Ciudad de Buenos Aires, donde la proporción baja al 24%. En términos absolutos, sin embargo, la provincia de Buenos Aires concentra poco más de un millón de jóvenes no emancipados, cerca del 40% del total nacional.
La diferencia territorial muestra que el problema combina ingresos, precios del suelo, oferta de alquileres, empleo y disponibilidad de infraestructura. En las provincias del norte, la dificultad para independizarse aparece con más intensidad, mientras que en los grandes centros urbanos el obstáculo principal suele estar marcado por el costo de alquiler y compra.

El informe ubica la dificultad de los jóvenes dentro de un cuadro habitacional más amplio. En Argentina, 5.983.241 hogares presentan al menos una dimensión deficitaria, lo que equivale al 40,3% del total.
Dentro de ese universo, cerca de 2 millones de hogares necesitan una vivienda nueva, mientras que algo más de 4 millones podrían mejorar su situación con refacciones, ampliaciones o conexiones adecuadas a servicios básicos. Al incorporar la demanda potencial de jóvenes que todavía no pudieron formar su propio hogar, la necesidad total llega a unas 2,5 millones de viviendas nuevas.
Aunque el déficit habitacional bajó respecto de 2016, cuando alcanzaba el 43,8%, no logró consolidar una mejora sostenida. El indicador había tocado un piso de 39,3% en 2023, pero desde entonces volvió a subir levemente hasta el nivel actual.
La señal para el sistema político es clara: la vivienda vuelve a ocupar un lugar central en la agenda económica y social. Sin crédito accesible, con alquileres difíciles de sostener y con salarios que no alcanzan para proyectar una mudanza, la independencia joven se transforma en uno de los síntomas más visibles de la crisis.
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