15 de octubre de 2026
Las inundaciones en Corrientes y Entre Ríos obligan a trasladar miles de animales y complican la producción arrocera. Los productores advierten sobre menores rendimientos y posibles pérdidas ganaderas. El impacto podría sentirse en las góndolas durante los próximos meses.
El fenómeno climático conocido como Súper Niño comenzó a generar consecuencias económicas en la Argentina. Las crecidas de los ríos Paraná y Uruguay, impulsadas por las lluvias en la alta cuenca, ya afectan a productores de Corrientes y Entre Ríos, donde las inundaciones obligan a evacuar ganado y ponen en riesgo la producción de arroz.
El escenario encendió una nueva señal de alerta sobre los precios de los alimentos. Aunque los productores descartan un eventual desabastecimiento de arroz, advierten que las dificultades para sembrar, la caída de los rendimientos y las posibles pérdidas de hacienda podrían terminar presionando los valores que pagan los consumidores.
El impacto no sería inmediato ni uniforme. En la ganadería, las consecuencias dependerán del tiempo que permanezcan inundados los campos. En el arroz, las principales definiciones llegarán durante los meses de floración y cosecha.
El Servicio Meteorológico Nacional (SMN) confirmó que el fenómeno de El Niño atraviesa una fase de fuerte intensidad y que las condiciones tienen una probabilidad muy alta de mantenerse durante el último trimestre de 2026.
El panorama también fue señalado por organismos meteorológicos internacionales, que proyectan la continuidad de un episodio intenso durante los primeros meses de 2027. En el Litoral argentino, las consecuencias ya comenzaron a observarse por el crecimiento de los principales ríos.
Sin embargo, los productores aclararon que las inundaciones actuales no responden exclusivamente a lluvias registradas sobre Corrientes, sino al importante volumen de agua proveniente de Brasil y de las zonas superiores de las cuencas.
El presidente de la Asociación de Sociedades Rurales de Corrientes, Carlos Roldán, explicó que el principal problema es el agua que llega desde el norte y aumenta progresivamente los niveles del Paraná y del Uruguay.
La situación afecta especialmente a las islas utilizadas para la actividad ganadera y a las zonas arroceras que dependen de condiciones climáticas adecuadas durante la siembra.

La emergencia comenzó a golpear con fuerza a los establecimientos ganaderos de Corrientes y Entre Ríos.
En las islas de los ríos Paraná y Uruguay pastorean anualmente cerca de 500.000 cabezas de ganado, una actividad especialmente vulnerable cuando aumenta el nivel del agua. Ante el avance de la creciente, productores comenzaron a trasladar animales hacia zonas más seguras.
En las islas de Empedrado, alrededor de 70 pequeños productores debían iniciar el retiro de unas 1.700 cabezas, mientras que en Apipé Grande y Apipé Chico también comenzaron los movimientos preventivos.
El traslado representa un costo adicional para los establecimientos, pero el mayor temor aparece en el mediano plazo.
Si el agua permanece demasiado tiempo sobre los campos, los pastizales pueden deteriorarse y reducir la disponibilidad de alimento durante el otoño y el invierno.
Roldán advirtió que una inundación prolongada podría provocar pérdidas importantes de hacienda y comprometer la recuperación de los rodeos.
El problema no termina cuando baja el río. Los animales necesitan campos con pasturas disponibles y condiciones sanitarias adecuadas para recuperar peso y continuar su ciclo productivo.
La posible repercusión sobre la carne vacuna tiene una dinámica particular. En una primera etapa, el traslado anticipado de animales puede aumentar temporalmente la oferta de hacienda. Sin embargo, si las inundaciones provocan mortandad o afectan la alimentación de los rodeos, la disponibilidad de ganado para engorde podría disminuir más adelante.
Corrientes tiene un papel relevante en la cría de terneros que posteriormente son trasladados a otras provincias para recría y terminación.
Por eso, las dificultades que atraviesan los productores del Litoral pueden tener consecuencias sobre distintos eslabones de la cadena ganadera nacional. Si se pierde una parte significativa de los animales o se reduce su capacidad de engorde, la menor oferta futura podría trasladarse a los precios.
De todos modos, todavía no es posible determinar cuánto podría aumentar la carne por este fenómeno. El resultado dependerá de la duración de las inundaciones, la magnitud de las pérdidas y la evolución del resto de la producción ganadera argentina.
