16 de octubre de 2026
Aunque aumentó la producción y redujo considerablemente sus números negativos respecto de 2025, la empresa sigue en concurso preventivo, enfrenta problemas de financiamiento y arrastra atrasos salariales. La situación expone las dificultades para recuperar la actividad industrial en un mercado interno debilitado.
La crisis de Celulosa Argentina continúa pese al salvataje financiero que permitió reactivar sus fábricas después de la paralización de 2025. La histórica compañía papelera, actualmente controlada por el empresario Esteban Nofal, registró una pérdida integral de $14.196,2 millones durante el trimestre comprendido entre junio y agosto de 2026, según los resultados presentados ante la Comisión Nacional de Valores (CNV).
El balance refleja una recuperación parcial de la actividad, pero confirma que la empresa todavía no consiguió alcanzar una rentabilidad sostenible. Aunque las pérdidas disminuyeron aproximadamente un 87% interanual, Celulosa continúa atravesando dificultades financieras, altos costos energéticos y restricciones para acceder al crédito.
La situación también afecta a sus trabajadores. Las plantas de Capitán Bermúdez, en Santa Fe, y Zárate, en Buenos Aires, enfrentaron interrupciones productivas durante los últimos meses, mientras la compañía debió establecer esquemas de pago escalonado de salarios.
Los estados contables correspondientes al trimestre finalizado el 31 de agosto de 2026 muestran que Celulosa Argentina todavía no logró revertir los resultados negativos que acompañan su crisis financiera.
La compañía registró una pérdida integral de $14.196,2 millones, frente a los $109.432 millones perdidos en el mismo período del año anterior. La diferencia representa una reducción cercana al 87%, aunque la comparación está condicionada por la profunda paralización productiva que atravesó la empresa durante 2025.
El resultado confirma una mejora respecto del peor momento de la crisis, pero también muestra que la recuperación de la producción no fue suficiente para devolverle rentabilidad al negocio.
Los ingresos consolidados alcanzaron $46.729,7 millones, con un crecimiento interanual del 59%. En paralelo, la pérdida bruta se redujo de $29.157,4 millones a $12.529 millones, una mejora aproximada del 57%.
Sin embargo, el aumento de la facturación no logró compensar completamente los costos de funcionamiento. La empresa continúa operando bajo condiciones financieras y productivas que dificultan su recuperación definitiva.

La situación actual tiene como antecedente el profundo deterioro financiero que llevó a Celulosa Argentina a solicitar su concurso preventivo de acreedores en septiembre de 2025.
La compañía había acumulado deudas, perdido capital de trabajo y enfrentado dificultades para sostener la producción en sus establecimientos industriales. La crisis terminó provocando la suspensión de actividades durante varios meses.
En ese contexto apareció Esteban Nofal, empresario financiero vinculado a Cima Investments, quien adquirió directa e indirectamente el 45,5% de las acciones y asumió el control de la sociedad en septiembre de 2025.
El ingreso del nuevo accionista estuvo acompañado por una línea de financiamiento de hasta US$18 millones, destinada principalmente a cancelar obligaciones salariales y recomponer el capital de trabajo.
La operación permitió comenzar a recuperar la actividad de las plantas industriales hacia fines de octubre de 2025. También abrió una nueva etapa de reorganización empresarial, con reducción de costos y búsqueda de mayor eficiencia productiva.
Sin embargo, el salvataje no resolvió todos los problemas estructurales. La compañía continúa sometida al proceso concursal y enfrenta restricciones para conseguir financiamiento en condiciones competitivas.
Uno de los aspectos positivos del último balance fue el crecimiento de la producción industrial. Durante el trimestre cerrado en agosto, Celulosa fabricó 22.654 toneladas de papel para impresión y escritura, papel tissue y pulpa de mercado de eucaliptus. El volumen representó un incremento interanual del 288%, impulsado por la recuperación de actividades que habían permanecido interrumpidas durante 2025.
Las ventas netas de la principal sociedad papelera alcanzaron $40.926,7 millones, con una suba del 129% respecto del mismo período del ejercicio anterior.
La diferencia entre esa cifra y los ingresos consolidados responde al alcance de cada medición: una corresponde a la actividad de Celulosa Argentina y la otra incluye al conjunto de las sociedades consolidadas.
Pese al crecimiento productivo, las fábricas enfrentaron nuevas dificultades durante 2026. Las interrupciones en el suministro de gas natural y los problemas para conseguir madera afectaron la continuidad de las operaciones.
Las restricciones energéticas obligaron a utilizar combustibles alternativos, como gas natural licuado (GNL) y fuel oil, cuyos costos resultaron superiores a los del abastecimiento habitual.
El aumento de los gastos energéticos redujo los márgenes de rentabilidad y limitó el efecto positivo de la recuperación comercial.

