13 de septiembre de 2026

Economía

Economía. Industria en alerta: podrían cerrar 3.300 fábricas este año

Un informe de la consultora I+D advierte que la caída de la demanda, la mora empresarial y el derrumbe productivo pueden acelerar nuevos cierres. El empleo industrial vuelve a quedar bajo presión mientras el RIGI no compensa los puestos perdidos.

La industria argentina atraviesa una nueva señal de alarma: un informe de la consultora I+D, dirigida por el exdirector ejecutivo de la UIA Diego Coatz, advierte que este año podrían cerrar unas 3.300 fábricas si continúa la dinámica actual de caída de producción, falta de demanda y empresas en mora.

El dato vuelve a poner bajo presión al Gobierno de Javier Milei, en medio de un escenario económico donde los sectores que crecen no alcanzan a compensar el deterioro manufacturero.

La advertencia se produce después de que el INDEC informara una caída industrial de 5% mensual y 4,9% interanual en julio. Para el sector fabril, ese retroceso no aparece como un movimiento aislado, sino como parte de una tendencia más profunda: menor consumo interno, caída de pedidos, suspensiones, remates de maquinaria y plantas que directamente bajan la persiana.

Industria argentina: el riesgo de 3.300 fábricas cerradas

El informe de I+D contabilizó la pérdida de 420 empresas industriales solo en mayo y más de 1.500 en lo que va del año. La proyección más dura aparece asociada a un dato sensible: unas 4.000 industrias en mora podrían quedar en riesgo si no mejora el nivel de actividad.

La frase que resume el diagnóstico de Coatz es contundente: "Es destrucción y punto". La definición busca marcar distancia con la idea de una "destrucción creativa" que reemplaza empresas obsoletas por nuevos proyectos productivos.

En este caso, el problema es que muchas firmas no cierran por falta de competitividad estructural, sino por el desplome de la demanda y la falta de horizonte para invertir.

El cuadro golpea especialmente a sectores industriales ligados al mercado interno. Empresas que antes sostenían producción, empleo y proveedores locales ahora enfrentan una combinación difícil: ventas en baja, costos financieros elevados, menor crédito, atraso en pagos y mayor competencia en algunos rubros por importaciones.

De producir a vender máquinas como chatarra

Uno de los síntomas más duros del deterioro industrial es el destino de la maquinaria. En varios cierres de plantas, los equipos no logran ser vendidos a otras fábricas porque casi no hay empresas dispuestas a ampliar producción. El resultado es que máquinas todavía utilizables terminan rematadas o vendidas por partes.

El caso de SKF, la multinacional dedicada a la fabricación de rulemanes que cerró su planta en Tortuguitas tras más de medio siglo de actividad, se convirtió en una imagen del momento industrial.

La escena refleja una pérdida que excede a una empresa puntual: cuando una planta cierra, también se debilitan capacidades productivas, oficios, proveedores, técnicos y empleos acumulados durante décadas.

El problema no termina en el cierre. Muchas compañías tampoco logran recuperar, con la venta de activos, el dinero necesario para cubrir indemnizaciones y costos de salida. Eso agrava el impacto sobre trabajadores y empresas proveedoras que dependen de esas cadenas productivas.

Empleo industrial en crisis y caída del trabajo formal

El deterioro fabril también se refleja en el mercado laboral. En junio se perdieron 12.260 puestos formales y, en comparación con noviembre de 2023, la pérdida total llegó a 354.128 asalariados registrados.

De ese universo, 246.312 corresponden al sector privado, 87.629 al sector público y 20.187 al trabajo en casas particulares.

La caída del empleo formal es uno de los puntos más sensibles para la economía real. En la industria, cada puesto perdido suele tener impacto más allá de la fábrica: afecta comercios locales, transporte, logística, servicios profesionales, talleres, proveedores y consumo en las ciudades donde esas plantas operan.

El riesgo político para el Gobierno es que la estabilización macroeconómica no alcance para contener el malestar si la recuperación no llega al empleo. La baja de la inflación o el orden fiscal pueden perder fuerza social cuando aparecen cierres de plantas, suspensiones y salarios bajo presión.

El RIGI no alcanza para compensar los puestos perdidos

El Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones aparece como una de las principales apuestas del oficialismo para atraer capitales a sectores como energía, minería e infraestructura. Sin embargo, el impacto laboral proyectado no compensa el deterioro del empleo registrado.

Un informe de Misión Productiva citado por Ámbito señala que los 21 proyectos aprobados del RIGI prometen 95.158 puestos de trabajo, entre directos, indirectos, permanentes y temporarios.

Aun si todos se concretaran, equivaldrían apenas al 28% del empleo perdido. Si se consideran solo empleos directos y permanentes, serían cerca de 13.400, apenas el 4% de los puestos destruidos.

Ese contraste muestra una tensión de fondo en el modelo económico. Los grandes proyectos pueden generar divisas, inversión y actividad en sectores estratégicos, pero no necesariamente reemplazan el volumen de empleo que se pierde en la industria tradicional y en las pymes manufactureras.

El dilema del Gobierno frente al derrumbe manufacturero

La advertencia sobre el posible cierre de 3.300 fábricas instala una discusión más amplia sobre el perfil productivo de la Argentina. El país puede atraer grandes inversiones en minería, energía o petróleo, pero si al mismo tiempo pierde entramado industrial, proveedores nacionales y empleo intensivo, la recuperación corre el riesgo de quedar concentrada en pocos sectores.

Esa tensión ya empieza a aparecer en el debate económico. El exministro Domingo Cavallo pidió prestar más atención a los sectores intensivos en empleo y cuestionó que los beneficios fiscales se concentren en actividades con mayores ventajas competitivas, en lugar de alcanzar también a rubros con dificultades.

Para la Casa Rosada, el desafío será mostrar que el programa económico puede ordenar las cuentas públicas sin transformar el ajuste en una pérdida permanente de capacidades productivas.

Para la industria, la urgencia pasa por recuperar demanda, crédito y previsibilidad antes de que más fábricas pasen de producir a rematar sus máquinas.

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