12 de octubre de 2026
Senadores que suelen acompañar al oficialismo dieron señales de autonomía y frenaron movimientos impulsados desde la Casa Rosada. El conflicto golpea a Karina Milei, traba la Comisión de Acuerdos y demora el Súper RIGI.
La oposición dialoguista del Senado empezó a mostrar señales de rebeldía frente a Karina Milei y complicó la estrategia parlamentaria del Gobierno. El primer gesto fuerte fue el vaciamiento de una reunión de la Comisión de Acuerdos para impedir que la libertaria Nadia Márquez asumiera la presidencia del cuerpo en reemplazo del fallecido senador riojano Juan Carlos Pagotto.
La movida encendió alarmas en la Casa Rosada porque no vino de la oposición dura, sino de bloques que suelen colaborar con Javier Milei en votaciones clave. El mensaje fue político: los aliados están dispuestos a acompañar al oficialismo, pero no a aceptar órdenes sin negociación previa.
La tensión quedó expuesta cuando el oficialismo no logró reunir quórum para avanzar con la designación de Nadia Márquez al frente de la Comisión de Acuerdos, un espacio estratégico porque interviene en pliegos judiciales, diplomáticos y militares.
El faltazo de los senadores dialoguistas fue leído como una advertencia directa a la secretaria general de la Presidencia. En el Senado molestó que la decisión llegara desde la Casa Rosada sin consulta previa ni comunicación formal con los bloques aliados.
La bronca se sintetizó en una frase que circuló entre legisladores: "Va a aprender que a nosotros no nos puede manejar por los diarios". Otra senadora fue más dura y advirtió que "nosotros no estamos obligados a rendirle pleitesía".
El trasfondo es claro: Karina Milei busca trasladar al Senado la lógica verticalista que aplica dentro del oficialismo libertario, pero la Cámara alta tiene reglas propias, jefes territoriales, bloques provinciales y dirigentes con poder institucional propio.
La designación de Nadia Márquez no era un trámite menor. La Comisión de Acuerdos quedó vacante tras la muerte de Pagotto y el oficialismo buscaba conservar ese lugar con una legisladora de confianza del mundo libertario.
Sin embargo, la forma en que se intentó imponer el reemplazo generó resistencia. Varios senadores aliados consideraron que la Casa Rosada actuó sin tacto político y sin respetar los equilibrios internos de la Cámara.
El resultado fue un golpe al oficialismo: la reunión no consiguió avanzar y la comisión quedó envuelta en una disputa que puede demorar acuerdos sensibles para el Gobierno.
En términos políticos, el episodio muestra que el Senado ya no funciona como una ventanilla automática para las necesidades de Milei. Incluso los bloques dialoguistas empiezan a exigir trato, negociación y participación en las decisiones.
La rebeldía no se limita a la Comisión de Acuerdos. Otro frente abierto es el proyecto de Súper RIGI, una iniciativa impulsada por la Casa Rosada para ampliar beneficios a grandes inversiones y que ya cuenta con media sanción de Diputados.
El proyecto está trabado por la resistencia del peronista correntino Carlos Espínola y del radical bonaerense Maximiliano Abad, quienes reclaman incorporar una cláusula que obligue a las empresas adheridas al régimen a contratar o comprar al menos un 20% de bienes e insumos a firmas locales.
El Ministerio de Economía, conducido por Luis Caputo, no aceptó hasta ahora ese cambio. Sin acuerdo, el dictamen quedó frenado y el tratamiento en el recinto perdió impulso.
La discusión expone una tensión de fondo: el Gobierno quiere aprobar incentivos fuertes para inversiones, pero sectores dialoguistas buscan introducir condiciones de impacto productivo local. Esa diferencia puede convertirse en una pulseada mayor si el oficialismo no cede.
En medio de este escenario, también generó ruido la reunión bilateral entre Javier Milei y Patricia Bullrich en Olivos. Para varios senadores, el encuentro mostró que la ministra y futura jefa de la bancada oficialista tiene línea directa con el Presidente, sin necesidad de pasar por intermediarios.
La señal no pasó inadvertida. En un Senado donde cada voto cuenta, Bullrich puede convertirse en una figura central para ordenar la tropa libertaria y reconstruir puentes con aliados. Pero ese rol también puede abrir cortocircuitos con Karina Milei, que mantiene un control fuerte sobre el armado político del oficialismo.
El problema para el Gobierno es que la Cámara alta exige muñeca política, no solo disciplina interna. Los aliados provinciales tienen agendas propias, responden a gobernadores y no están dispuestos a quedar subordinados a decisiones tomadas en Balcarce 50.
El desafío de los dialoguistas marca un cambio de clima en el Congreso. Después de varias semanas de actividad paralizada, el Senado volvió a mostrar que puede convertirse en un obstáculo serio para la agenda del Gobierno.
Para Milei, la señal es delicada: necesita aprobar proyectos, sostener nombramientos y evitar que la oposición dura capitalice el malestar de los aliados moderados. Para Karina Milei, el episodio funciona como una advertencia sobre los límites de su poder fuera del ecosistema libertario más disciplinado.
Si la Casa Rosada no recompone el vínculo con los senadores dialoguistas, puede encontrar nuevas trabas en comisiones, dictámenes y sesiones clave. El oficialismo conserva iniciativa política, pero ya no tiene garantizada la obediencia de quienes hasta ahora actuaban como socios parlamentarios.
Comentarios
0Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales.
Iniciá sesión para dejar tu comentario
Iniciar sesiónCargando comentarios...
Denunciar comentario