La crisis financiera también tuvo consecuencias directas sobre los empleados de Celulosa Argentina. En la planta de Capitán Bermúdez, ubicada en el cordón industrial santafesino, los trabajadores atravesaron demoras en el cobro de salarios. Durante septiembre, la empresa había abonado solamente una parte de los haberes de agosto, en medio de negociaciones para completar los pagos pendientes.
En octubre, la compañía comunicó un nuevo cronograma para regularizar esas obligaciones. Según la información difundida a los trabajadores, el plan contemplaba cancelar el saldo pendiente de agosto y dividir el pago de septiembre en dos etapas, con una segunda cuota prevista para comienzos de noviembre.
La situación refleja las dificultades de liquidez que persisten incluso después del ingreso de nuevos fondos y de la reactivación industrial.
Los problemas salariales también generan incertidumbre sobre la estabilidad laboral en un grupo que mantiene establecimientos productivos en distintas provincias.
Aunque el aumento de la producción constituye una señal de recuperación, la continuidad de las operaciones dependerá de que la empresa consiga sostener el abastecimiento de insumos y generar ingresos suficientes para afrontar sus compromisos.
Además de los problemas financieros y energéticos, la empresa enfrenta un mercado interno que todavía no recuperó los niveles de demanda necesarios para mejorar sus márgenes.
El sector de papeles para impresión y escritura aparece entre los más afectados. Según la compañía, las ventas locales continúan por debajo de los niveles considerados normales para el funcionamiento de la industria.
La debilidad del consumo obliga a las empresas productoras a competir en un mercado con menor capacidad de absorción, mientras enfrentan costos fijos elevados y dificultades para trasladar los aumentos de gastos a los precios de venta.
Para compensar esa situación, Celulosa Argentina incrementó sus exportaciones. La estrategia permitió recuperar parte del volumen comercializado y mantener actividad en las fábricas, aunque las operaciones externas presentan márgenes menores que las ventas destinadas al mercado local.
Esa combinación explica por qué la empresa pudo aumentar la producción y la facturación sin conseguir resultados positivos.
La recuperación industrial, por lo tanto, no depende únicamente de producir más toneladas de papel. También requiere mejorar la rentabilidad, reducir los costos financieros y recomponer la demanda.

La continuidad del concurso preventivo de acreedores representa otro obstáculo para la recuperación de Celulosa Argentina.
El procedimiento judicial permitió ordenar parcialmente la situación de sus obligaciones, pero también restringe el acceso a nuevas fuentes de crédito.
Actualmente, una de las principales herramientas utilizadas para administrar la liquidez es el descuento de valores, un mecanismo mediante el cual las empresas adelantan el cobro de instrumentos comerciales a cambio de asumir un costo financiero.
El problema es que esas operaciones resultan costosas en un contexto de tasas de interés elevadas. Para una compañía que necesita recursos permanentes para comprar madera, energía y otros insumos, el costo del financiamiento puede comprometer sus márgenes.
La situación es especialmente sensible porque Celulosa había cerrado su ejercicio anual al 31 de mayo de 2026 con una pérdida neta superior a $127.000 millones y un patrimonio neto negativo cercano a los $146.000 millones.
En aquel balance, la propia compañía reconoció que se encontraba comprendida dentro de una causal legal de disolución por pérdida de capital. Esa condición no significaba una liquidación automática, pero exponía la gravedad del deterioro patrimonial.
La crisis no está concentrada exclusivamente en las plantas papeleras. Forestadora Tapebicuá, otra de las sociedades vinculadas al grupo, mantiene paralizada su actividad industrial desde agosto de 2025 y también atraviesa un concurso preventivo.
La compañía, con operaciones vinculadas a la industria forestal en Corrientes, enfrenta dificultades financieras, obligaciones pendientes y problemas para conservar sus instalaciones.
Durante 2026, la Justicia dispuso la intervención de su administración en el marco del proceso concursal. La medida respondió a la necesidad de supervisar una situación empresarial atravesada por problemas de liquidez y riesgos sobre sus activos.
Otra de las sociedades del grupo, Casa Hutton, dedicada a comercializar papeles, cartulinas y productos vinculados con la industria gráfica, también presentó resultados negativos.
Sus ventas netas trimestrales alcanzaron aproximadamente $3.327 millones, por debajo de los $3.811,7 millones del período comparable anterior.
La situación de estas compañías muestra que el proceso de recuperación tiene diferentes velocidades dentro del mismo grupo empresarial.
El caso Celulosa Argentina expone uno de los principales desafíos de la economía real: la dificultad de recuperar la rentabilidad empresarial después de una crisis financiera profunda.
La compañía logró incrementar considerablemente su producción y reducir las pérdidas respecto del año anterior. Sin embargo, continúa condicionada por el costo del financiamiento, la debilidad del mercado interno y las dificultades para sostener una operación industrial continua.
El impacto excede a la empresa porque sus establecimientos forman parte de cadenas productivas que incluyen proveedores forestales, transportistas, industrias gráficas y trabajadores de distintas provincias.
En el contexto económico del Gobierno de Javier Milei, la situación también pone de relieve la diferencia entre la estabilización de las variables financieras y la recuperación de la actividad industrial.
Una empresa puede mejorar sus indicadores de producción sin alcanzar todavía el equilibrio económico necesario para sostener inversiones y empleo.
Para Celulosa Argentina, los próximos meses serán determinantes. La normalización del suministro energético, la disponibilidad de capital de trabajo y la recuperación de la demanda interna aparecen como condiciones centrales para consolidar su actividad.
El rescate financiero evitó la paralización definitiva de la compañía en 2025, pero el balance de agosto de 2026 confirma que la recuperación sigue incompleta. La empresa produce más y pierde menos que un año atrás, aunque todavía no consiguió dejar atrás los números rojos.
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