8 de octubre de 2026
La compañía dueña de Fiat, Peugeot, Jeep, Citroën y Ram advirtió que evalúa todos los escenarios para sus fábricas de El Palomar y Ferreyra. La empresa cuestionó los costos locales, la apertura del mercado y la pérdida de competitividad frente a Brasil y China.
Stellantis Argentina encendió una señal de alarma para la industria automotriz: la compañía no descarta cerrar una o incluso sus dos plantas en el país si no mejora la competitividad del negocio. La advertencia fue realizada por Herlander Zola, presidente de Stellantis para América del Sur, en medio de la presión por los costos productivos, la apertura importadora y el avance de vehículos fabricados en Brasil y China.
El grupo automotor tiene dos centros industriales en Argentina: uno en El Palomar, provincia de Buenos Aires, donde produce Peugeot 208 y 2008, y otro en Ferreyra, Córdoba, donde fabrica Fiat Cronos, Fiat Titano y Ram Dakota.
Zola fue directo al describir los escenarios que analiza la compañía para sus operaciones locales. "Tenemos dos plantas en la Argentina. Dependiendo del mercado, de las reglas y de la competitividad de los productos, podemos trasladar la producción de una a otra, mantener las dos, cerrar una y mantener la otra o cerrar ambas. El costo de la mano de obra en la Argentina es el doble que en Brasil. Todo puede pasar", afirmó.
La frase generó impacto porque involucra a una de las automotrices más importantes del país y a dos plantas con fuerte peso productivo y laboral. Stellantis reúne marcas como Fiat, Peugeot, Citroën, Jeep y Ram, y ocupa un lugar central dentro de la cadena automotriz argentina.
La advertencia llega en un momento de tensión para la industria local. Las terminales enfrentan caída del mercado interno, presión de autos importados y una discusión creciente sobre costos laborales, carga impositiva, proveedores, exportaciones y reglas de comercio exterior.

La planta de El Palomar es clave para la producción de modelos Peugeot. Allí Stellantis fabrica el Peugeot 208 y el Peugeot 2008, dos vehículos de fuerte presencia en el mercado local.
En Córdoba, la planta de Ferreyra produce el Fiat Cronos, uno de los modelos históricos del mercado argentino, además de la Fiat Titano y la Ram Dakota. Esa unidad fue parte de una apuesta industrial orientada al segmento de pickups y a la integración regional.
El eventual cierre de una planta, o una reorganización de la producción entre ambas, tendría impacto directo en empleo industrial, autopartistas, proveedores logísticos y economías regionales. Aunque la empresa no anunció una decisión definitiva, el mensaje de Zola dejó claro que la continuidad dependerá del mercado, las reglas y la competitividad.
Entre los factores que condicionan el futuro de Stellantis en Argentina, Zola mencionó el costo de producción local y la competencia externa. "Con el mercado cerrado, funcionaba y nos daba un buen nivel de competitividad. Pero con el mercado abierto, definitivamente nos deja fuera de juego", sostuvo.
El ejecutivo también apuntó contra la estructura productiva argentina. Según su diagnóstico, el costo laboral argentino duplica al brasileño y el parque de proveedores local no permite alcanzar niveles suficientes de competitividad.
Otro punto sensible es el avance de los autos chinos. Zola señaló que todas las marcas que producen en Argentina sufrieron la competencia de vehículos importados, no solo desde China, sino también desde Brasil, que ingresan con mejores condiciones de costo.
La definición sobre las plantas argentinas no depende únicamente del mercado interno. Zola remarcó que el polo industrial de Stellantis abastece a América del Sur y que Brasil representa el 65% del volumen regional, por lo que la previsibilidad del mercado brasileño será determinante para cualquier decisión industrial.
Ese dato es clave para entender la estrategia de la automotriz. Argentina no compite solo por sostener ventas locales, sino también por mantener capacidad exportadora dentro de una red regional dominada por Brasil.
En ese marco, cualquier pérdida de competitividad argentina puede derivar en una reasignación de modelos, turnos o inversiones hacia otros destinos. Para la industria local, el riesgo no pasa solo por el cierre de una planta, sino por una reducción gradual de producción y empleo.

La advertencia de Stellantis aparece en un contexto de tensión entre el Gobierno, las empresas industriales y los sindicatos. La administración de Javier Milei defiende una agenda de apertura, reducción de regulaciones y baja de costos, mientras sectores fabriles reclaman previsibilidad, protección frente a importaciones y una política productiva que preserve empleo.
Para los gremios, el planteo de la automotriz puede anticipar un conflicto mayor si se traduce en suspensiones, reducción de turnos o recortes de personal. Para el Gobierno, el caso expone una tensión central de su programa económico: cómo combinar apertura comercial con sostenimiento de la producción local.
La advertencia también puede impactar en las provincias. Buenos Aires y Córdoba tienen en Stellantis dos enclaves industriales relevantes, con trabajadores directos, proveedores y actividad asociada. Una decisión de reestructuración podría convertirse rápidamente en un problema político para el oficialismo nacional y para los gobiernos locales.
El caso Stellantis funciona como un termómetro de la industria argentina. Si una multinacional con escala regional pone en duda la continuidad de sus plantas, el debate sobre competitividad deja de ser abstracto y pasa a tener impacto concreto sobre empleo, inversión y producción.
Por ahora, la empresa no comunicó un cierre ni una fecha para definir el futuro de sus operaciones. Pero la advertencia de Zola instaló un escenario de incertidumbre que golpea de lleno al sector automotor.
En los próximos meses, la evolución del mercado interno, las exportaciones a Brasil, el ingreso de importados y las condiciones de costos serán claves para determinar si Stellantis sostiene sus dos fábricas o avanza hacia una reorganización más profunda de su producción en Argentina.
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