24 de septiembre de 2026
Los hechos comenzaron cuando ella tenía 7 años y se extendieron hasta los 26. Según la investigación, la obligaba a registrar lo que ocurría en cuadernos que luego fueron clave en el juicio. Se presentaba como médico y "mediador espiritual", y usaba ese rol para controlar e imponer normas. El juez Marco Lupica Cristo fijó 17 años; la Fiscalía había pedido 20. La denuncia se hizo en 2022. Un jurado popular lo declaró culpable por unanimidad.
Un
empresario identificado como J.R. fue condenado este miércoles a 17 años de
prisión efectiva por someter a su hijastra a abusos sexuales durante casi dos
décadas, en un esquema de manipulación, control y falsas prácticas espirituales
que comenzó cuando ella tenía 7 años y se extendió hasta los 26.
El juez Marco Lupica Cristo dictó la pena por el delito de abuso sexual con acceso carnal continuado agravado -por el daño a la salud física y mental de la víctima, la guarda y el aprovechamiento de la convivencia mientras ella era menor- en concurso con corrupción de menores.
La
sentencia quedó por debajo de los 20 años que habían pedido la Fiscalía y la
querella.
La denuncia se formuló en 2022, cuando la víctima pudo identificar y relatar los hechos que se habían mantenido ocultos dentro del entorno familiar. Según la investigación, los abusos ocurrieron principalmente en la vivienda donde convivían, pero también en oficinas de las empresas del acusado, hoteles durante viajes y un camión de transporte que tenía una cama.
Los cuadernos, una prueba central
Uno
de los elementos más relevantes del juicio fueron cinco cuadernos que la
víctima escribió durante años por orden del imputado. Los hallaron ocultos
detrás de un placard en la vivienda familiar. No se trataba de un diario
íntimo: el hombre la obligaba a registrar situaciones vinculadas a los abusos y
usaba esa escritura como otra herramienta de control. Esos textos permitieron
reconstruir parte de la dinámica que se había naturalizado durante su infancia
y adolescencia.
El fiscal jefe Maximiliano Breide Obeid y la asistente letrada Cecilia Sabatte sostuvieron que los hechos formaban parte de una estructura prolongada de aislamiento, reglas impuestas y silencios. Un jurado popular de 12 personas declaró responsable al acusado por unanimidad el 1° de julio de 2026, tras diez jornadas de debate.
El discurso de "mediador espiritual"
Durante
el juicio se expuso que J.R., aunque no era médico, se presentaba como tal y
como una especie de "mediador espiritual" con supuestos conocimientos para
curar enfermedades. Utilizaba referencias a energías, conjuros y prácticas
curativas para justificar situaciones abusivas e imponía un sistema de premios
y castigos que la víctima terminó naturalizando.
El
juez consideró que ese vínculo de autoridad, sumado al rol de sostén económico,
permitió que el sometimiento se prolongara durante años.
El magistrado ponderó la duración de los abusos, la relación de poder y las secuelas acreditadas -incluyendo trastorno de estrés postraumático complejo que requiere tratamiento continuo-. Tuvo en cuenta la falta de antecedentes condenatorios y algunas patologías planteadas por la defensa, pero concluyó que esos atenuantes no anulaban la gravedad de los hechos.
Antes del juicio, el acusado intentó suspender el proceso alegando un accidente cerebrovascular. Los estudios médicos descartaron ese cuadro y el debate siguió adelante.
Tras
el veredicto de culpabilidad, pasó de prisión domiciliaria a detención
preventiva. La condena de 17 años cierra la etapa de determinación de la pena.
El caso pone de relieve cómo un entorno de autoridad, aislamiento y creencias impuestas puede sostener abusos durante casi dos décadas hasta que la víctima logra denunciarlo.
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