24 de septiembre de 2026
El deterioro de los ingresos volvió a empujar hacia arriba uno de los indicadores sociales más sensibles. Por su parte, la indigencia saltó al 7,5% y el impacto fue todavía mayor entre los menores de 14 años.
La pobreza en Argentina volvió a subir y alcanzó al 32,3% de las personas durante el primer semestre de 2026, de acuerdo con los datos difundidos por el INDEC para los 31 aglomerados urbanos relevados por la Encuesta Permanente de Hogares. El indicador aumentó 4,1 puntos porcentuales en apenas seis meses, después de haber cerrado 2025 en 28,2%.
La magnitud del deterioro se observa también al proyectar la tasa sobre el total de la población: equivale a alrededor de 15,56 millones de personas bajo la línea de pobreza, unas 2,05 millones más que al cierre del año pasado. La indigencia, en tanto, pasó del 6,3% al 7,5%, lo que representa aproximadamente 3,61 millones de personas.
El nuevo dato corta la mejora que había mostrado el indicador después del salto registrado durante la primera mitad de 2024. La pobreza había alcanzado entonces el 52,9%, cayó al 38,1% en el segundo semestre de ese año, bajó al 31,6% durante la primera mitad de 2025 y tocó el 28,2% en el segundo semestre.
Ahora, el 32,3% informado para los primeros seis meses de 2026 no sólo representa un fuerte aumento respecto del semestre inmediatamente anterior. También queda 0,7 puntos por encima del 31,6% registrado durante el mismo período de 2025, aunque permanece muy lejos del máximo alcanzado dos años atrás.
La indigencia siguió una dinámica similar. Después de haber bajado desde el 18,1% del primer semestre de 2024 hasta el 6,3% de fines de 2025, volvió a subir al 7,5%, un incremento de 1,2 puntos porcentuales en seis meses.
Detrás del aumento aparece un dato clave: los ingresos familiares crecieron mucho menos que el costo de las canastas utilizadas para medir pobreza e indigencia. Durante el período analizado, el ingreso per cápita familiar avanzó en promedio 11,5%, mientras que la Canasta Básica Alimentaria subió 21,4% y la Canasta Básica Total aumentó 19,6%.
Esa brecha implica una pérdida concreta de capacidad de compra para los hogares de menores ingresos. Entre las familias consideradas pobres, el ingreso total familiar promedio fue de $922.755, mientras que la canasta necesaria para superar la línea de pobreza promedió $1.440.395, dejando una brecha del 35,9%.
El problema, por lo tanto, no se explica solamente por la inflación general. La evolución específica de alimentos y de los bienes y servicios incluidos en la canasta básica terminó corriendo por encima de los ingresos que determinan si una familia queda o no debajo de la línea de pobreza.
La situación se vuelve todavía más crítica al observar las edades. El 44,5% de los menores de hasta 14 años quedó bajo la línea de pobreza, una proporción considerablemente superior al promedio general del país.
Entre los jóvenes de 15 a 29 años, el porcentaje llegó al 36,9%, mientras que entre los adultos de 30 a 64 años fue del 28,8%. En los mayores de 65 años, en cambio, la incidencia se redujo al 14,8%, mostrando una fuerte disparidad entre generaciones.
El dato infantil vuelve a colocar el foco sobre uno de los núcleos estructurales del problema social argentino. Casi uno de cada dos chicos vive en un hogar cuyos ingresos no alcanzan para cubrir la Canasta Básica Total.
El mapa de la pobreza también muestra diferencias profundas según la región. El Nordeste encabezó el registro con 41,5%, seguido por Cuyo con 36,7%, mientras que la Patagonia presentó la incidencia regional más baja, con 28,4%.
En el Gran Buenos Aires, la pobreza alcanzó al 32,1% de la población, pero el promedio esconde una diferencia marcada entre la Ciudad de Buenos Aires, con 13,9%, y los partidos del Conurbano bonaerense, donde llegó al 36,9%. Entre los aglomerados, Concordia presentó el nivel más alto, con 56,2%, seguido por Gran Resistencia con 48,6% y Posadas con 42,2%.
La indigencia también tuvo su mayor incidencia regional en el Nordeste, con 10,5%. El Gran Buenos Aires se ubicó después con 8,4%, por encima de la región Pampeana, Cuyo, el Noroeste y la Patagonia.
El nuevo informe aparece en un momento políticamente sensible para el Gobierno. Horas antes de conocerse las cifras, Javier Milei volvió a reivindicar en Nueva York la reducción de la pobreza registrada desde el máximo de 2024 y sostuvo que su administración había sacado a 14 millones de personas de esa situación.
Tras conocerse el informe, el ministro de Economía, Luis Caputo, destacó que el 32,3% continúa muy por debajo del 52,9% registrado durante el primer semestre de 2024. Al mismo tiempo, el dato oficial confirma que la tendencia descendente se interrumpió y que durante los primeros seis meses de 2026 hubo un deterioro frente al cierre del año pasado.
Desde la Casa Rosada sostienen que el incremento sería transitorio y lo vinculan con la aceleración inflacionaria y la pérdida de poder adquisitivo registrada a comienzos del año. La expectativa oficial es que una nueva desaceleración de los precios permita recuperar la reducción de la pobreza durante la segunda mitad de 2026.
La evolución de los próximos meses dependerá de algo más que la inflación. Para que la pobreza vuelva a bajar de manera sostenida, los ingresos deberán recuperar terreno frente a las canastas y el mercado laboral tendrá que generar empleos capaces de sostener esa mejora.
Los datos conocidos hasta ahora muestran dificultades en ese frente. LA NACION consignó una retracción prolongada del empleo privado asalariado registrado y especialistas señalaron que la recuperación de los ingresos reales perdió dinamismo desde la segunda mitad de 2025.
El primer semestre deja así una señal contundente: la fuerte reducción de la pobreza observada desde el pico de 2024 no desapareció, pero la mejora se frenó y retrocedió durante 2026. Con 15,5 millones de personas bajo la línea de pobreza y casi la mitad de los chicos afectados, el comportamiento de salarios, empleo y precios volverá a ser determinante para saber si el aumento fue transitorio o marca un cambio de tendencia.
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