La otra actividad especialmente comprometida es la producción de arroz, uno de los alimentos de consumo habitual en los hogares argentinos. Corrientes concentra aproximadamente el 47% de la producción nacional, por lo que cualquier alteración importante en sus cultivos puede repercutir sobre la oferta disponible y los costos del sector.
El presidente de la Asociación Correntina de Plantadores de Arroz, Jorge Borsatto, advirtió que los años caracterizados por El Niño suelen presentar menores rendimientos.
"En general, los rindes promedio por hectárea en años Niño son inferiores en alrededor de 1.000 kilos", explicó.
El exceso de humedad puede favorecer la aparición de hongos, perjudicar el desarrollo del cultivo y afectar la calidad del grano. Los productores también enfrentan dificultades para ingresar con maquinaria a los lotes inundados o saturados de agua.
En algunos establecimientos comenzaron a utilizar técnicas alternativas de siembra, incluidos drones, para avanzar con los trabajos cuando las condiciones del terreno impiden emplear sembradoras convencionales.
La evolución de las lluvias entre diciembre y enero será decisiva, ya que durante ese período se desarrollará una etapa fundamental para la calidad y productividad del arroz.
Las complicaciones climáticas coinciden con una reducción de la superficie destinada al cultivo. Para la campaña 2025/26, Corrientes registró alrededor de 96.800 hectáreas sembradas con arroz.
Para el ciclo 2026/27, las estimaciones de los productores se ubican cerca de 90.000 hectáreas, lo que representa una caída de entre el 7% y el 8%. La disminución, sin embargo, no se explica solamente por el clima.
El sector venía enfrentando dificultades relacionadas con los precios de venta y la rentabilidad de la actividad, factores que influyeron en las decisiones de siembra.
Frente a las previsiones de lluvias, numerosos productores también adelantaron sus tareas agrícolas para intentar reducir los riesgos.
Entre el 70% y el 80% de la superficie prevista ya se encontraba sembrada, un avance superior al habitual para esta época del año.
Pese a ese esfuerzo, algunos establecimientos comenzaron a registrar problemas de implantación y nacimientos desparejos, situaciones que podrían afectar el resultado final de la campaña.
A pesar de las complicaciones, los productores descartan que las inundaciones provoquen un desabastecimiento generalizado de arroz. La explicación está en la estructura del mercado.
De acuerdo con los datos aportados por el sector arrocero, Argentina consume alrededor del 60% del arroz que produce y exporta el 40% restante.
Ese excedente permite contar con un margen de abastecimiento para el mercado interno incluso ante una cosecha inferior a la esperada. Sin embargo, tener suficiente arroz disponible no garantiza que los precios permanezcan sin cambios.
Una reducción de los rendimientos, sumada a una menor proporción de granos de buena calidad, podría afectar los costos y presionar los valores comerciales.
Los productores consideran posible algún ajuste en las góndolas, aunque no anticipan por ahora un incremento extraordinario.
Las consecuencias productivas del fenómeno climático llegan en un contexto en el que los precios de los alimentos continúan siendo una variable sensible para la economía argentina.
El arroz y la carne forman parte del consumo habitual de las familias, por lo que eventuales aumentos pueden afectar directamente el presupuesto de los hogares.
Una reducción importante de la oferta agropecuaria también podría sumar presión sobre algunos componentes de la inflación, aunque el efecto final dependerá del peso de cada producto, de la magnitud de las pérdidas y de la evolución de otros precios.
Para el Gobierno de Javier Milei, el escenario representa un factor de riesgo externo al programa económico.
Mientras la Casa Rosada busca sostener la desaceleración inflacionaria, los fenómenos climáticos pueden modificar los costos y la disponibilidad de determinados alimentos.
Por ahora, los productores advierten sobre riesgos y no sobre una crisis de abastecimiento confirmada. Las próximas semanas serán fundamentales para determinar el alcance económico de las inundaciones.
La evolución del Paraná y el Uruguay, el desarrollo del cultivo de arroz y la recuperación de los campos ganaderos permitirán conocer si la emergencia queda concentrada en las zonas productivas o si termina trasladándose con mayor fuerza a los precios que pagan millones de argentinos.
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