28 de septiembre de 2026
Liquidó el stock de su último local ubicado en Pueyrredón y Arenales. Llegó a tener 8 sucursales. En 2016 sumó tienda online. El sector lo atribuye a la caída de ventas, los altos costos de alquiler y personal, y la competencia de juguetes importados -más del 90% de China- a precios que un comercio formal no puede igualar. En los últimos dos años cerraron más de 300 jugueterías. Las fábricas operan al 30%.
La histórica juguetería Tío Mario bajó la persiana de su último local el sábado 26 de septiembre, a pocos meses de cumplir tres décadas.
La cadena, fundada en abril de 1997 por la familia Karnoubi, llegó a tener ocho sucursales en avenidas comerciales y shoppings de la Ciudad de Buenos Aires. En sus últimos tiempos solo mantenía el local de Pueyrredón, entre Arenales y Beruti, en Barrio Norte.
El cierre se anunció por redes sociales con una liquidación total de stock: 2x1 en artículos seleccionados, 30% en mochilas y cartucheras, 20% en productos de pileta y playa, y descuentos en disfraces y cotillón. Durante esos días solo se aceptó efectivo y no hubo reposición.
El sitio de e-commerce, lanzado en 2016, también quedó inhabilitado.
La Cámara Argentina de la Industria del Juguete (CAIJ) confirmó el cese de operaciones. Julián Benítez, gerente de Relaciones Institucionales, lo describió como un caso que "refleja lo que viene pasando en el sector".
Fuentes cercanas al comercio señalaron que resultó imposible competir con juguetes importados -más del 90% provenientes de China, con creciente llegada desde Vietnam- cuyos precios están muy por debajo de lo que puede sostener un local formal con empleo registrado, alquileres altos y costos de servicios.
El rubro atraviesa una contracción pronunciada. En el primer semestre de 2026 las ventas cayeron alrededor del 10% y en algunos relevamientos se habla de una baja interanual cercana al 20%. Las fábricas operan al 30% de su capacidad.
En los últimos dos años cerraron más de 300 jugueterías o migraron solo a la venta digital.
A la competencia importada se suman la caída del poder adquisitivo, el menor consumo, la baja natalidad, el mayor uso de pantallas, la presión tributaria y las compras por plataformas internacionales o en países limítrofes.
Tío Mario se despide así de un negocio familiar que durante casi 30 años vendió juegos de mesa, coleccionables y cotillón.
Su cierre no es un caso aislado: ilustra la dificultad de los comercios tradicionales de cercanía para sostenerse frente a costos fijos elevados y una oferta importada más barata.
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