14 de octubre de 2026

Opinión

Opinión. La dura carta de un jubilado al Presidente Javier Milei: "Escuche el dolor del pueblo"

Señor Presidente de la Nación:

Me dirijo a usted con el mayor de los respetos que merece su investidura presidencial, pero también con la sinceridad de quien ya no puede permanecer en silencio frente al sufrimiento de tantos argentinos.

Señor Presidente, la situación que estamos viviendo se ha vuelto insostenible.

Hay familias que no saben cómo llevar un plato de comida a la mesa, trabajadores que no llegan a fin de mes y argentinos que, después de toda una vida de esfuerzo, hoy luchan para sobrevivir.

Y entre ellos estamos nosotros: los jubilados y pensionados.

Somos quienes trabajamos durante décadas, quienes aportamos, criamos a nuestros hijos y ayudamos a construir esta Argentina. Sin embargo, hoy muchos debemos elegir entre comprar alimentos, pagar los servicios o adquirir los medicamentos que necesitamos.

Señor Presidente, ¿es justo que después de toda una vida de trabajo tengamos que preguntarnos cómo vamos a sobrevivir mañana?

¿Es justo que un jubilado tenga que elegir entre comer o comprar sus remedios?

¡No pedimos privilegios! ¡Pedimos vivir con dignidad!




Pero a esta angustia se suma una preocupación todavía más grave: nuestra salud.

El conflicto entre el PAMI y sus prestadores continúa generando incertidumbre y, mientras las partes discuten, en el medio quedamos nosotros: los jubilados, los pensionados y las personas más vulnerables.

Somos quienes esperamos un turno, quienes necesitamos una consulta, un estudio, una internación o un medicamento.

Y por eso lo decimos con toda claridad: ¡Nuestra salud no puede quedar rehén de un conflicto entre funcionarios y prestadores!

Detrás de cada afiliado hay una persona, una familia, una historia y, muchas veces, una vida que depende de recibir atención médica a tiempo.

No hablamos de números ni de expedientes. Hablamos de seres humanos que sienten dolor, que tienen miedo y que necesitan respuestas.

Porque cuando la atención médica no llega, las consecuencias pueden ser irreversibles.

Señor Presidente, usted tiene la máxima responsabilidad institucional de nuestro país. Por eso le preguntamos: ¿dónde están las respuestas? ¿Dónde está la decisión de sentar a las partes a una mesa de diálogo y exigir una solución?

Gobernar también significa escuchar, intervenir, negociar y encontrar caminos para resolver los conflictos.

No alcanza con esperar que el tiempo acomode las cosas, porque quienes sufren no siempre tienen tiempo para esperar.

¡Los jubilados existimos, señor Presidente!




¡No somos una carga, no somos un gasto y no somos ciudadanos descartables!

Somos argentinos. Somos padres, madres, abuelos y abuelas. Somos trabajadores que ya cumplimos con nuestra parte y que merecemos respeto por todo lo que hemos aportado a esta Nación.

Por eso, hoy le pido algo que nace de lo más profundo de mi corazón.

Póngase por un momento la mano en el corazón. Mire a su alrededor. Escuche a las familias que no llegan a fin de mes, a quienes viven en la pobreza y, especialmente, a nuestros jubilados y pensionados.

Reflexione, señor Presidente. Afloje un poco la cuerda sobre quienes ya no tienen margen para soportar más sacrificios.

No pueden ser siempre los trabajadores, los más pobres y los jubilados quienes deban soportar las consecuencias más duras de las decisiones económicas.

Porque un país no se construye solamente con números ordenados y cuentas equilibradas. También se construye con humanidad, solidaridad y respeto por la vida de su gente.

¿De qué sirven los objetivos económicos si, en el camino, dejamos a miles de argentinos sin alimentos, sin medicamentos, sin atención médica y sin esperanza?

Señor Presidente, si considera que el camino elegido es el correcto, le pido que se detenga un instante y revise la velocidad, la dirección y, si es necesario, el rumbo.

A veces, llegar un poco más tarde no significa fracasar. A veces, cambiar el camino es la única manera de no dejar a tantos compatriotas abandonados a la vera del camino.

Porque el verdadero éxito de un gobierno no debería medirse solamente por dónde llega, sino también por cuántos argentinos consigue llevar consigo.

Todavía estamos a tiempo de corregir, de escuchar, de dialogar y de tomar decisiones que devuelvan tranquilidad a quienes hoy viven angustiados.

Los jubilados no queremos enfrentamientos. Queremos soluciones. No queremos divisiones. Queremos que se respeten nuestros derechos.

No pedimos que nos regalen nada. Pedimos una jubilación digna, atención médica oportuna y el respeto que merecemos después de toda una vida de trabajo.

Señor Presidente, le hablo desde mi lugar de jubilado, pero también desde mi compromiso con todos aquellos que muchas veces no tienen fuerzas para levantar la voz.

Soy Jorge Dimuro, conductor de La Voz del Jubilado, un espacio que nació para dar voz a quienes no siempre son escuchados, para visibilizar sus necesidades y defender sus derechos con amor, compromiso y honestidad.

No le hablo desde el odio ni desde el enfrentamiento político. Le hablo desde la preocupación, desde el dolor, pero también desde la esperanza de que todavía sea posible cambiar aquello que está haciendo sufrir a tantos argentinos.

¡Por favor, señor Presidente!

¡Detenga un momento la marcha, escuche el dolor de su pueblo y reflexione!

Todavía está a tiempo de demostrar que detrás de la investidura presidencial también hay un ser humano capaz de comprender el sufrimiento de sus compatriotas.


Pedimos una jubilación digna, atención médica oportuna y el respeto que merecemos después de toda una vida de trabajo.


Que Dios lo ilumine, le dé sabiduría para tomar las decisiones correctas y sensibilidad para escuchar a quienes más lo necesitan.

Porque gobernar una Nación es una enorme responsabilidad, pero hacerlo sin olvidar el sufrimiento de su gente es, además, un acto de humanidad.

Y recuerde siempre, señor Presidente:

¡Los jubilados no pedimos que nos regalen nada!

¡Pedimos que no nos quiten la dignidad que nos ganamos durante toda una vida de trabajo!

Que Dios bendiga a nuestra Argentina, a su pueblo y, especialmente, a quienes hoy más necesitan una mano tendida.

¡LA DIGNIDAD NO SE NEGOCIA Y LOS JUBILADOS NO SE RINDEN!


Por Jorge Dimuro - La Voz del Jubilado

DNI: 4549288

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